vendredi 9 octobre 2026

LAUTARO CARMONA: «SOMOS PARTIDARIOS DE LAS CONVERGENCIAS SI ESO AYUDA A LOS INTERESES DEL PUEBLO»

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LAUTARO CARMONA
El Siglo

El presidente del Partido Comunista en entrevista con el Programa Tolerancia Cero indicó que la tienda trabajará por el bien mayor que es el avance de los intereses populares. Y aseguró que la tarea hoy no es perfilar candidatos, sino reconstruir el músculo social en la calle, el sindicato y la población. / Jean Flores Quintana. Politólogo. «El Siglo». Santiago. 08/10/2026. En un escenario político atravesado por la ofensiva restauradora de la derecha en el continente y la consolidación del proyecto autoritario liderado por José Antonio Kast en La Moneda, el presidente del Partido Comunista de Chile (PCCh), Lautaro Carmona, protagonizó una decisiva comparecencia en el programa Tolerancia Cero (CNN Chile).

Jean Flores Quintana. octubre 8, 2026  

JEAN FLORES QUINTANA

Lejos de subordinarse a la pauta mediática de la prensa burguesa, la intervención del timonel comunista fijó una nítida línea estratégica para el movimiento popular y la clase trabajadora: desarticuló los intentos de criminalizar la historia del partido, desnudó el carácter de clase de la actual administración de extrema derecha, evaluó con rigor materialista el agotado ciclo gubernamental de Gabriel Boric y trazó la política de alianzas indispensable para enfrentar el avance del fascismo.

► À penser en dessin : FENÊTRE SUR COUR 

La memoria histórica frente al cinismo institucional

El debate mediático intentó, como es costumbre en los voceros del modelo, arrinconar al Partido Comunista exigiéndole condenas abstractas a la protesta social y a la resistencia callejera, utilizando como excusa la tramitación de nuevas normativas punitivas. Frente al emplazamiento del periodista Eduardo Olivares, Carmona respondió con el peso irrefutable de la memoria de clase obrera y acuñó la definición de la jornada:

 LAUTARO CARMONA
PRESIDENTE DEL PCCH


► Para leer también:    LAUTARO CARMONA: FRENTE A UN GOBIERNO QUE NO DIALOGA “LA SABIDURÍA DEL MOVIMIENTO POPULAR ES INFINITA”

«El Partido Comunista no postula la violencia, la violencia la sufre. El Partido Comunista fue relegado al comienzo del siglo pasado… El Partido Comunista fue ilegalizado en un gobierno que ayudó a elegir. O sea, el Partido Comunista ha vivido la consecuencia de la violencia establecida en el sistema».

Ante la insistencia por condenar métodos de defensa popular como las barricadas, Carmona rechazó las lecturas asépticas que la oligarquía hace de la institucionalidad y apeló a la autodefensa histórica del movimiento obrero: 

«Prefiero una barricada que impida que se implemente una represión criminal que termina con la vida de 3 mil pampinos», advirtiendo que la actual legislación del gobierno de Kast busca excusas procesales para «criminalizar la movilización social».

Sobre los incidentes aislados frente a la Universidad Católica, y ante la presión de la periodista Mónica Rincón, Carmona fue categórico en no avalar el matonaje —«En absoluto, yo no estoy postulando eso»—, pero alertó a las bases sobre las operaciones de falsa bandera diseñadas desde el poder: «Ojo con las provocaciones que desacreditan la calidad de una movilización, porque vamos a tener mucho de eso».

En este mismo plano institucional, y cuestionando el blindaje del poder, Carmona advirtió que la democracia debe seguir profundizándose porque hoy existe «un contagio tremendo con una intervención fáctica, porque (Luis) Hermosilla tiene intervención y tiene fuerza dentro del funcionamiento del aparato del Estado… por lo menos (en el) Poder Judicial y el Poder Ejecutivo», desnudando cómo la derecha ejerce la verdadera violencia estructural.

Estallido Social: La fuerza viva y la negación del vanguardismo

El sociólogo Alfredo Joignant intentó revivir la tesis conspirativa que acusa al PCCh de haber promovido «prácticas insurreccionales» en octubre de 2019, exigiendo una claudicación ideológica. Carmona frenó la arremetida desmontando el mito que pretende atribuirle el estallido al partido, reivindicando en cambio la espontaneidad y masividad del pueblo:

«Relacionar al Partido Comunista con la violencia es desconocer el papel histórico… Quien diga que hay origen (del estallido) en una convocatoria de un sector o de un comité comunal del Partido Comunista está faltando al rigor y nos está entregando un mérito que no tenemos».

Rechazando el relato hegemónico de la transición pactada —a días de un nuevo aniversario del 5 de octubre—, Carmona recordó que la tiranía no cayó por obra de un lápiz, sino con sangre proletaria: «Casi 100 dirigentes clandestinos del PCCh, incluyendo a Marta Ugarte que apareció en la playa lanzada al mar. Ellos no tenían lápiz y papel». Sobre la revuelta popular, blindó su legitimidad histórica: «Me quedo con los ciclistas furiosos, con Las Tesis de las mujeres, con la Filarmónica, con Illapu o con Inti-Illimani tocando en la Plaza de la Dignidad».

Balance de La Moneda: De la frustración de Boric al ajuste de Kast

El análisis de Carmona no eludió la autocrítica sobre el ciclo político anterior. Al evaluar el mandato de Gabriel Boric (2022-2026), reconoció que, si bien el PCCh fue pilar en las primarias que abrieron la esperanza de transformaciones, el peso de la institucionalidad y las renuncias sucesivas castraron el proyecto. «Terminamos en un gobierno que era muy distinto al origen mismo… la correlación parlamentaria no tenía la fuerza suficiente para todos los cambios».

Esa frustración acumulada pavimentó la llegada de José Antonio Kast. Sobre la actual administración de ultraderecha, Carmona lanzó una ofensiva directa contra su primer diseño de Presupuesto de la Nación. Apuntó al recorte estructural y la asfixia de los programas sociales, materializada de forma aberrante en la eliminación del plan «Yo elijo mi PC» para estudiantes vulnerables:

«(El gobierno de Kast) está haciendo un uso clasista del presupuesto. Sí, así con todas sus letras. Está abusando respecto de gente que tiene menos mecanismos… para privarlo de que tenga acceso al conocimiento».

Soberanía y Alianzas: La táctica frentista contra el fascismo

Frente al intento del analista Daniel Mansuy de sepultar la vigencia del leninismo, el presidente comunista defendió la doctrina como una herramienta de lectura viva y materialista: «Aprender a mirar la realidad tal cual es, así duela. Esa es una experiencia concreta del aporte de Lenin».

Mirando la realidad de frente, Carmona explicitó que el cerco imperialista se estrecha —reprochando la cancelación del cable submarino a China por presiones de Washington bajo el paraguas del Escudo de las Américas— y que la contradicción principal hoy no admite vanguardismos solitarios: es Democracia versus Fascismo. «No puedo ponerme hoy a plantearme el socialismo cuando el tema es primero defender espacios democráticos».

La orientación emanada es clara. Ante la consolidación del régimen de Kast y el espejo regional de líderes como Flavio Bolsonaro en Brasil, la clase trabajadora requiere una convergencia antifascista. Sobre este avance reaccionario continental, Carmona hizo una autocrítica cruda aplicable a Chile: «Hay un déficit de vínculo de las propuestas, pero también de las orgánicas, respecto a las mayorías… Y ese espacio ha quedado vacío, queda de libre interpretación y lo usan las otras propuestas».

Para recuperar ese vínculo, la política de alianzas debe ser amplia, sin exclusiones arbitrarias, sumando a la centroizquierda e incluso al centro político (como la DC). Sin embargo, aclaró que esta unidad «no es solo un club de amigos, es a partir de un contenido, de un programa», enfatizando que el PCCh está dispuesto a juntarse «entre distintos, y a ratos entre muy distintos» si eso permite enfrentar al fascismo y resolver los problemas materiales del país. La tarea hoy no es perfilar candidatos, sino reconstruir el músculo social en la calle, el sindicato y la población.


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UNA FRASE DE BACHELET SACUDE LA POLÍTICA CHILENA

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Prensa Latina
Santiago de Chile, 9 oct (Prensa Latina) Recientes declaraciones a la prensa de la expresidenta chilena, Michelle Bachelet, están lejos de confirmar su postulación a un tercer mandato, pero sí evidenciaron que la exmandataria es aún una figura relevante en la política nacional.

Por Carmen Esquivel octubre 9, 2026 | 00:19

CARMEN ESQUIVEL

Todo comenzó esta semana cuando en una entrevista en el canal de la Universidad de Concepción, la académica Paulina Astroza le preguntó si, en su trayectoria presidencial, se cumpliría aquello de que no hay segunda sin tercera.

«MICHELLE BACHELET», DIBUJO DE PANCHO CAJAS
PARA EL DIARIO CONSERVADOR EL COMERCIO DE ECUADOR

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“Yo creo que sí. Yo creo que sí”, respondió Bachelet entre risas, y ello bastó para que se desencadenara un debate nacional.

Nacida en Santiago el 29 de septiembre de 1951, Verónica Michelle Bachelet Jeria es hija de Alberto Bachelet, general de brigada de la Fuerza Aérea y miembro del gobierno de Salvador Allende que, tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, fue detenido por la dictadura y falleció en prisión a causa de las torturas.

Su madre, Ángela Jeria, y ella debieron pasar a la clandestinidad y en 1975 ambas fueron detenidas por la Dirección de Inteligencia Nacional, la policía secreta del dictador Augusto Pinochet, y sometidas a torturas en Villa Grimaldi, antes de partir al exilio, primero en Australia y luego en la antigua República Democrática Alemana.

Regresó en 1979 a Chile, donde continuó sus estudios y obtuvo el título en 1983 como médico cirujana. Posteriormente se especializó en pediatría.

Miembro del Partido Socialista, Bachelet fue ministra de Salud (2000-2002) y de Defensa (2002-2004) durante el gobierno de Ricardo Lagos.

El 15 de enero de 2006 resultó electa a la presidencia en segunda vuelta, con lo cual se convirtió en la primera mujer en llegar al Palacio de La Moneda en la historia de este país. En 2014 fue reelegida para un segundo mandato hasta 2018.

Durante sus dos períodos se adoptaron importantes leyes en materia de educación, empleo, salud, derechos de la mujer y mejoras para la tercera edad.

Analistas consultados por Prensa Latina señalaron que el logro más importante de su primera gestión fue crear una red de protección social de carácter público y, en particular, el Pilar Solidario para las Personas de la Tercera Edad. Eso es algo que se recuerda hasta hoy, dijeron.

En su segunda administración el Congreso Nacional aprobó una reforma tributaria con el objetivo de recaudar cerca de ocho mil 300 millones de dólares anuales para financiar programas sociales, principalmente en educación.

También se adoptó una reforma para la gratuidad progresiva en enseñanza universitaria, extendida después a los estudiantes de formación técnica.

SU CARRERA POR LA ONU

Además de su trayectoria política en Chile, Bachelet ocupó puestos en la Organización de Naciones Unidas, primero como directora ejecutiva de ONU Mujeres y luego como Alta Comisionada para los Derechos Humanos.

El 21 de abril de este año presentó su candidatura para ocupar la Secretaría General del organismo multilateral, una postulación apoyada en el 2025 por el entonces presidente Gabriel Boric, pero rechazada por el nuevo gobierno de José Antonio Kast.

No obstante, Bachelet contó siempre con el apoyo de los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de México, Claudia Sheinbaum.

El 19 de septiembre, tras los resultados adversos en las votaciones informales en el Consejo de Seguridad, la exmandataria decidió retirar su candidatura.

“No me arrepiento de haber asumido este gran desafío. Ayudamos a poner en la agenda mundial la convicción de que la próxima secretaria general debería ser una mujer de América Latina”, afirmó en aquella ocasión.

A pesar de su retiro de la contienda por la ONU, la exmandataria confirmó que seguirá su participación en la vida política del país, aportando y apoyando a Chile como lo ha hecho siempre, y llamó al progresismo a avanzar en la unidad y reconstruir proyectos colectivos.

“A quienes pensaban que después de esto me iba a ir para la casa, les tengo una mala noticia. Esto no va a pasar”, afirmó durante un acto de reconocimiento a su trayectoria celebrado en la comuna de La Pintana.

LAS REACCIONES

El retorno de la expresidenta a la vida política nacional y sus recientes declaraciones generaron múltiples reacciones tanto en los partidos de derecha y ultraderecha del oficialismo, como en los de centro e izquierda de la oposición.

Kast criticó su reforma tributaria y laboral y las políticas relacionadas con los migrantes; otros dentro de la coalición de gobierno señalaron la no renovación de los rostros en el sector.

Por el contrario, la oposición al gobierno reconoció su carrera, y la presidenta del Partido Socialista, Paulina Vodanovic, aseguró que Bachelet sigue siendo una figura relevante para el conjunto del progresismo. kmg/car


#Chile Michelle Bachelet Postulación Tercer Mandato Reacciones ONU 

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jeudi 8 octobre 2026

Y, PESE A TODOS LOS OBSTÁCULOS, UNA COALICIÓN DE IZQUIERDAS GOBERNARÁ BERLÍN

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EL CAMINO ESTÁ DESPEJADO PARA LAS NEGOCIACIONES PRELIMINARES Y ELIF ERALP
(PARTIDO DE IZQUIERDA) ESTÁ A PUNTO DE ASUMIR LA ALCALDÍA DE LA CIUDAD ROJA.
FOTO JÖRG CARSTENSEN
Después del inapelable triunfo de Die Linke en Berlín, se desató una feroz ofensiva política destinada a impedir que la izquierda, legítimamente respaldada por las urnas, pudiera formar gobierno junto con la socialdemocracia (SPD) y Los Verdes (Die Grünen).

Pedro Crovetto. Bochum. Alemania.  08 de octobre de 2026

PEDRO CROVETTO FARÍAS

Berlín es simultáneamente una ciudad y uno de los 16 estados federados (Länder) de Alemania. Es la capital política del país y sede del Bundestag, del Gobierno federal y de numerosas instituciones nacionales. Con más de 3,5 millones de habitantes, es también el mayor centro urbano del este de Alemania. Su importancia trasciende ampliamente lo institucional: Berlín es un destacado centro económico, cultural, científico y mediático. Su peso simbólico es enorme, no solo en Alemania y Europa, sino, por qué no decirlo, en el mundo.

Campaña de terror de Stern contra Die Linke tras su victoria en Berlín / "Odio a Israel, vínculos entre clanes, proyectos de expropiación: el éxito de una nueva izquierda más radical trasciende con creces las fronteras de la capital. ¿Qué tipo de movimiento ha surgido?" (Stern)

Campaña del terror de Stern contra Die Linke tras su victoria en Berlin
Portada de la revista alemana Stern /
Pete Reynolds / Stern; Fotos: Doro Zinn y Jens Gyarmaty

► À penser en dessin : FENÊTRE SUR COUR 

Acusaciones como que la democracia estaba en peligro, que la izquierda era antisemita, que apoyaba a clanes delictivos o que sus políticas pondrían en peligro la economía llenaron los periódicos y las redes sociales. El objetivo parecía claro: construir un clima político en el que cualquier acuerdo entre Die Linke, el SPD y Los Verdes pudiera ser presentado como una amenaza para Berlín.

Hay un elemento especialmente significativo: la presión para impedir un gobierno encabezado por Die Linke no procedió únicamente de la CDU. Desde distintos sectores políticos se intentó convencer al SPD berlinés de que excluyera a la izquierda de la futura coalición. Entre quienes se pronunciaron en este sentido hubo incluso figuras históricas del propio campo socialdemócrata, como Wolfgang Thierse, antiguo presidente del Bundestag por el SPD, y Joschka Fischer, exministro de Exteriores y vicecanciller de los Verdes, cuyo enorme peso histórico dentro de su partido otorgó especial relevancia a su llamamiento contra una coalición dirigida por Die Linke.

DESSIN ISMAIL DOGAN
La presión llegó también desde las más altas esferas de la política alemana. El propio canciller Friedrich Merz intervino directamente para pedir al SPD y a los Verdes que impidieran que Die Linke encabezara el Gobierno de Berlín. Desde Brandeburgo, el ministro-presidente socialdemócrata Dietmar Woidke llegó a calificar a sectores de Die Linke de antisemitas y de mantener vínculos con estructuras de clanes criminales, presentando incluso un eventual gobierno de izquierdas como un riesgo para la seguridad de Berlín.

Sin embargo, pese a esta presión, la dirección del SPD berlinés optó por respetar el resultado electoral y negociar con la fuerza más votada. No lo hizo por ingenuidad, sino también porque es consciente de que una nueva alianza con la CDU, después del descalabro electoral del SPD, podría profundizar todavía más su pérdida de identidad y de electorado. El acuerdo con Die Linke y Los Verdes representa, por tanto, algo más que una simple combinación aritmética: expresa una disputa por el futuro político de la socialdemocracia alemana.

¿Qué puede explicar el encono de la democracia cristiana?

En mi opinión, no se trata únicamente de un problema político o ideológico, sino también de una cuestión práctica, administrativa y, sobre todo, de poder. Si la CDU continúa perdiendo votos y se mantiene en torno al 17 %, una alianza con la socialdemocracia y Los Verdes podría dejar de garantizarle una mayoría parlamentaria en las próximas elecciones parlamentarias. Esto podría obligarla a afrontar escenarios que hoy resultan especialmente incómodos: tener que llegar a acuerdos con la izquierda o aceptar ser el socio minoritario de una coalición con la extrema derecha del AfD.

Ambos escenarios supondrían un serio problema para la CDU y podrían profundizar su crisis. De ahí que la batalla por Berlín no sea únicamente una disputa sobre quién debe ocupar la Alcaldía o qué coalición debe gobernar la ciudad. Es también una lucha por definir el futuro del sistema político berlinés y, en cierta medida, por determinar hacia dónde se desplazará el centro de gravedad de la política federal alemana.

Pedro Crovetto Farías

Bochum, 8 de octubre de 2026

SOUHAITANT PLUS DE DISCIPLINE : LES PRÉSIDENTS
 DES COMITÉS D'ÉTAT MAXIMILIAN SCHIRMER
 ET KERSTIN WOLTER, AINSI QUE LES CHEFS DU GROUPE
PARLEMENTAIRE ELIF ERALP ET TOBIAS SCHULZE
PHOTO SEBASTIAN GOLLNOW 

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mercredi 7 octobre 2026

ANÁLISIS DE CAMILA VALLEJO Y ALEXIS CORTÉS: LA ELECCIÓN DE BRASIL Y EL DESTINO DE AMÉRICA LATINA

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DÉLÉGATION INTERNATIONALE OBSERVATRICE
 INVITÉE PAR « UN BRÉSIL PRÊT POUR PLUS »
INSTAGRAM DE CAMILANTONIAMARANTA 

El Siglo
La elección brasileña definirá el curso estratégico de toda América Latina, en un contexto donde el corolario Trump de la Doctrina Monroe (hacer del continente su patio trasero o su propio fundo) ha avanzado rápidamente gracias a la subordinación de varios países de nuestra región con gobiernos ideológicamente afines a los intereses de los Estados Unidos. / Camila Vallejo. Exministra Secretaria General de Gobierno. Alexis Cortés. Sociólogo. Premio Iberoamericano de Ciencias Sociales (2022). «El Siglo». Sao Paulo. 07/10/2026.  La reciente elección presidencial y parlamentaria en Brasil, expresó la fuerza de la ola bolsonarista: mayoría en el Congreso (a muy poco de ser calificada en el Senado) y con Flavio Bolsonaro con 47,03% de los votos pasando en primer lugar por sobre Lula da Silva (45,16%). Como se esperaba, el actual Presidente y ex dirigente sindical, obtuvo casi 54 millones de votos, muy cercano a su techo en primera vuelta, pero resintiendo quedar en un inesperado segundo lugar.


Camila Vallejo y Alexis Cortés  octubre 7, 2026   

CAMILA VALLEJO Y ALEXIS CORTÉS.
La elección brasileña definirá el curso estratégico de toda América Latina, en un contexto donde el corolario Trump de la Doctrina Monroe (hacer del continente su patio trasero o su propio fundo) ha avanzado rápidamente gracias a la subordinación de varios países de nuestra región con gobiernos ideológicamente afines a los intereses de los Estados Unidos. Brasil, sin embargo, ha sido activa y altivamente el principal contrapeso regional a esa ofensiva, así como pieza fundamental del multilateralismo de los BRICS. Vale recordar también que es el segundo país con mayores reservas de tierras raras y la Amazonia concentra enormes recursos naturales.

 PHOTOMONTAGE « O ESTADAO »

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¿Qué explica un resultado como éste y hasta qué punto es posible revertirlo? La comprensión de este primer desenlace es estratégico para repensar una izquierda que aspire no sólo a detener la ola de la extrema-derecha, sino también a ofrecer un proyecto de futuro que nos permita volver a ser alternativa. Lula 4 años atrás logró derrotar a Jaír Bolsonaro aun cuando éste concentraba el poder del dinero, del algoritmo y el hecho de estar en el gobierno. ¿Entonces, por qué el bolsonarismo creció si ya no está en la presidencia?

 LAUTARO CARMONA
PRESIDENTE DEL PCCH


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En lo más coyuntural, hoy, para cualquier candidato incumbente, está siendo más difícil convertir su posición de gobierno en fuerza electoral. Lula llegó a la elección exhibiendo grandes logros macroeconómicos: desempleo de sólo 5%, crecimiento económico, aumento del salario mínimo, inflación controlada y salida del mapa de la pobreza, tras el empobrecimiento vivido en la administración bolsonarista. Todo eso luego de una reforma tributaria que amplió el tramo libre de impuestos a quienes ganan hasta 1.000 US$ y que aumentó los impuestos a los más ricos.  Además, las últimas semanas tuvo la iniciativa política con anuncios altamente populares: ajuste de 15% del bolsa familia, disponibilización en el sistema universal de salud de “lapiceras para bajar de peso”, proyecto de reducción de la jornada de trabajo y el fin de las apuestas on line, responsables de buena parte del endeudamiento de las familias más pobres y que sufren principalmente las mujeres. 

Sin embargo, diversos analistas señalaban la existencia de un malestar difuso que en buena parte se canalizó hacia la Corte Suprema, asociada convenientemente al gobierno por la derecha, y que tenía como fuente una frustración de expectativas respecto del gobierno de Lula: los brasileños están bien, pero esperaban estar mejor. En efecto, el gobierno del Partido de los Trabajadores tuvo un inicio marcado por la austeridad fiscal, lo que, sumado a no contar con mayoría parlamentaria, restringieron su capacidad transformadora.

Por su parte, Flavio Bolsonaro logró activar el voto útil, desinflando a los otros 4 candidatos de derecha que disputaban la elección, transformándola en un plebiscito contra el gobierno. Al encender un sentimiento de polarización anti-lulista, logró volverse invulnerable a los gravísimos escándalos de corrupción y sexuales de su candidatura, así como a las denuncias por vínculos con el crimen organizado (milicias).

En buena medida, esa disputa se resolvió a favor de la extrema-derecha por su fuerte despliegue en redes sociales, sostenida por profusos recursos económicos, pero también por capacidad orgánica y subjetiva construida hace casi una década. Prueba de ello son las altas votaciones de sus candidatos-influencers, que fueron mayorías nacionales en los Estados más populosos y el fuerte apoyo de emprendedores de la fe neopentecostales que controlan medios de comunicación, recursos y despliegue territorial. Lo que se ha traducido en un sustantivo respaldo de una parte importante del mundo evangélico a las candidaturas de extrema-derecha.

Sin embargo, Lula sigue siendo extremadamente fuerte entre los más pobres, las mujeres y los católicos. Por lo mismo, no todo está perdido. Hubo un alto nivel de abstención (casi 30 millones de electores) justamente en los sectores populares y las personas mayores, donde Lula tiene más llegada. Los primeros por su legado social; los segundos, por su valoración de la democracia. Es difícil, pero no imposible. Si hay alguien con la biografía, la capacidad y el talento para revertir este decisivo escenario es ese niño del nordeste de Brasil que, como dirigente sindical, se convirtió en el Presidente del país más grande de “nuestra América”.



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mardi 6 octobre 2026

LAS CONDICIONES MATERIALES Y LA IDEOLOGÍA

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UNA REFLEXIÓN SOBRE «KARL MARX Y FRIEDRICH ENGELS
 EN LA IMPRENTA DEL RHEINISCHE ZEITUNG, COLONIA –
MUSEO MARX Y ENGELS, MOSCÚ ✆ E. CHAPIRO
ÑÁNGARA MARX1»
Las condiciones materiales y la ideología: la relación dialéctica entre la base material y la autonomía relativa de la ideología / La relación entre base material y conciencia social / Desde la perspectiva del materialismo histórico, las ideas, la moral, la cultura y las ideologías no surgen de manera independiente de la vida social. Se forman en determinadas condiciones históricas y están vinculadas a las relaciones sociales que los seres humanos establecen en el proceso de producción y reproducción de su vida.

Pedro Crovetto. Bochum. Alemania.  06 de octobre de 2026

PEDRO CROVETTO FARÍAS

En el Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política (1859), Marx sostiene que, en la producción social de su vida, los seres humanos establecen relaciones de producción necesarias e independientes de su voluntad, correspondientes a un determinado nivel de desarrollo de las fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura económica de la sociedad, sobre cuya base se desarrolla una superestructura jurídica y política a la que corresponden determinadas formas de conciencia social.[1]

« Crítica de la economía política ».
Primer número, 1859

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De este planteamiento se desprende una idea fundamental del materialismo histórico: no es la conciencia la que determina por sí sola el ser social; las condiciones materiales y las relaciones sociales condicionan las formas en que los seres humanos piensan, interpretan y organizan su mundo. Como señala Marx, «no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social es lo que determina su conciencia».

Esto permite comprender también la conocida afirmación de Marx y Engels en La ideología alemana: «Las ideas de la clase dominante son, en cada época, las ideas dominantes».[2] Las formas de conciencia no pueden comprenderse al margen de las relaciones sociales y de las relaciones de poder en las que se producen.

Sin embargo, esta relación no debe interpretarse de manera mecánica. El materialismo histórico no sostiene que la economía determine de forma directa, inmediata y exclusiva todos los fenómenos sociales. Una interpretación semejante reduciría el marxismo a un economicismo vulgar y desconocería el carácter histórico y dialéctico de la relación entre estructura económica, instituciones, política, cultura e ideología.

La cuestión, por tanto, no consiste en elegir entre «economía» e «ideas», sino en comprender cómo ambas dimensiones se condicionan e intervienen mutuamente dentro de una totalidad social concreta.

La autonomía relativa de la superestructura

Engels desarrolla esta cuestión con particular claridad en su carta a Joseph Bloch de 1890. Allí explica que la producción y reproducción de la vida real constituye el factor determinante «en última instancia», pero advierte que ni Marx ni él afirmaron jamás que el factor económico fuera el único determinante.[3]

La economía constituye, por tanto, la base material de la sociedad, pero las instituciones políticas, jurídicas, culturales e ideológicas no son un simple reflejo pasivo de esa base. Poseen una autonomía relativa y pueden intervenir sobre el desarrollo histórico: pueden favorecer, obstaculizar, acelerar o modificar las formas concretas mediante las cuales se reproducen las relaciones sociales.

La relación entre base y superestructura debe entenderse, por ello, como una relación dialéctica. Las condiciones materiales condicionan las formas políticas, jurídicas y culturales, pero estas, a su vez, participan activamente en la reproducción o transformación de las relaciones sociales.

Esta concepción permite superar dos reduccionismos opuestos. Por un lado, el idealismo, que explica la historia fundamentalmente a partir de las ideas. Por otro, el economicismo, que convierte las ideas, la política y la cultura en simples efectos automáticos de la economía.

Una consecuencia importante de esta concepción es que una transformación de las relaciones económicas no produce automáticamente una transformación de la conciencia social. Las condiciones materiales crean posibilidades y límites, pero la conciencia se forma también a través de experiencias sociales, instituciones, prácticas políticas, valores y formas de interpretación de la realidad.

El socialismo real y la dimensión ideológica

Esta cuestión resulta especialmente relevante para analizar la experiencia histórica de los llamados «socialismos reales».

La existencia de una estructura económica de carácter socialista no garantiza por sí misma la consolidación histórica del socialismo. Una transformación de las relaciones de producción necesita estar acompañada por cambios en las instituciones políticas, en las formas de participación social, en la cultura y en las concepciones acerca del individuo, la sociedad y el futuro.

Desde esta perspectiva, las dificultades y la derrota histórica de las experiencias del socialismo real no pueden explicarse exclusivamente mediante factores económicos ni únicamente por las presiones y conflictos externos. Una explicación marxista más completa debe considerar también las contradicciones existentes en el terreno político, cultural e ideológico.

El problema no consistió solamente en cómo organizar la producción. También estuvo relacionado con la capacidad —o incapacidad— para construir nuevas formas de participación, nuevos valores y nuevas concepciones del bienestar y de la realización individual y colectiva.

En determinadas sociedades socialistas se produjo además una contradicción entre formas de producción socializadas y aspiraciones, hábitos de consumo y modelos de vida cada vez más influidos por los valores de las sociedades capitalistas. La transformación de las relaciones económicas no había eliminado automáticamente las formas de conciencia heredadas de la sociedad anterior.

Por ello, la construcción del socialismo no puede limitarse a transformar la propiedad y las relaciones económicas. No se trata de sustituir la transformación económica por una transformación cultural, sino de comprender que ambas dimensiones forman parte de un mismo proceso histórico.

Aquí aparece una cuestión decisiva: ¿cómo se transforman las condiciones materiales en conciencia, organización y acción política?

Las condiciones objetivas no producen por sí mismas una conciencia política determinada. Entre las condiciones materiales y la acción colectiva existe un terreno de experiencias, interpretaciones, valores, expectativas y conflictos en el que se forma la subjetividad.

El consumo como fenómeno económico, social y cultural

El consumo constituye un ejemplo particularmente claro de esta relación entre estructura material, prácticas sociales y conciencia.

Consumir no es únicamente un acto económico. También es un fenómeno social y cultural mediante el cual se expresan identidades, aspiraciones, posiciones sociales y determinadas concepciones del bienestar y del éxito.

En el capitalismo, la publicidad, los medios de comunicación y la industria cultural contribuyen a asociar determinados bienes con la realización personal, el prestigio, la libertad o la felicidad. De este modo, las mercancías no aparecen solamente como objetos destinados a satisfacer necesidades materiales, sino también como portadoras de significados sociales.

El consumo puede convertirse así en un mecanismo de reproducción ideológica. No se trata simplemente de que los individuos adquieran mercancías, sino de que determinadas formas de consumo contribuyen a reproducir una determinada concepción del mundo y de las necesidades humanas.

Aquí se manifiesta una de las contradicciones que resulta necesario considerar al analizar el socialismo real. La transformación económica no estuvo necesariamente acompañada por la construcción de un modelo cultural capaz de ofrecer una concepción alternativa del bienestar, del consumo y de la realización individual.

El problema no consiste en negar las necesidades materiales ni en convertir el consumo en una cuestión puramente moral. Se trata de preguntarse qué necesidades son socialmente producidas, qué formas de vida se consideran deseables y qué relaciones sociales se encuentran detrás de ellas.

Una sociedad socialista, por tanto, no puede limitarse a cambiar las relaciones de propiedad. Tiene que ser capaz de producir nuevas prácticas sociales y nuevas formas de entender el bienestar y la realización humana.

Subjetividad, conciencia y trabajo político

En el trabajo político de las vanguardias, y partiendo de que la conciencia política revolucionaria no surge espontáneamente de las condiciones económicas, debemos ser conscientes de que no trabajamos únicamente sobre condiciones materiales objetivas, sino también sobre el terreno de la subjetividad.

La tarea política consiste en comprender cómo las personas interpretan su propia situación, cómo reconocen sus intereses individuales y colectivos y cómo esas experiencias pueden convertirse en conciencia y acción organizada.

Esto implica saber distinguir, en cada situación concreta, aquello que debe ser transformado de aquello que debe ser preservado. No toda forma de conciencia existente entre las clases explotadas (subalternas en Gramsci) puede ser simplemente rechazada; tampoco puede aceptarse pasivamente el sentido común dominante. La tarea política exige trabajar sobre sus contradicciones, experiencias y potencialidades.

La conciencia, las experiencias, los valores y las expectativas influyen decisivamente en la disposición de las personas a organizarse y actuar. Por ello, el trabajo político no puede limitarse a explicar las condiciones objetivas: debe también intervenir sobre las formas en que esas condiciones son percibidas, interpretadas y convertidas —o no— en conciencia y acción colectiva.

En este sentido, la construcción de una conciencia crítica y colectiva no constituye un elemento secundario de la lucha política. Forma parte de la construcción de fuerza social y política.

La relación entre condiciones objetivas y subjetividad es, por tanto, dialéctica: las condiciones materiales influyen sobre la conciencia, pero las formas de conciencia, una vez constituidas socialmente, intervienen también sobre la capacidad de los sujetos para reproducir o transformar esas mismas condiciones.

Ideología, fetichismo y alienación en Marx

La dimensión cultural de la dominación capitalista puede comprenderse también mediante los conceptos de ideología, fetichismo y alienación desarrollados por Marx.

En La ideología alemana, Marx y Engels muestran la estrecha relación entre las ideas dominantes y las relaciones sociales existentes. La producción de ideas no se desarrolla en un vacío social: está vinculada a las condiciones materiales y a las posiciones que ocupan las diferentes clases dentro de la sociedad.[4]

En las sociedades capitalistas, relaciones sociales históricamente determinadas pueden aparecer como relaciones naturales entre individuos libres que simplemente intercambian mercancías. La propiedad privada, el trabajo asalariado y la competencia pueden presentarse entonces como formas normales o inevitables de organización social, ocultando su carácter histórico y las relaciones de poder que las sustentan.

Esta cuestión aparece de manera especialmente clara en el concepto de fetichismo de la mercancía desarrollado en El capital. Marx muestra cómo las relaciones sociales entre las personas pueden aparecer bajo la forma de relaciones entre cosas. Las mercancías parecen poseer por sí mismas propiedades y valor, aunque estos remiten en realidad al trabajo social y a las relaciones de producción que las hacen posibles.[5]

El fetichismo no constituye, por tanto, únicamente un fenómeno económico. Tiene también consecuencias en la manera en que los individuos perciben la realidad social, porque contribuye a ocultar el carácter social e histórico de las relaciones que producen las mercancías.

A ello se relaciona el concepto de alienación. En los manuscritos de 1844, Marx analiza la separación del trabajador respecto del producto de su trabajo, de la propia actividad productiva, de su realización como ser humano y de los demás seres humanos.[6]

La crítica marxista de la economía política es, por ello, inseparable de una crítica de las formas sociales de conciencia que presentan relaciones históricas y determinadas como si fueran naturales, eternas o inevitables.

Gramsci y la hegemonía cultural

Antonio Gramsci profundiza esta problemática al analizar cómo las relaciones de dominación se reproducen no solamente mediante la coerción, sino también mediante la construcción de consenso y dirección cultural.

La cuestión central es comprender por qué las clases dominantes pueden conservar su capacidad de dirección incluso en situaciones de crisis y por qué las clases subalternas no se rebelan automáticamente contra las condiciones materiales de dominación.

Aquí adquiere especial importancia el concepto de hegemonía. La dominación de clase no se mantiene únicamente mediante la fuerza del Estado. También requiere capacidad para ejercer una dirección moral e intelectual sobre amplios sectores de la sociedad.

La hegemonía se construye especialmente en el terreno de la sociedad civil: la educación, los medios de comunicación, las instituciones culturales, las asociaciones, los partidos, los sindicatos y otros espacios donde se forman valores, creencias y concepciones del mundo.

De este modo, el poder de una clase no depende únicamente de su capacidad para controlar recursos materiales. Depende también de su capacidad para presentar su propia concepción del mundo como algo razonable, normal y, finalmente, como sentido común.

Por eso la cultura adquiere en Gramsci una importancia política fundamental. No constituye una esfera separada de las relaciones de poder, sino uno de los terrenos en los que esas relaciones se reproducen y también pueden ser cuestionadas.

La hegemonía, por tanto, permite comprender la conexión entre condiciones materiales, subjetividad y poder político. Una clase no se convierte en fuerza dirigente únicamente porque posea una determinada posición económica; necesita también construir una capacidad de dirección intelectual, moral y política.

GRAMSCI, PENSEUR DE L’HÉGÉMONIE [PODCAST]

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Guerra de posiciones y construcción de una contrahegemonía

La importancia de la hegemonía conduce a Gramsci al concepto de «guerra de posiciones».[7]

En las sociedades capitalistas complejas, donde la sociedad civil posee una considerable densidad institucional y cultural, la transformación social no puede reducirse a la conquista inmediata del aparato estatal. Requiere también una lucha prolongada por modificar las relaciones de fuerza y construir una nueva dirección intelectual y moral de la sociedad.

La guerra de posiciones implica, por tanto, una disputa prolongada en el terreno político, cultural e ideológico. No significa abandonar la lucha por el poder político, sino comprender que la conquista y transformación del poder requiere también construir posiciones sociales, culturales y organizativas capaces de sostenerla.

Frente a la hegemonía dominante, resulta necesaria una contrahegemonía: una concepción alternativa del mundo capaz de cuestionar el sentido común existente y de articular las experiencias e intereses de las clases subalternas.

El sentido común no es una realidad homogénea ni inmutable. Está compuesto por elementos diversos y a menudo contradictorios, procedentes de diferentes experiencias históricas. Precisamente por eso puede convertirse en terreno de disputa y transformación mediante la práctica política y cultural.

La lucha ideológica adquiere así una importancia estratégica. Esto no significa que la conciencia pueda transformarse independientemente de las condiciones materiales. Significa que las transformaciones materiales necesitan también producir nuevas experiencias sociales, nuevas formas de organización y nuevas prácticas capaces de sostenerlas.

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En este proceso, Gramsci concede una importancia fundamental a los intelectuales. No entiende por intelectual únicamente a quien desarrolla una actividad académica o profesional relacionada con la producción de conocimiento. Todas las personas poseen una dimensión intelectual, aunque no todas desempeñen socialmente la función de intelectuales.

Los llamados intelectuales orgánicos participan en la elaboración, organización y difusión de la concepción del mundo de un determinado grupo social.[8]

Por ello, una clase que aspire a convertirse en fuerza dirigente necesita producir sus propios intelectuales y construir espacios desde los cuales pueda elaborar y difundir una concepción alternativa de la sociedad.

La función intelectual puede desarrollarse en ámbitos políticos, sindicales, educativos, culturales, periodísticos y organizativos. Lo decisivo no es la profesión ni el origen social de una persona, sino la función que desempeña en relación con un determinado grupo social.

La disputa cultural comprende así la educación, los medios de comunicación, la literatura, el arte, la ciencia, las organizaciones sociales y, en general, los espacios donde se produce y se disputa el sentido de la realidad.

La lucha cultural no constituye una actividad separada de la organización política. Forma parte de ella.

Desde esta perspectiva, la transformación social no puede entenderse únicamente como un momento de ruptura institucional. Es también un proceso prolongado mediante el cual una nueva concepción del mundo puede convertirse en una fuerza social capaz de transformar las relaciones existentes.

La cultura como terreno estratégico de la lucha de clases

Esta perspectiva adquiere una importancia particular en el capitalismo contemporáneo.

La expansión de los medios digitales, las plataformas tecnológicas, las redes sociales y la industria cultural ha multiplicado la velocidad y el alcance de la producción y circulación de ideas. Al mismo tiempo, la cultura de consumo, el individualismo y la mercantilización de ámbitos cada vez más amplios de la vida cotidiana participan en la reproducción de determinadas relaciones sociales.

En este contexto, la lucha de clases no desaparece, sino que adquiere nuevas dimensiones. La disputa económica continúa siendo fundamental, pero se encuentra estrechamente vinculada a la disputa por el significado de conceptos como libertad, democracia, progreso, bienestar, mérito, igualdad y justicia.

Las clases y grupos sociales compiten también por definir qué valores deben considerarse legítimos, qué problemas deben ocupar el centro del debate público y qué alternativas sociales pueden imaginarse.

En este terreno resulta especialmente significativo el desarrollo de discursos de la nueva derecha que han convertido la llamada «batalla cultural» en un elemento central de su estrategia política.

Un caso relevante es el del argentino Agustín Laje, quien utiliza conceptos y referencias asociados a Gramsci para desarrollar su propia concepción de la «batalla cultural». En sus planteamientos aparecen términos como hegemonía, cultura, sentido común y disputa ideológica, aunque empleados desde una perspectiva política diferente y orientados hacia un proyecto de derecha ultraconservadora.[9]

El fenómeno resulta particularmente interesante porque muestra que conceptos desarrollados por Gramsci pueden ser reinterpretados desde posiciones ideológicas muy diferentes. Precisamente por ello resulta necesario analizar no solamente qué conceptos se utilizan, sino también qué significado adquieren, qué objetivos políticos persiguen y qué concepción de la sociedad expresan.

Para una perspectiva marxista, esto constituye un desafío que no debería ser subestimado. Si la derecha comprende la importancia de intervenir en la cultura, producir discursos, disputar el sentido común y formar intelectuales, una estrategia transformadora tampoco puede limitarse a las reivindicaciones económicas inmediatas.

Debe intervenir simultáneamente en el terreno político, económico, cultural e ideológico.

ARNOLD J. TOYNBEE HISTORIEN BRITANNIQUE

Transformación social y capacidad de respuesta histórica

En este punto resulta interesante recuperar, aunque desde una perspectiva diferente, una idea del historiador Arnold J. Toynbee: las civilizaciones se desarrollan cuando son capaces de responder creativamente a los grandes desafíos de su tiempo.[10]

El enfoque de Toynbee es diferente del materialismo histórico y no debe confundirse con él. Sin embargo, su planteamiento permite introducir una cuestión relevante: el desarrollo de una sociedad no depende exclusivamente de sus recursos materiales, sino también de su capacidad para elaborar respuestas políticas, culturales e intelectuales ante nuevas circunstancias históricas.

Desde una perspectiva marxista, esta cuestión puede formularse de otra manera. Las sociedades no solamente producen bienes materiales; producen también instituciones, valores, conocimientos, formas de cooperación y concepciones acerca del futuro.

Por ello, una transformación social profunda no puede reducirse a modificar las relaciones de propiedad. Necesita crear las condiciones materiales y culturales para que puedan surgir nuevas formas de organización social y nuevas relaciones entre los individuos.

En este sentido, una de las grandes dificultades históricas del socialismo en la Unión Soviética y en otros países de Europa oriental fue la dificultad para transformar de manera suficientemente profunda las formas de participación, los valores sociales y las concepciones culturales heredadas del capitalismo

A modo de conclusión

La relación entre condiciones materiales e ideología debe entenderse como una relación dialéctica. La estructura económica condiciona las formas políticas, jurídicas y culturales, pero estas poseen también una autonomía relativa y actúan sobre la reproducción y transformación de las relaciones sociales.

Esta concepción permite superar tanto el idealismo como el economicismo. Las ideas no existen al margen de las condiciones materiales, pero tampoco son un simple reflejo pasivo de ellas.

Marx proporciona las herramientas fundamentales para comprender la relación entre condiciones materiales, ideología, fetichismo y alienación. Gramsci desarrolla esta problemática al mostrar que la dominación de clase también se reproduce mediante la hegemonía, es decir, mediante la capacidad de determinadas clases para ejercer dirección intelectual y moral y convertir su concepción del mundo en sentido común.

De ahí se desprende una consecuencia política fundamental: la lucha cultural no sustituye a la lucha económica ni constituye una desviación respecto de la lucha de clases. Es una de sus dimensiones.

En sociedades donde el poder se reproduce tanto mediante relaciones económicas como mediante la producción de valores, significados y formas de conciencia, disputar la cultura significa disputar también las condiciones de reproducción del orden social.

Esto resulta especialmente importante para comprender las experiencias históricas del socialismo. La transformación de las relaciones económicas no garantiza por sí misma la construcción de una sociedad socialista estable. Si no se modifican también las formas de conciencia, las prácticas sociales, las instituciones y las concepciones culturales que acompañan a esas relaciones, las nuevas estructuras pueden entrar en contradicción con valores y comportamientos heredados.

La emancipación, por tanto, no consiste únicamente en transformar quién posee los medios de producción. Implica también crear nuevas relaciones sociales, nuevas formas de participación, nuevos valores y nuevas maneras de comprender la vida colectiva.

Desde esta perspectiva, la tarea de una transformación socialista no puede reducirse a conquistar el poder económico o político. Debe ser capaz de construir una nueva hegemonía: una concepción del mundo que permita a las clases subalternas no solamente cuestionar el orden existente, sino convertirse en sujetos conscientes de su propia transformación histórica.

La construcción de una sociedad socialista exige, en definitiva, actuar simultáneamente sobre las condiciones materiales de existencia y sobre las formas de conciencia mediante las cuales esas condiciones son interpretadas, reproducidas y, eventualmente, transformadas.

 


Pedro Crovetto

Bochum, 06 de octobre de 2026

Notas :

[1] Véase: Marx, Karl: Prólogo a la Contribución a la crítica de la economía política. Zur Kritik der Politischen Ökonomie, en: Marx-Engels-Werke, tomo 13, Berlín: Dietz Verlag, 1975, pp. 7–11.

[2] Véase: Marx, Karl / Engels, Friedrich: Die deutsche Ideologie, en: Marx-Engels-Werke, tomo 3, Berlín: Dietz Verlag, 1969, p. 46.

[3] Véase: Engels, Friedrich: Carta a Joseph Bloch, 21–22 de septiembre de 1890, en: Marx-Engels-Werke, tomo 37, Berlín: Dietz Verlag, 1969, p. 462.

[4] Véase: Marx, Karl / Engels, Friedrich: Die deutsche Ideologie, en: Marx-Engels-Werke, tomo 3, Berlín: Dietz Verlag, 1969, pp. 46–48.

[5] Véase: Marx, Karl: Das Kapital. Kritik der politischen Ökonomie, tomo I, en: Marx-Engels-Werke, tomo 23, Berlín: Dietz Verlag, 1979, pp. 85–89.

[6] Véase: Marx, Karl: Ökonomisch-philosophische Manuskripte aus dem Jahre 1844, en: Marx-Engels-Werke, tomo 40, Berlín: Dietz Verlag, 1979, pp. 510–522.

[7] Para Gramsci, la guerra de posiciones designa una lucha política prolongada por conquistar y consolidar la hegemonía en sociedades donde la sociedad civil posee una estructura institucional compleja. Esta lucha se desarrolla en distintos ámbitos de la vida social —político, cultural, educativo, ideológico y organizativo— y busca modificar las relaciones de fuerza y construir las condiciones para una transformación duradera.

[8] Para Gramsci, los intelectuales orgánicos son aquellos que surgen en relación con un determinado grupo social y desempeñan funciones de elaboración, organización y difusión de su concepción del mundo. No se trata exclusivamente de intelectuales académicos o profesionales: pueden ejercer funciones intelectuales dirigentes y organizativas en ámbitos políticos, sindicales, educativos, culturales, periodísticos o productivos. Lo decisivo no es su profesión ni su origen social, sino la función que desempeñan en relación con un determinado grupo social.

[9] Véase, entre otros: Laje, Agustín: El libro negro de la nueva izquierda, 2016; y La batalla cultural. Reflexiones críticas para una nueva derecha, 2022.

[10] Véase: Toynbee, Arnold J.: Der Gang der Weltgeschichte. Aufstieg und Verfall der Kulturen, Bd. I, Zürich/Stuttgart/Wien, 1958, S. 74 ss.

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"La hegemonía ideológica de la ultraderecha, Vassily Kandinsky"
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