jeudi 2 avril 2026

LA HEGEMONÍA IDEOLÓGICA DE LA ULTRADERECHA

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ILUSTRACIÓN RAMIRO ALONSO
ACTUALMENTE ESTAMOS LEJOS DE ENFRENTAR LA HEGEMONIA IDEOLOGICA DE LA ULTRADERECHA EN CHILE ¿HAY UNA EXPLICACION? / La victoria masiva de los partidos de Derecha y Ultraderecha en la reciente elección presidencial en Chile y la asunción al mando de Antonio Kast, todavía mantiene al movimiento de izquierda popular y a sus partidos en un estado de perplejidad y desconcierto. / No se ve ninguna dinámica estratégica que anuncie confrontar la satisfacción que demuestra la ultraderecha, por el apoyo que logró concitar. ¿Qué explica las falencias del movimiento de izquierda, para considerar seriamente la existencia de esta hegemonía ideológica derechista que ha potenciado el triunfo de Kast?, ¿o qué impide que la izquierda no le dé la misma prioridad que asigna la Derecha a la confrontación ideológica de clases?

por Álvaro Alarcón

Álvaro Alarcón 

La inquietud preponderante, es el apoyo popular que esta ascensión ultraderechista manifiesta, donde no sólo se ha reivindicado una adhesión a un sistema socio-económico caricaturalmente neoliberal excluyente y discriminante, sino que incluso se ha declarado una admiración sin límites por la sangrienta dictadura militar de Pinochet.

ILUSTRACIÓN RICARDO FIGUEROA

► À penser en dessin : FENÊTRE SUR COUR

Es necesario recordar la magnitud del triunfo derechista, no por asomos masoquistas si no para remarcar la inmensa gravedad de la coyuntura política.

Pruebas de la influencia en sectores populares de tendencias ultraderechistas con tonalidades neofascistas, se habían insinuado en las incursiones electorales de Kast en barrios populares. Un apoyo electoral consistente obtuvo el ultraderechista, en comunas populares históricamente opuestas al sistema por dinámicas de clases y a nivel nacional su triunfo fue indiscutible en la totalidad de las 16 regiones del país, en las cuales en 9 sobrepasó el 60%. Esto concierne lugares de importancia crucial en términos demográficos, estructurales y agro-industriales. Disminuyó algo su votación en Atacama, Coquimbo, Valparaíso y la región capital o Metropolitana, sin embargo, incluso ahí superó cómodamente el 50% de sufragios. Se impuso igualmente en votación por género (ganó en votación femenina y masculina) y por edad (menos de 30 años y estratos de población de edades superiores).

DIBUJO MONERO_PAT

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La influencia ultraderechista en los sectores populares, utiliza ya cómodamente un “colchón” ideológico neoliberal que se ha instalado desde hace decenios en la población popular chilena. Como es sabido, entre otros factores, esto tiene evidentemente un substrato económico a gran escala como ha sido la incorporación masiva al consumo básico de los chilenos a través del endeudamiento permanente. Los efectos han decuplicado los beneficios y la rentabilidad de las inversiones comerciales en importaciones (la industria chilena ha desaparecido paulatinamente desde hace medio siglo) y sobre todo mantiene el grueso de la población atada a la necesidad de absorber interminablemente sus deudas, que exceden extensamente sus recursos potenciales de amortización (la población morosa en Chile es calculada en aproximadamente 4 millones sobre una población activa de 9 millones, con un monto equivalente a 2,95% del PIB). Los deudores son particularmente sectores populares.

Esto ha disminuido el potencial de resistencia y protesta de los chilenos y está envuelto en un ambiente publicitario y de comunicación que promueve la “aspiracionalidad” social y económica de la población, en un entorno de vida marcadamente discriminante, clasista e individualista, donde el estatus social es promovido a través de la adhesión al sistema neoliberal de valores, al estricto esfuerzo personal, donde cualquiera veleidad colectiva o de identificación declarada “como grupo discriminado”, es diagnosticada como un riesgo de pugna competitiva o no “funcional” al ascenso individual.

Es necesario tener presente un acontecimiento, aún no analizado suficientemente, como es el resurgimiento del Partido de la Gente (PDG), de mayoritaria extracción popular, que apoyó al candidato presidencial Franco Parisi y que se ha transformado en expresión simbólica de los componentes antes mencionados, de la hegemonía ideológica neoliberal. Ellos se declararon “ni fascistas ni comunistas” en jerga popular, proclamando de esta manera su no adhesión a dinámicas de confrontación de clases, sosteniendo una reivindicación de inclusión en los beneficios reales o imaginados de la formación social capitalista neoliberal.

Este agrupamiento político obtuvo más de 20% de votos y 14 diputados, lo que significa un peso electoral y político importante. La mitad de sus electores se pronunció en favor de la candidatura ultraderechista de Kast.

El líder de este grupo, Parisi, tiene raíces en la clase media popular, y a través de esfuerzos personales importantes realizó estudios superiores, deviene economista, se especializa profesionalmente en EE UU, es profesor de universidad y experto y desde el extranjero constituye su partido político en Chile. Es decir, es absolutamente representativo de la identidad valórica de su agrupación. Asimismo, los diversos integrantes de dicho partido PDG, son originarios de sectores de población activa popular.

El Partido de la Gente, se declara socio liberal y “sin ideologías”. Sostiene las reivindicaciones populares más sentidas en torno a pensiones, salud pública, seguridad pública, contra la desigualdad social, por la equidad y el bienestar. Su identidad reivindicada es “la Clase Media”, no se dicen militantes, sino más bien una “familia”. En resumen, no proponen ninguna reforma profunda al sistema socio-económico que genera la desigualdad y todas sus reclamaciones se reducen más bien a “mejorar el sistema”.

El análisis que hacía la izquierda de este grupo político, emblemático de lo que puede resultar de la hegemonía neoliberal, fue bastante heterogéneo. Se extendía desde el menoscabo de sus dirigentes hasta suponer que sería una colectividad “sin ideología”.

Esto permite una introducción a lo que ha sido la impericia y la insuficiencia de todos los sectores de izquierda, incluidos los comunistas, para tratar en profundidad el rol primordial de la ideología en la superestructura de una formación social, según la conceptualización marxista.

Los comunistas aún tardamos en descubrir el rol decisivo y crítico del enfrentamiento ideológico en medio de la confrontación de clases. Lo que en frases retóricas a veces mencionamos sobre la ideología, se ha diluido naturalmente, porque hemos aceptado que el universo ideológico es sólo el reflejo de acciones sobre la realidad, y que las ideas se modificarán casi mecánicamente en el intento de transformar dicha realidad, en una comprensión superficial de nuestros conceptos teóricos.

Sin profundizar más en la materia, a veces se cree que sólo con enarbolar las reivindicaciones de las masas populares, se producirá un cambio radical en la conducta del pueblo, lo que se ha demostrado últimamente inútil y sin resultados.

Aquí han influido “concepciones clásicas”, como nuestra aceptación de la necesidad inevitable del derrumbe objetivo de la formación social capitalista, por sus contradicciones inherentes al modo de producción, pero con un voluntarismo precipitado que no ha tomado en cuenta la resistencia y resiliencia de dicho sistema -el capitalismo tarda en caer- y el retardo de la madurez de la conciencia política popular. 

Esto ha sido históricamente largo porque la “materia” no ha respondido como “descriptivamente” lo habíamos entendido. Al contrario, lo que se derrumbó inesperadamente fue el “campo socialista”. La espera para que el pueblo modifique sus percepciones se ha demostrado más extensa, y nuestra expectativa confiada, habrá que reemplazarla por una acción más decidida de ir hacia las bases populares.

Nuestra comprensión de lo ideológico no es evidente, a menudo lo confundimos con lo cultural o lo artístico, que forma parte, pero de manera sectorial.

En cambio, la burguesía no está esperando el socialismo para defenderse. En Chile hizo un trabajo impecable para llegar al poder de Estado con más de 58% de sufragios, a lo cual se sumó una votación popular significativa.

Lo que está claro para la formación social capitalista, es que el enfrentamiento ideológico en la lucha de clases no es un lujo de intelectuales, como a veces puede apreciarse en nuestras filas. 

Para las cúpulas dirigentes capitalistas a todo nivel, que tienen conciencia de la existencia minoritaria de la burguesía, la lucha ideológica tiene un rol de supervivencia. Es tan esencialmente importante como consolidar los márgenes de rentabilidad, preservar las condiciones salariales más ventajosas para ellos en la explotación de los asalariados, resguardar al máximo las relaciones de producción de explotación o asegurar la lealtad de los aparatos de represión. 

La burguesía garantiza para sí misma, no sólo la producción que llena sus bolsillos, sino también la reproducción que conservará sin cambios el sistema para el futuro. Y la lucha ideológica exitosa para ella forma parte de la reproducción del sistema.

Es la diferencia que vemos hoy día en los resultados de convencer a la sociedad de cuales postulados son los más exitosos. Las elaboraciones ideológicas pertinentes para nosotros son aquellas que “mejorarán” sin más nuestra lucha. 

En contraste, para la burguesía la lucha ideológica es aquella que hará perdurar el sistema de explotación y asegurará su existencia como clase. Esto no es exclusivamente consecuencia de cuantos millones invierten las fuentes de financiamiento en este rubro o de cuantos portavoces, periodistas o intelectuales están al servicio del capital, es más bien asunto de una estructura estatal que protege el sistema de dominio de clases.

El triunfo de la estrategia ideológica de clases de la burguesía, ha tenido como objetivo, por ejemplo, la ascensión al poder del Estado de Kast, donde hará uso de dicho poder y del aparato de Estado para los intereses de clases de la burguesía en buen entendimiento con fuerzas reaccionarias internacionales

El aparato de Estado, compuesto por el gobierno, los ministros, la administración pública, las fuerzas armadas, la policía, los tribunales, el servicio de prisiones, en general sistemas que integran el aparato represivo del Estado, serán dirigidos en el contexto de una política ideológica consecuente con los intereses de clases de Kast.

Para completar el sistema, específicamente los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE), existen y son los siguientes: el sistema escolar, las entidades de estado relacionadas con la familia, los vínculos con las entidades religiosas, políticas, sindicales “amarillas” con lazos asalariados o empresariales, los aparatos de información y difusión afines al gobierno o en consonancia con el empresariado, aparatos culturales, etc.

Las posibilidades de hegemonía ideológica se abren inmensas para la burguesía y no serán las torpezas circunstanciales de su política que podrían zanjar a corto plazo esta confrontación.

Como justamente Daniel Jadue ha sostenido últimamente evocando a Lenin, con la situación que ha provocado el inicio del gobierno de Kast, van a producirse huelgas económicas que pueden derivar en huelgas políticas. Pero no hay que ilusionarse, porque el “Partido del Orden” será cooptado para “orientar el caos”. Sin un Partido y una izquierda transformadora, no habrá posibilidades de quebrar la hegemonía de la Derecha y de la ultraderecha.

Es imprescindible que las fuerzas progresistas comprendan más profundamente la trascendencia de este frente de lucha y que la acción política en la base popular se dote de la misión de transformarse en Aparatos Ideológicos de los intereses de clases del pueblo.

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KK KASST
DESSIN BECS

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