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| LA CABEZA DE LISTA DEL PARTIDO DE IZQUIERDA «DIE LINKE» (LA IZQUIERDA), ELIF ERALP (EN EL CENTRO), LLEGA AL FESTSAAL KREUZBERG, LUGAR DONDE SE CELEBRA LA VELADA ELECTORAL DEL PARTIDO ALEMÁN «DIE LINKE» (LA IZQUIERDA) CON MOTIVO DE LAS ELECCIONES REGIONALES DE BERLÍN, EL 20 DE SEPTIEMBRE DE 2026. FOTO JENS SCHLUETER |
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El SigloEl artículo detalla la articulación del progresismo para frenar al fascismo nacionalista emergente y construir propuesta afincadas en las grandes mayorías que habitan en los territorios. / «El Siglo». 22/09/2026. «¡Berlín se vuelve rojo!». Con esta consigna, Elif Eralp, candidata de Die Linke en Berlín, celebraba hace unas semanas la incorporación de 50 nuevos militantes. Hoy, los resultados electorales dan una nueva dimensión a aquella afirmación.
Pedro Crovetto. Bochum. Alemania. septiembre 22, 2026
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| PEDRO CROVETTO FARÍAS |
die Linke se sitúa como la fuerza más votada en Berlín, con el 25,7% de los votos. Entre los electores de 18 a 34 años, su respaldo supera el 40 %. Los resultados reflejan así un fuerte apoyo a Die Linke, especialmente entre los votantes jóvenes de la capital alemana.
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| ELIF ERALP Y EL PARTIDO DE IZQUIERDA DIE LINKE HAN GANADO LAS ELECCIONES EN BERLÍN. SU PARTIDO SE HA CONVERTIDO EN LA PRIMERA FUERZA POLÍTICA. FOTO HALIL SAGIRKAYA |
► À penser en dessin : FENÊTRE SUR COUR
Berlín vuelve a convertirse en un laboratorio político de Alemania. Mientras la AfD avanza con fuerza en distintos territorios del este de Alemania, Die Linke ha conseguido recuperar terreno en la capital y presentarse como una alternativa para una parte importante del electorado de izquierdas. El giro no es casual: detrás hay una crisis de representación, una profunda preocupación por la vivienda y el coste de la vida y una creciente demanda de políticas sociales.
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| PORTADA DEL «TAGESZEITUNG», DIARIO ALEMÁN DE IZQUIERDA, AL DÍA SIGUIENTE A LA VICTORIA EN BERLÍN DE ELIF ERALP, CANDIDATA DEL PARTIDO DE IZQUIERDA DIE LINKE. TAZ |
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El mapa político alemán pareciera estar cambiando. El fuerte resultado de la AfD en Sajonia-Anhalt ha encendido las alarmas entre los partidos tradicionales. Pero Berlín ofrece una imagen diferente.
En la capital, el avance de la derecha radical se encuentra con una izquierda que, después de atravesar uno de sus periodos más difíciles, vuelve a movilizarse. Die Linke ha conseguido transformar una situación que hace apenas unos meses parecía crítica en una oportunidad política.
La pregunta es inevitable: ¿Qué explica la recuperación de Die Linke en Berlín?
Una izquierda que vuelve a ocupar espacio
Durante los últimos años, Die Linke había perdido buena parte de su fuerza política. La crisis interna, la salida del sector encabezado por Sahra Wagenknecht y la pérdida de apoyo electoral habían dejado al partido en una posición especialmente complicada.
Sin embargo, Berlín parece estar mostrando otra dinámica.
Una parte del electorado que tradicionalmente se identificaba con posiciones progresistas y que había optado por los Verdes o el SPD sumado a nuevos votantes parece haber encontrado en Die Linke un discurso más directamente vinculado con sus preocupaciones materiales reales.
La vivienda, los alquileres, los salarios, los precios y la redistribución han vuelto al centro de la discusión política. No es un detalle menor. En Berlín, donde miles de personas viven bajo una fuerte presión inmobiliaria, la cuestión de la vivienda se ha convertido en una auténtica línea divisoria política, y aquí Die Linke ha encontrado su principal espacio.
La cuestión de la vivienda como identidad política
Pocas cuestiones han contribuido tanto a definir la identidad de Die Linke en Berlín como la defensa de los inquilinos.
Die Linke ha situado los alquileres, la vivienda pública y la socialización de grandes empresas inmobiliarias entre los principales ejes de su discurso. Esta última opción está contemplada en el artículo 15 de la Constitución alemana, que permite la socialización de determinados bienes y medios de producción bajo las condiciones previstas por la ley.
La consecuencia política es evidente: para una parte del electorado berlinés, Die Linke se ha convertido en sinónimo de protección de los inquilinos. Este posicionamiento le proporciona algo que muchos partidos buscan y pocos consiguen: un perfil político reconocible.
Mientras otras formaciones compiten por ocupar el centro del tablero, Die Linke ha optado por disputar un terreno muy concreto: el de quienes consideran que la política debe intervenir de manera más contundente frente al mercado inmobiliario y la desigualdad.
El desgaste de la CDU y la SPD
El crecimiento de Die Linke tampoco puede separarse del desgaste de los partidos que han gobernado Berlín.
La coalición entre CDU y SPD ha tenido que afrontar problemas relacionados con la vivienda, los servicios públicos, el coste de vida y la gestión cotidiana de una ciudad sometida a una fuerte presión demográfica. (SPD 12,1% pierde 6,3% de votantes, el CDU 18,5% pierde 9,5% de votos)
La insatisfacción con el Gobierno regional y en especial con el gobierno nacional, con Merz a la cabeza, abre espacio para las fuerzas que prometen reales cambios.
El SPD se encuentra especialmente afectado por esta situación. EL SPD ha tenido dificultades para mantener una identidad política claramente diferenciada en un escenario donde Die Linke ocupa el espacio más nítido de la izquierda y la CDU domina buena parte del centro y la derecha.
El problema para los socialdemócratas no es solamente electoral. Es también una cuestión de identidad: ¿qué representa hoy el SPD en Berlín y qué la diferencia de sus posibles socios de gobierno?
Una campaña diseñada para movilizar
El crecimiento de Die Linke tampoco parece explicarse únicamente por el descontento con los demás partidos.
La organización ha realizado un esfuerzo considerable para reconstruir su capacidad militante.
Su estrategia combina una intensa presencia en las redes sociales con un trabajo territorial mucho más tradicional: visitas puerta a puerta, presencia en los barrios, asesoramiento social y contacto directo con los ciudadanos.
La recuperación de la afiliación es otro indicador de esta movilización. En Berlín, la organización ha incrementado notablemente su número de militantes, con una incorporación especialmente importante de jóvenes y mujeres.
La imagen tradicional de una izquierda institucional y envejecida ha sido sustituida por otra: una organización presente en los barrios, en las redes y en las luchas sociales.
La nueva generación de Die Linke
La renovación generacional constituye otro de los elementos relevantes.
La campaña ha buscado conectar con una generación que se enfrenta a problemas muy concretos: alquileres elevados, precariedad laboral, dificultades para acceder a una vivienda y pérdida de poder adquisitivo.
La utilización de las redes sociales ha sido fundamental para esa estrategia. La comunicación política ya no depende únicamente de mítines y carteles. TikTok, Instagram y otras plataformas permiten a los candidatos construir una relación directa con sectores jóvenes que mantienen una relación mucho más distante con los medios políticos tradicionales. Die Linke ha entendido esa transformación y ha sabido aprovecharla.
Berlín no es Sajonia-Anhalt
El avance de la AfD en los nuevos estados federados del este no se traslada automáticamente a Berlín. La capital alemana tiene una estructura social, demográfica y cultural muy diferente.
Es una ciudad internacional, con una importante población de origen migrante, una elevada concentración de jóvenes y una economía marcada por los servicios, las industrias creativas, la investigación y las nuevas tecnologías. También existe en la capital una tradición política y social diferente.
Un muro político frente a la extrema derecha
El crecimiento de la AfD ha convertido la lucha contra la derecha radical en uno de los principales temas del debate político alemán. Para Die Linke, esta cuestión ofrece además la posibilidad de presentarse como una fuerza de resistencia política y social.
La movilización contra la AfD no se limita al terreno electoral. Organizaciones sociales, sindicatos, movimientos vecinales y colectivos de la sociedad civil participan en diferentes iniciativas de defensa de los derechos democráticos y de lucha contra el racismo.
En este contexto, Die Linke ocupa un espacio que combina dos dimensiones: la defensa de los derechos sociales y la movilización contra la extrema derecha.
Palestina, paz y política internacional
La política exterior también ha desempeñado un papel dentro de la movilización de sectores de la izquierda berlinesa.
La guerra en Gaza y la cuestión palestina han generado fuertes movilizaciones en la capital alemana y han provocado intensos debates dentro de la izquierda.
Die Linke ha mantenido una posición vinculada a la defensa de los derechos humanos y muy crítica del gobierno israelí. En los otros conflictos como la Guerra en Ucrania asume una política de respeto al derecho internacional y la búsqueda de una solución pacífica del conflicto. A ello se suma su tradicional identidad como partido pacifista y crítico de las políticas militares alemanas.
Una candidata que encarna el cambio
La figura de la candidata de Die Linke constituye otro de los elementos de la nueva estrategia.
Su trayectoria personal y política permite construir un relato diferente al de los dirigentes tradicionales. La campaña busca presentar a una candidata joven, vinculada a las experiencias cotidianas de los sectores populares y a una generación que reclama cambios profundos.
Su origen migratorio adquiere además una dimensión política en una ciudad donde una parte muy importante de la población tiene antecedentes migratorios.
La representación importa. Pero no solamente como cuestión simbólica: también puede convertirse en una herramienta para conectar con sectores sociales que durante mucho tiempo han percibido las instituciones políticas como algo distante.
El voto de protesta también cuenta
No todo voto a Die Linke tiene necesariamente el mismo significado.
Para algunos electores puede representar una adhesión programática a sus propuestas sociales. Para otros, puede ser una forma de expresar rechazo hacia la CDU, la SPD o el Gobierno regional.
Y existe también un voto orientado a frenar el avance de la AfD. Estas motivaciones coexisten
Precisamente por eso sería un error interpretar el crecimiento de Die Linke exclusivamente como una victoria ideológica. También es el resultado de una coyuntura política caracterizada por el desgaste de los partidos tradicionales, la crisis de la vivienda y la necesidad de una parte del electorado de expresar descontento.
¿Qué puede ocurrir después?
El resultado electoral no resuelve por sí solo la cuestión fundamental: ¿Quién puede gobernar Berlín?
Las matemáticas parlamentarias podrían permitir diferentes combinaciones.
Una de las posibilidades sería la continuidad de una alianza entre CDU y SPD, ampliada en esta ocasión a Los Verdes. Sin embargo, este escenario parece poco probable a la luz de los resultados electorales de CDU y SPD y de las declaraciones de Los Verdes, que han manifestado su preferencia por explorar otra fórmula de gobierno.
Otra combinación aritméticamente imaginable y políticamente la mas probable un gobierno encabezado por Die Linke con apoyo del SPD y los Verdes.
La composición definitiva del Parlamento berlinés y las negociaciones posteriores serán, por tanto, decisivas.
Berlín vuelve a ser un campo de batalla político
La capital vuelve a mostrar que existe un espacio electoral para una izquierda capaz de hablar de vivienda, desigualdad, salarios y servicios públicos en un lenguaje comprensible y conectado con la vida cotidiana.
El avance de la AfD obliga al resto de las fuerzas políticas a definir con mayor claridad su respuesta. La crisis de la vivienda obliga a hablar de soluciones concretas. Y el desgaste de los partidos tradicionales abre la puerta a nuevas formas de movilización.
Berlín puede convertirse así en uno de los principales escenarios de la disputa política alemana: por un lado, el avance de la derecha radical; por otro, una izquierda que se reconstruye desde los barrios, la cuestión social y la movilización ciudadana.
Las urnas han hablado. Ahora, las fuerzas políticas de centroizquierda están llamadas a convertir el descontento social en un proyecto reconocible para la ciudad. La batalla por un nuevo Berlín acaba de comenzar.
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