mardi 6 octobre 2026

CHINA Y LA TRANSICION AL SOCIALISMO

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PHOTOMONTAGE RI

 

Este texto propone una aproximación sintética a la República Popular China y a las bases de su formación social actual. / Reúne referencias históricas, políticas y económicas para comprender la construcción del llamado «socialismo con características chinas». / Sin abarcar la milenaria historia del país, el análisis se concentra en el período iniciado con la fundación de la República Popular en 1949. / La Revolución China y sus distintas etapas son abordadas como parte de una trayectoria histórica marcada por profundas transformaciones y contradicciones. / Desde Mao Zedong hasta Xi Jinping, sus dirigentes y políticas forman parte de una continuidad que el Partido Comunista de China reivindica. / La tradición cultural china resulta clave para comprender su particular manera de abordar las contradicciones y su relación con el mundo. / El fin del llamado «Siglo de la Humillación», en 1949, abrió una nueva etapa con la proclamación de la República Popular. / Entre 1949 y 1978 se inició la construcción socialista bajo el liderazgo de Mao, desde una situación de pobreza y debilidad nacional. / La Reforma y Apertura iniciada en 1978 modificó profundamente la estructura económica y las condiciones materiales de la población. / Desde 2012, bajo Xi Jinping, el país transita una nueva etapa definida oficialmente como la «Nueva Era del socialismo con características chinas». / El análisis aborda las principales transformaciones económicas y sociales ocurridas durante estos períodos. / También considera indicador es internacionales de desigualdad, desarrollo humano, educación, salud e ingresos. / Estos datos permiten dimensionar los avances alcanzados y, al mismo tiempo, reconocer las contradicciones y desafíos aún presentes. / Comprender el caso chino exige considerar conjuntamente su historia, su cultura y las particularidades de su desarrollo. / Más que ofrecer una conclusión definitiva, este trabajo aporta elementos para continuar la reflexión sobre la China contemporánea.

从相对的不完美到相对的完美
« O como pasar de “una relativa imperfección a una perfección relativa” (lema del mandato de Deng Xiaoping). »


Recopilación básica Alvaro Alarcón

Tiempo de lectura: 60 min.

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ÁLVARO ALARCÓN


INTRODUCCION 

El objetivo de este documento, es de estructurar una secuencia de informaciones esenciales sobre la República Popular China, para aproximarse de una definición de la formación social china actual, en torno a los fundamentos sostenidos de su carácter Socialista.

La intención es osada, dado lo vasto y profundo que es referirse a una nación de historia, civilización y cultura milenarias, de impronta universal innegable y habiendo transitado épocas de transformaciones revolucionarias dramáticas y relevantes.

Dada la intención de un tratamiento acotado del tema, no serán parte de este relato la antiquísima historia de China, o hechos de la historia más cercana como la Larga Marcha de 1934-1935, las guerrillas de Mao contra el corrupto Chiang Kai-shek, las guerras Sino-japonesas, la Segunda Guerra Mundial, la cruenta Guerra Civil de 1945-1949, la participación en la Guerra de Corea, etc.

En consecuencia, el contenido del texto es una síntesis simple de lecturas, condensada y con finalidades didácticas, por lo tanto, algunos eventos, conceptos o personalidades históricas pueden estar ausentes. Tampoco hay una confrontación con nociones clásicas del marxismo-leninismo, no siendo la finalidad de este trabajo “someter a juicio teórico” una ardua experiencia de la vida real. El propósito es presentar hechos, descripciones, definiciones, constataciones de períodos históricos, económicos y políticos de como asume el PCCH, el gobierno chino y su pueblo, la fundación de un Modo de Producción socialista que por definición reemplaza al Modo de Producción capitalista. La etapa siguiente es un inicio o continuación de la reflexión por el lector motivado.

Pero valga el intento, siempre perfeccionable, de aportar estos núcleos de referencias básicas, con los vacíos que podrán completarse.

La situation en Extrême-Orient
— Carte de la Chine, vers 1900, illustrant
 l'ingérence coloniale en Chine.
/ Conçue par le révolutionnaire
sino-australien Tsé-Tsanta

A pesar de la intención de objetividad en la búsqueda de datos, hay que señalar que el esfuerzo descomunal que se percibe en la construcción de dicha experiencia compleja por parte del pueblo chino, crea una benevolencia comprensible de los observadores del proceso. Esto también, como producto de los resultados objetivos que el transcurso de la realización de tal transformación social expone y que son convincentes.

El Presidente del Partido Comunista de Chile, Lautaro Carmona, expresa las siguientes frases en la conmemoración del 105 aniversario del PCCH: “Desde nuestra perspectiva, el Partido Comunista de China no solo ha encumbrado las esperanzas del pueblo chino, sino que también ha abierto nuevas expectativas para todos los pueblos que aspiran a construir sociedades más justas. En momentos en que algunos proclamaban el fin de la historia y la supuesta desaparición de toda alternativa al capitalismo, la experiencia china ha demostrado la vigencia del socialismo y la capacidad de los pueblos para imaginar y construir caminos diferentes”.

Las decisiones profundas del pueblo chino y sus dirigentes, han sido repetidamente asediadas, cercadas, y por qué no atormentadas, por universos históricos, ideológicos, culturales que surgen agudamente opuestos e incluso paradójicos. Desde la profundidad de sus orígenes, los chinos han enfrentado estos “fantasmas de la contradicción” con una conducta muy propia de ellos, de aceptar los opuestos como una integridad en su afinidad y divergencia (el Ying y Yang de la filosofía taoísta), en total oposición con el “dogma filosófico cartesiano” impregnado en occidente, de que el “negro será eternamente negro y jamás blanco”.

La apertura o no de China al mundo también provocaba dramas. Se puede recordar de manera anecdótica, pero significativa para la cultura secular china, que en períodos posteriores al año 1424, el decreto Hajin prohibió definitivamente los viajes transoceánicos de China hacia el orbe. Desde 1500 cualquiera que construyese una embarcación de más de dos mástiles era condenado a la pena capital, y desde 1551, adentrarse en el mar con una nave, constituía un crimen.

Esta esencia de fortaleza hermética podríamos aventurar de que persiste, en sucesos tales como etapas intensas de oposiciones o consensos relativos a aceptar o no, a comienzos del siglo XX, plenos acuerdos con la emergente URSS y la Internacional Comunista. O de asentir la ayuda o directrices extranjeras para el desarrollo, o de integrar el marxismo sin renegar la cultura ancestral, asimismo de remodelar las contradicciones de clases en función de contextos culturales propios, etc.

Igualmente, la percepción histórica está marcada por una idiosincrasia china peculiar. A pesar de coyunturas, con profundas diferencias y oposiciones teóricas, tácticas o estratégicas entre comunistas; para el PCCH, no hay rupturas en las etapas de la Revolución China, hay continuidad de los períodos y de sus dirigentes, de aquellos destacados o reprobados. De acuerdo a la historiografía china, todos han contribuido a los avances del presente.

Lo dicho, permite comprender que cuando los dirigentes chinos se refieren a un “Socialismo con características chinas”, no es un simple lema, sino que expresa una certeza que muchas veces no comprendemos en su profundidad si no ponderamos su sapiencia cultural.

China reveló y expuso al mundo una cultura floreciente, sutil y sagaz que lideró al mundo en su modernismo por milenios, pero que fue aplastada, degradada y empobrecida por las agresiones imperialistas y colonialistas repetidas de potencias occidentales, en lo que se ha denominado La Gran Humillación (1839 – 1949). 

En los esfuerzos colosales de progreso de la nación china contemporánea, hay muchos vestigios de esta amargura ancestral que pretende aplacarse restaurando aquella primacía perdida. 

Este Siglo de la Humillación, concluyó el 1 de octubre de 1949, con la proclamación de la República Popular China por parte de Mao Zedong, bajo la célebre premisa de que “el pueblo chino se ha puesto de pie”. Una Nueva China comenzaba.

La historia de la Nueva China puede dividirse en tres grandes etapas históricas:

1. 1949 a 1978: Liderazgo de Mao Zedong. Período del triunfo, de los Primeros Planes Quinquenales e inicio de la construcción del Socialismo, partiendo de una situación de pobreza. Se pone fin al estado semicolonial y semifeudal de miseria y debilidad de China

2. 1978 a 2012: Período de la Reforma y Apertura. Se aplican estrategias importantes de reestructuración económica. Se reconoció con mayor profundidad y énfasis que la lucha de clases ya no era la principal contradicción social y que era necesario elevar rápidamente el nivel de vida del pueblo chino. El PCCH resuelve que: “La principal contradicción que nuestro país debe resolver, es la contradicción entre las crecientes necesidades materiales y culturales del pueblo y el atraso de la producción social. 

En 2010, China se convierte en la segunda economía más grande del mundo. Los principales líderes son Deng Xiaoping, Jiang Zemin y Hu Jintao.

3. 2012 en adelante: Liderazgo de Xi Jinping. Nueva Era de la reforma y apertura y del Socialismo con características chinas. El PCCH afirma: “La principal contradicción de nuestra sociedad en la Nueva Era es la contradicción entre las crecientes necesidades del pueblo de una vida mejor y un desarrollo desequilibrado e insuficiente”. China se establece como un “cuasi-centro” del sistema económico mundial.

UN PORTRAIT DU PRÉSIDENT XI JINPING AUX CÔTÉS DE CEUX
DES ANCIENS DIRIGEANTS CHINOIS (DE GAUCHE À DROITE) :
MAO ZEDONG,  DENG XIAOPING, JIANG ZEMIN ET HU JINTAO.
PHOTO AFP

Según el Banco Mundial, China en 2025 presenta un índice de desigualdad en la distribución de ingresos de 36.0 (Coeficiente de Gini), es decir una desigualdad moderada. 

A título comparativo, la desigualdad de Estados Unidos es de 45.9 o sea una alta desigualdad económica.

Chile en 2024 tiene un índice de Gini de 43.0, es decir también una alta desigualdad.

La Organización de las Naciones Unidas, de acuerdo al Indice de Desarrollo Humano (IDH) 0,797, posiciona a China en el puesto 78 a nivel mundial. Con esta puntuación se clasifica a China dentro de la categoría de países con un desarrollo humano alto.

El IDH mide el progreso de un país a través de tres dimensiones básicas:

Salud, China tiene una esperanza de vida de 78,2 años.

Educación, los años esperados de escolaridad es de 15,5 años (el promedio de referencia es 8,0 años)

Economía, El Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita es de 22.029 dólares.

En Pekín, se celebra el centenario de la Revolución Rusa
FOTO TEH ENG KOON 

EL COMIENZO Y LA TEORIA

Maoísmo (1950 – 1976)

ANDY WARHOL, MAO

La Revolución rusa de 1917, inspiró a muchos grupos progresistas y revolucionarios chinos, sobre la posibilidad de tránsito hacia una nueva sociedad desde una realidad material muy alejada de una formación social de capitalismo desarrollado. La sociedad rusa de la época, presentaba un contexto de opresión feudal y atraso en todos los órdenes similar a la de China.

Asimismo, el Gobierno de la Rusia soviética renunció a todas las prerrogativas de la Rusia zarista sobre el territorio chino, lo que alentó el atractivo que esa revolución infundía acompañado de la teoría marxista que orientaba.

Sin embargo, había dudas que siempre han existido en el proceso revolucionario chino. Esto iba desde quienes planteaban justamente que los principios generales del marxismo deben integrarse con la realidad nacional y evolucionar en el proceso de integración, hasta quienes pensaban que siendo China un país atrasado, debía adoptar una teoría autónoma e independiente. La conclusión era que el marxismo nunca podría funcionar en China, sino a través de una adaptación a la realidad.

Una etapa larga y crucial del proceso revolucionario chino, fue definir el carácter de la revolución y como esta se encarnaba en las particularidades de la sociedad china. Un aspecto esencial como esta disyuntiva, entre otras del período, es priorizado en esta síntesis.

ANDY WARHOL, MAO: SERIE COMPLETA, F-S-90-99, SERIGRAFÍA,
COMPOSITION GALLERY

Sin plantearse todavía formalmente la “sinización” del marxismo, esta era ya una condición para que los revolucionarios chinos adoptaran sus teorías y métodos, es decir la adaptación de la teoría marxista a la realidad china.

Estas contradicciones se pusieron de manifiesto, cuando la Internacional Comunista (IC) ayudó a construir el PCCH. Algunos abogaron por un partido autónomo que alentara un proceso revolucionario a su manera. Posteriormente estos posicionamientos disminuyeron.

Muchos intelectuales progresistas optaron por estudiar en el extranjero, para obtener formaciones que les permitieran acelerar el proceso de transformación en el país. El propio Mao ayudó a quienes querían viajar, el mismo pudo ir a Francia, pero finalmente desistió, pues pensaba que era preferible investigar la realidad en el territorio mismo. Fue uno de los pocos que decidió no partir al exterior.

Mao Zedong estaba convencido de que la singular cultura china, exigía la adaptación de cualquier teoría. Por ejemplo, la orientación de acumular fuerzas en zonas industriales avanzadas era inaplicable en China. Mao propuso la teoría inversa, más bien fortalecerse en el campo, para después acometer las ciudades.

La IC dirigida por Lenin prestó su ayuda para constituir el partido comunista en todas las ciudades en que se formaban círculos comunistas, varios delegados de la IC se desplazaron a China. En 1920 en Shanghái surgió el primer brote organizativo. El PCCH se funda el 1 de julio de 1921 y se autodefine de inmediato como “partido revolucionario marxista”.

Aunque algunos primeros adherentes tenían diferentes creencias y posturas, todos ellos aceptaban puntos esenciales del marxismo porque habían sido educados en la cultura tradicional china que perseguía un ideal denominado Datong, donde “todo bajo el cielo es para el pueblo”.

Mao Zedong fue el gran pionero de la sinización del marxismo. Para Mao, los campesinos pobres también formaban parte de la vanguardia de la revolución.

Los levantamientos campesinos numerosos, marcaban un nuevo rumbo para la Revolución China. Nació el ejército popular dirigido por el PCCH. La estrategia era organizar puntos de apoyo en el campo, para conquistar las grandes ciudades con ayuda exterior. La posición de la IC era más bien designar dirigentes de extracción obrera en desmedro de militantes campesinos, el PCCH criticaba estas decisiones como graves errores que perjudicaban la dinámica operativa y conceptual del partido.

En las relaciones entre el campo y las ciudades, los textos marxistas han privilegiado siempre el papel del proletariado urbano en las actividades revolucionarias. Pero en China, el campesinado representaba la inmensa mayoría de la población y sólo en el campo se daban objetivamente las condiciones para promover la revolución.

El PCCH reprobaba “las ideas erróneas” que propugnaba la IC en el partido, que demostraba que no conocían verdaderamente la realidad china.

En el contexto de esta discrepancia de fondo, Mao fue el primero en desplazar al campo el centro de gravedad del proceso. Desautorizó la contraposición entre la dirección del proletariado y el papel del campesinado como fuerza principal de la revolución. Mao no consideraba perjudicial que, en el curso de la lucha, la fuerza de los campesinos fuera predominante ya que ello derivaba de la condición semicolonial de China.

Esto creó disensiones en el partido, había dirigentes que sostenían ideas opuestas, reafirmando que el proletariado era la fuerza decisiva y criticando la tesis de cercar las ciudades desde el campo.

Tuvieron lugar polémicas y discusiones sobre cómo combinar los principios básicos del marxismo con la realidad específica de China, y surgieron posicionamientos sobre temas recurrentes como la disputa sobre el camino de la Revolución china. Mao concluyó, que, a través de la práctica, la particularidad y complejidad de la sociedad china, realzaba la importante significación de la comunidad agraria.

La agravación de las hostilidades contra Chiang Kai-shek y una brutal agresión de Japón, deja maltrechos los efectivos revolucionarios y confrontados a la urgente necesidad de consolidar las fuerzas de la revolución nacional democrática. En la sexta sesión plenaria del VI Comité Central del PCCH en 1938, se afianza la idea de que el marxismo debe combinarse con la realidad china y materializarse de forma democrática. 

La intervención activa de la Internacional Comunista, polarizó las disputas entre “dos marxismos”, un “marxismo verdadero” opuesto a un “marxismo nacional” que, por su sola denominación, le impediría ser marxismo.

Mao manifestó: “No existe marxismo abstracto, sólo marxismo concreto”. Esto puede traducirse en el criterio de que el llamado marxismo concreto expresa una modalidad nacional del marxismo, es decir, su aplicación concreta al entorno específico de China, en lugar de aplicarlo de manera abstracta. Es así como se podría lograr que echara raíces, convirtiéndose en parte de la nación china y fusionándose con ella. Referirse al marxismo prescindiendo de las características chinas es simplemente hablar de un marxismo abstracto y vacío de escasa traducción operativa. Por tanto, su sinización hace que tenga características chinas en todas sus expresiones. Y es aquí cuando se cita por primera vez y formalmente el concepto de sinización.

Es sorprendente el carácter actual que tienen estos debates de los años 30 – 40, para la China contemporánea.

Según Mao, aplicar el marxismo de acuerdo con las características de China, es una cuestión que todo el partido necesitaba comprender y resolver con urgencia, sin dependencias del exterior, aboliendo los estereotipos, prescindiendo de melodías vacías y abstractas que debían ser sustituidas por otras nuevas del estilo y gusto de la sociedad china. El marxismo concreto, se describe a través de una frase china proverbial: “buscar la verdad en los hechos”.

El PCCH interpretó la proclamación de la Nueva China en 1949, como un triunfo del marxismo-leninismo y una victoria del pensamiento de Mao Zedong, aceptados ambos como guías de su proceso y ejes de su proyección en el ámbito internacional.

La reforma agraria puso fin a la base económica del feudalismo. En lo económico y social, una multitud de reformas se pusieron en marcha, reformando las empresas estatales, aprobando la ley de matrimonio, emancipando la mujer.

La restauración de la economía se completó con el I Plan Quinquenal que impulsaba la industrialización. La realidad de gran retraso imponía etapas. El PCCH planeaba entonces un horizonte de al menos 15 años o más para el tránsito hacia el nuevo sistema socialista.

La combinación de ritmos demasiado rápidos y períodos demasiado cortos deparó algunos resultados desfavorables. Pese a aceptar el apoyo de la URSS en estos primeros y decisivos años, la política principal trazada por el PCCH apuntaba a apoyarse sobre todo en los propios esfuerzos, la ayuda exterior era considerada auxiliar. La cooperativización en la agricultura se cumplió en 7 años, con once años de anticipación sobre lo programado. El ritmo aplicado en otros ámbitos de la producción, tenía la misma intensidad.

El PCCH no adoptará el modelo unipartidista soviético, sino la colaboración multipartidaria a través del frente unido bajo su dirección. Incluso actualmente en China existen 9 partidos políticos, de los cuales el más importante y rector es el PCCH.

En el VIII Congreso (1956) se detalló con flexibilidad lo que había de ser el cuadro de la economía china, con una combinación de espacios reservados a la economía estatal, la colectiva y también la individual, con planificación y mercado, representando todo un ensayo de reforma de la estructura económica que obedecía a la superación de cualquier modelo conocido de socialismo. En la época, Deng Xiaoping apeló a la educación ideológica, especialmente a la elevación del nivel marxista-leninista en el partido.

La precipitación en busca de éxitos rápidos derivó en la fijación de metas cada vez más altas, aun a riesgo de afectar la estabilidad económica. En consecuencia, surgieron los primeros brotes de escasez y conflicto, ya en el campo o en las ciudades, con francas críticas a la acción de Gobierno.

La discusión abierta sobre las contradicciones en el seno del pueblo dio pie a una campaña de rectificación que excedió los límites previstos por el partido. La significación de “sentimientos hostiles hacia el socialismo” derivó en la tirantez política que propició el contraataque del partido hacia los considerados “derechistas”.

El Gran Salto Adelante (GSA 1958 – 1961), supuso una estratégica tentativa de explorar un camino propio para China en la construcción del socialismo, poco exitosa, a juzgar por el resultado. Mao planteó que China alcanzaría o superaría Gran Bretaña en 15 años en la producción de acero. Se trataba de luchar duro durante tres años para librarse del atraso económico, un empeño loable pero irrealista.

Las altas metas, sobreestimaciones, falsas informaciones, etc., impactaron en el funcionamiento normal del partido, muy afectado en su dinámica habitual debido al terreno ganado por el culto a la personalidad, la arbitrariedad y la minusvaloración de la dirección colectiva. Las comunas populares, una idea promovida por Mao, integrando la industria, la agricultura, el comercio, la educación y la milicia, se convirtieron en la entidad básica de la sociedad china.

El PCCH sentencia que el GSA y las comunas populares constituyeron un grave error en el proceso de exploración de un camino propio para construir el socialismo. En 1961 se suspendieron el GSA y la comuna como sistema básico de propiedad.

Una autocrítica generalizada se plasmó en el reconocimiento de la falta de prudencia y modestia en la conducción del proceso. Más de 6 millones de cuadros políticos que habían sido sancionados fueron rehabilitados.

Controversias entre China y la URSS se manifestaron en el período de la dirigencia de Jruschev y en torno a diferencias de criterios respecto a algunos problemas planteados en el XX Congreso del PCUS, escenario de las críticas directas a Stalin. Las relaciones entre ambos partidos se interrumpieron, después de la culminación de incidentes con el envío de tropas a Mongolia.

El fondo del problema también residía en la capacidad de integrar los principios universales del marxismo con la práctica concreta de la revolución en un determinado país.

En el plano interno, Mao temía una tendencia a una hipotética restauración del capitalismo y conminaba a tener presente la lucha de clases como motor de la revolución. Ya se preparaba el ambiente para la inminente Revolución Cultural.

La Revolución Cultural (1966 – 1976), iniciada y dirigida por Mao, respondía a la idea de un camino propio al socialismo de China manteniendo la pureza ideológica del partido.

Se sancionó a supuestos seguidores del “camino capitalista”, entre ellos Deng Xiaoping y Zhou Enlai. Los Guardias Rojos, con el Libro Rojo en mano que contenía las principales máximas de Mao, recorrieron el país en una acción devastadora para poner fin a la “línea reaccionaria burguesa”.

En los años 1967 y 1968 no pudieron aplicarse los planes económicos anuales y la gestión económica se degradó notablemente.

Se condenó a la llamada “Banda de los Cuatro”, grupo de altos dirigentes orientados por la esposa de Mao, Jiang Qing, dispuestos a la continuación de la Revolución Cultural.

Mao recurre a Deng Xiaoping para retomar el anhelo de la modernización en el país, poniendo de nuevo el foco en la construcción económica. El balance de esa década se resumió en caos y desgracia.

Los grandes méritos de Mao fueron reconocidos, pero el énfasis se reservó para su pensamiento como sistema científico que integra los principios universales del marxismo-leninismo y la práctica de la modernización y su desarrollo en las condiciones económicas concretas.

A Mao se le reconoce oficialmente como logro destacado el haber resuelto la siempre difícil conjunción entre la teoría y la práctica en el partido.

En tres aspectos básicos se podría resumir sus aportes sustanciales: buscar la verdad a partir de los hechos, su línea de masas y su lucha por la independencia. El pensamiento de Mao Zedong refleja la práctica de explorar vías de construcción socialistas adecuadas a las condiciones nacionales de China.

Mao, afirma el PCCH, concedió gran importancia a los fundamentos básicos del marxismo y siempre insistió en utilizarlos para resolver los problemas prácticos de China basándose en sus principios, luchando contra diversas tendencias erróneas y resumiendo en profundidad la experiencia revolucionaria.

LA DELEGACIÓN COMUNISTA CHINA ANTE LAS NACIONES UNIDAS
TOMA ASIENTO EN LA ASAMBLEA GENERAL EN NOVIEMBRE DE 1971. 
FOTO ASSOCIATED PRESS

En 1971 se restaura la presencia de China en la ONU como único país representativo.

Bajo la inspiración del maoísmo, la China que va de 1949 a 1978 logró una tasa media de crecimiento anual del PIB superior al 6%, a la par que dio forma a todo el sistema económico nacional, más rápido de lo que creció el resto del mundo (un 4,7%). Ello a pesar de que China estaba embargada por EEUU hasta la visita de Nixon en 1972; del desacuerdo con la URSS; de, internamente, turbulencias políticas graves de la época; y de las dificultades internacionales derivadas de la presión exterior, entre otros. En estas circunstancias, el cambio que China experimenta en 1978, con el inicio de la política de la reforma y la apertura, creciendo a una media del 9,3% anual, parte del reconocimiento crítico de los logros de esa primera fase de economía planificada.


DENGUISMO. REFORMA Y APERTURA (1978 – 2012)

Deng Xiaoping (1978)

DENG XIAOPING EN FRANCIA CIRCA 1920
Deng Xiaoping, como en una especie de “alternancia”, antepone el crecimiento económico a la ideología, y reafirma con énfasis la necesidad de un “socialismo con peculiaridades chinas”. Privilegia el desarrollo económico porque estimaba que el “socialismo está llamado a acabar con la pobreza” y que era preciso y urgente elevar progresivamente el nivel de vida so pena de fracasar en el propósito de modernización. 

Deng priorizaba establecer una mejor base material del proceso como manifestación de un “auténtico marxismo”. 

Recupera el axioma de las Cuatro Modernizaciones, que fueron propuestas inicialmente por el primer ministro Zhou Enlai en 1963, pero Mao en su posición radical de la época bloqueó su avance. El objetivo central era transformar a China en una potencia económica global hacia fines del siglo XX mediante la renovación de las cuatro áreas estratégicas siguientes:

Agricultura: Se desmantela progresivamente la colectivización agraria forzada del maoísmo. Se introduce el Sistema de Responsabilidad Familiar, permitiendo a los campesinos arrendar parcelas privadas y vender sus excedentes en mercados libres para estimular la productividad.

Industria: Se descentraliza el control estatal de las fábricas y se promueven empresas privadas locales. El hito clave es la creación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) en las costas (como Shenzhen), diseñadas para atraer inversión extranjera masiva y tecnología de Occidente.

Defensa Nacional: Se transforma el Ejército Popular de Liberación (EPL). Se abandona la doctrina de guerra de guerrillas de masas para orientarse hacia unas fuerzas armadas más pequeñas, profesionales, con jerarquías militares reintroducidas y equipamiento tecnológico de vanguardia.

Ciencia y Tecnología: Tras el desmantelamiento del sistema educativo durante la Revolución Cultural (cuando se cerraron universidades), se reabren los centros de educación superior. El gobierno prioriza la investigación científica, enviando a miles de estudiantes al extranjero y promueve la absorción tecnológica internacional.

Para el PCCH, el marxismo es una ciencia que se desarrolla y enriquece con la integración de la teoría y la práctica en los diversos países en función de las condiciones históricas.

En China, ese proceso de adecuación del marxismo a la realidad del país, experimentó un primer salto en el período de la nueva democracia al señalar un camino para conducir la revolución a la victoria.

Un segundo salto se producirá cuando se traza el detalle del socialismo con particularidades chinas, en esta etapa de reforma y apertura. Se plantea la necesidad de pasar por una etapa primaria muy prolongada para la construcción socialista en condiciones de atraso económico y cultural. Es tarea fundamental, la exigencia de desarrollar las fuerzas productivas y concentrar los esfuerzos en la modernización de la sociedad socialista. Se caracteriza la economía socialista como economía mercantil planificada. La reforma es una importante fuerza motriz para el desarrollo de la sociedad y para la apertura al exterior como condición indispensable en la modernización.

En concreto, la colectivización agraria disminuye, las comunas desaparecen y dan lugar a la responsabilidad de grupos familiares en la explotación de parcelas privadas y se autoriza la venta de excedentes como estímulo a la productividad.

Se descentraliza el control estatal industrial, se permiten las empresas privadas y se crean zonas de atracción de la inversión y tecnología extranjera.

Deng Xiaoping llamó a emancipar la mente, eliminar el anquilosamiento ideológico y recuperar los fundamentos del marxismo, es decir, el actuar en función de la realidad.

La emancipación mental preconizada por Deng exigía como premisa la observación de la democracia interna. Para ello se recuperó el énfasis en el sistema legal y en la consolidación institucional, abriendo espacios para un ejercicio elemental de la libertad de opinión y el liderazgo colectivo. En lo económico se descentralizan los poderes, ampliando la autonomía de los diferentes actores.

Deng también planteó el permitir que algunas zonas del país, una parte de las empresas y una parte de los obreros y campesinos pudieran acceder a una vida mejor antes que otros.

La exploración de un nuevo camino bajo el principio de la “emancipación de la mente” excluyó tanto el enfoque adoptado durante la Revolución Cultural, como por otro lado, aquellas posiciones que alentaban a seguir el rumbo capitalista como consecuencia de los errores cometidos.

En marzo de 1979, para combatir la acción “corrosiva” de la ideología burguesa, Deng formuló los Cuatro Principios Fundamentales, es decir irrenunciables y que persisten hasta hoy:

Persistir en el camino socialista. 

En la dictadura democrático-popular. 

En el liderazgo del PCCH. 

En el marxismo-leninismo y el pensamiento de Mao Zedong.

MARC BURCKHARDT, EN LA ILUSTRACIÓN DE UN ARTÍCULO DEL WALL STREET JOURNAL
TITULADO «XI JINPING SE INSCRIBE EN EL LEGADO RADICAL DE MAO»

Estas cuatro persistencias debían inspirar la materialización de las cuatro modernizaciones antes mencionadas, Por tanto, desde el primer momento, la política de la reforma y apertura afirmaba persistir en su fundamento marxista y en su orientación socialista.

La contradicción principal del período no es la lucha de clases, sino la existente entre la demanda social y un desarrollo insuficiente de la economía.

El pensamiento de Mao Zedong seguiría representando la aplicación y el desarrollo del marxismo-leninismo en las condiciones propias de China.

A partir de esta constatación, Deng planteó abrir un camino de tipo chino para la modernización que tuviera en cuenta tanto la pobre base material como la inmensa población del país y la poca tierra cultivable disponible.

El análisis de si tal o cual proceder se apartaba o no del socialismo ha estado presente en la reforma durante largo tiempo y representa una constante que demuestra el persistente afán por garantizar la fidelidad al rumbo original del proyecto. Surgía en paralelo a la adopción de iniciativas a modo de ensayo, como el sistema de responsabilidad en la producción agrícola, consistente en la fijación de cuotas y de trabajo en función del grupo o la familia.

El cómo tratar la propiedad privada ha sido otro de los caballos de batalla relevantes, algo que ha sido objeto de debate durante más de una década hasta la aprobación en 2007 de un nuevo código de derechos reales, que en sus más de mil artículos afrontó, por primera vez en la historia de la RPCH, la regulación de las diversas manifestaciones de lo que en China se entiende por economía no pública, incluida la propiedad privada.

La transformación acelerada, que vino a renglón seguido, trajo consigo la difusión de la idea de liberalización burguesa que ponía en cuestión la idoneidad y vigencia de aquellos cuatro principios fundamentales planteados por Deng, (camino socialista, dictadura del proletariado, dirección comunista, marxismo-leninismo y pensamiento de Mao).

La liberalización burguesa fue señalada como un peligro para la estabilidad y se marcaron límites políticos. Con todo, la concentración en los temas económicos vinculados al crecimiento y el desarrollo propició cierta desatención de los asuntos ideológicos.

PLAZA DE TIAN'ANMEN, PEKÍN, CHINA, MAYO DE 1989.  ANTES DE QUE EL
EJÉRCITO  TOMARA EL CONTROL DE LA PLAZA, REINABA UN AMBIENTE DE
 OPTIMISMO ENTRE LOS ESTUDIANTES Y LOS TRABAJADORES QUE SE
MANIFESTABAN CONTRA LA CORRUPCIÓN Y A FAVOR DE UNA MAYOR DEMOCRACIA.
FOTO STUART FRANKLIN

En el análisis de la revuelta estudiantil de Tiananmen (1989), el PCCH atribuyó la causa principal al desbordamiento de las ideas de liberalización burguesa que promovían la occidentalización en todos los aspectos y la implantación de un sistema económico y político capitalista. Parte de la responsabilidad del descontento social residía en las contradicciones surgidas al abrigo de la reforma. Además, el contexto internacional, marcado por la Perestroika en la URSS y sus efectos en Europa del Este, empujaba en la misma dirección.

Deng se mantuvo firme en la defensa de los cuatro principios fundamentales, antes mencionados, como antagonistas de la liberalización burguesa.

Se estableció una línea de demarcación clara acerca del sentido último de la reforma y apertura: no eran una coartada ni pretendían servir de excusa para auspiciar una occidentalización total ni tampoco el capitalismo.

Tras este “incidente”, como fue calificado oficialmente, Deng dimitió de su cargo como presidente de la Comisión Militar Central. El PCCH reiteró que sus teorías se sustentaban en la idea de combinar el marxismo-leninismo con la realidad china y representaban la continuación y desarrollo del pensamiento de Mao Zedong bajo las nuevas condiciones históricas. No se trataba de desplegar un proyecto de otra naturaleza.

A partir de entonces, el proceso de clarificación interna prestó gran atención a la construcción ideológica. En adelante, toda persona que se incorporara a los cuerpos dirigentes debía cursar estudios en la escuela del partido y todos debían acudir a ella regularmente para mejorar su formación de manera permanente. La educación ideológica en el socialismo volvió a ser objeto de atención.

En esta etapa, dos objetivos sobresalen en el Denguismo:

Desarrollar una economía mercantil planificada socialista basada en la propiedad pública, donde se combine la planificación con la función reguladora del mercado.

Elevar la significación de la civilización socialista en lo espiritual

Complementariamente, en el problema de Taiwán, Deng aboga por una solución pacífica, en la idea de “un país, dos sistemas”. Se enfatiza que China aplica el socialismo como lo principal y que, en ese contexto, permitir que unas pequeñas regiones particulares apliquen el sistema capitalista no resultaría perjudicial. Esta propuesta sería implementada en los territorios recuperados de Hong Kong y Macao bajo la fórmula de la región administrativa especial.



La etapa primaria del Socialismo

En la década de 1840, Marx tenía una visión bastante certera sobre la transición hacia el socialismo y el comunismo. Se trataba de una progresión por etapas: feudalismo, capitalismo, socialismo, comunismo. 

En ese contexto, el Denguismo introduce una aportación evidente: la conceptualización de la etapa primaria de la economía socialista de mercado, que expresarían esa voluntad de innovación, muy dependiente de las necesidades políticas del entorno.

En efecto, China partía de un grado de desarrollo muy atrasado económica y culturalmente. Deng sugiere, a la vista de esta situación, introducir una etapa primaria antes del período que Marx calificó de transición al socialismo. China se encontraría realmente en dicha etapa. El fundamento de la teoría de Deng es que en ella persista la dirección del partido para asegurar la vigencia en todo momento de la hoja de ruta hacia el socialismo.

La teoría de la “etapa primaria del socialismo” plantea una reformulación del concepto mismo de socialismo, concibiéndolo como una etapa relativamente larga. El sistema socialista tenía que atravesar necesariamente por un largo proceso para pasar “de una relativa imperfección a una perfección relativa”. Esta contribución teórica es la más importante conclusión del XIII Congreso (1987).

El PCCH discutió esta cuestión de la etapa primaria del socialismo por primera vez en el marco de la formulación de las tres etapas del socialismo referidas al sistema económico. Conforme a las hipótesis del académico y teórico chino Cheng Enfu:

  • La Etapa Primaria: Incluiría la propiedad pública como principal y la privada como auxiliar, más la distribución orientada al mercado y en función del trabajo como órgano principal y la distribución en función del capital como auxiliar, además de una economía de mercado dirigida por los planes quinquenales.
  • La Etapa Intermedia: Incluiría, por tanto, una variedad de propiedad pública, más una distribución según el trabajo, así como una economía planificada por el Estado como órgano principal y la regulación del mercado como auxiliar.
  • La Etapa Avanzada: El Comunismo, estaría determinada por la propiedad pública única de todo el pueblo, la distribución de bienes en función de las necesidades y una economía totalmente planificada. Todo lo cual estaría en clara contraposición con un sistema capitalista, que tiene la propiedad privada como referente principal, más la distribución en función del propio capital y una economía de mercado.

Comprender de forma correcta el momento histórico del proceso constituía una premisa clave para enfatizar primero, que se debía persistir en el socialismo y, segundo, que se debía reconocer la necesidad de pasar por un período de pleno desarrollo de las fuerzas productivas.

La diagnosis incidía en que China estaba lejos de haber superado la etapa primaria del socialismo. Alcanzarlo sin atisbar ese desarrollo era una actitud utópica, como mecanicista era pensar que China pudiera emprender el camino socialista sin necesidad de pasar por ese tramo de pleno desarrollo. Estas afirmaciones sirvieron de referencia para implementar la política denguista de la reforma y apertura y se consideraron una importante contribución de los comunistas chinos a la teoría del socialismo científico.

La línea que debía seguirse en esta etapa de “reforma y apertura” fue resumida de modo abreviado en “un eslabón principal y dos puntos básicos”:

El eslabón principal es la construcción económica.

El primer punto básico son los cuatro principios fundamentales (socialismo, dictadura del proletariado, dirección del partido, marxismo-leninismo y pensamiento de Mao).

El segundo punto básico es la reforma y apertura.

El XIII Congreso reafirmó el criterio de que la reforma y apertura representan una “correcta línea marxista”, atribuida a la valentía de Deng Xiaoping y que descansa en la comprensión de la etapa histórica concreta. Ese período histórico es la etapa primaria del socialismo, la cual será “muy prolongada”, ya que todavía se está lejos de superarla; “unos 100 años podría requerir”.

El PCCH reconocía entonces que era preciso mantenerse alerta contra las desviaciones. Como desviación derechista podría considerarse: negar los cuatro principios fundamentales o promover la liberalización burguesa. Como desviación izquierdista: rechazar la reforma y apertura y considerar que la política económica puede representar un riesgo para desnaturalizar el sistema.

Los aportes de Deng Xiaoping facilitaron la superación del rechazo a conceptos como el mercado o la propiedad privada. Conjuró la premura en la construcción de la nueva sociedad, con el conocido aserto de que “llegaremos al socialismo dando un largo rodeo por el capitalismo”. Propuso la fórmula “un país, dos sistemas”, como alternativa para la reunificación pacífica de Taiwán. Igualmente, combinar el socialismo con el mercado y el enriquecimiento común.

Esta etapa primaria del socialismo, deberá gestionar los desequilibrios y las desigualdades como una realidad imposible de evitar por un tiempo.

JIANG ZEMIN, SECRETARIO GENERAL DEL PARTIDO COMUNISTA CHINO,
PRESENTA SUS INFORMES EN LA INAUGURACIÓN DEL XIV CONGRESO DEL
PARTIDO  COMUNISTA CHINO, CELEBRADO EN PEKÍN EN 1992.
AL AÑO SIGUIENTE ASUMIÓ LA PRESIDENCIA.
FOTOGRAFÍA MIKE FIALA

Jiang Zemin (1989). Teoría de Las Tres Representaciones

El PCCH hace evaluaciones de la estructura social que va adquiriendo la etapa primaria del socialismo con “características chinas”, y destaca que el énfasis en la lucha de clases deja entonces de significarse como reflejo de la contradicción principal, para ceder esa posición al avance de la construcción económica para satisfacer la demanda social. La organicidad del partido se adapta por tanto a los nuevos conceptos estratégicos.

La principal contribución de Jiang Zemin Secretario General del PCCH y Presidente de la República Popular China en 2000, a la sinización del marxismo, es la teoría de las tres Representaciones o de la Triple Representatividad, estando próximo a finalizar su segundo y último mandato.

Las tres premisas fundamentales de la teoría, establecen que el Partido Comunista de China debe representar en todo momento:

1. Las fuerzas productivas más avanzadas: El desarrollo económico, tecnológico y la innovación, lo que justifica el apoyo estatal al sector privado, la industria moderna y la propiedad privada.

2. La cultura avanzada de China: El desarrollo de una cultura nacional, socialista, científica y de masas, fusionando el marxismo con la preservación de los elementos tradicionales avanzados de la cultura china.

3. Los intereses fundamentales de la mayoría del pueblo: Garantizar que las políticas del Partido beneficien de forma generalizada a los ciudadanos chinos, elevando su nivel de vida.

Estas tres representatividades conllevan la readecuación de la representación de clases del partido, esto supuso una ruptura ideológica drástica, en consonancia con el cambio y redefinición de la lucha de clases como contradicción principal de la sociedad.

El PCCH dejó de definirse exclusivamente como un partido de la clase obrera y campesina, en conflicto permanente con la burguesía.

Es decir, que, permitiendo el ingreso al partido de capitalistas, empresarios, directivos y clase media emergente, reinterpreta el rol de clases de estos sectores sociales. Son, en consecuencia, más bien “creadores de riqueza necesarios para el Estado” que “explotadores”.

Esta teoría consolida igualmente el socialismo de mercado, que fue el sustento teórico que acompañó la histórica entrada de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001 y el auge de la privatización interna.

La teoría de Jiang Zemin, adquiere el rango de Pensamiento de Las Tres Representatividades, lo que la eleva a una alta consideración. Actualmente esta teoría tiene rango constitucional y forma parte del acervo ideológico oficial del PCCH, situándose en el mismo nivel político que el Pensamiento de Mao Zedong, la Teoría de Deng Xiaoping y el Pensamiento de Xi Jinping.

La aceptación de estos principios, controvertidos en la medida en que podrían alterar, en opinión de algunos, la naturaleza de clase del PCCH, facilitó la progresiva incorporación al partido del nuevo sector empresarial privado que surgió como consecuencia del proceso de reforma, acentuando el perfil interclasista de la formación.

La década de 1980 y 1990 marcaron un período de transformaciones profundas en la sociedad china impulsadas por las reformes de Deng Xiaoping, entre las cuales:

La migración rural a las ciudades, sin alterar el registro de residencia de origen (hukou). Este registro permite acceder a derechos y beneficios sociales, en las categorías de regiones rurales o urbanas, pero en los límites de la zona de residencia. Esto significó una migración que perdía sus derechos por abandono del lugar de procedencia. Se han planteado legislaciones que aligeren esta dificultad administrativa.

El sistema de responsabilidad familiar sobre las parcelas agrícolas aumentó la productividad, pero al mismo tiempo la mecanización y la diminución del personal agrícola, todo esto sumado a la apertura de posibilidades en zonas urbanas, dinamizaron el éxodo rural. La urbanización se acelera y crea una nueva clase trabajadora urbana, que contribuyó significativamente a la transformación de la realidad del país.

Paralelamente emergió una clase media compuesta por empresarios, profesionales, académicos y funcionarios del Gobierno que se beneficiaban de las políticas de liberalización económica. Esta nueva clase con mayor acceso al consumo, educación y servicios, cambió el país tradicionalmente igualitario del período maoísta y por consiguiente generó un incremento en las desigualdades económicas y sociales. Aumentaron considerablemente las disparidades entre áreas urbanas y rurales, así como entre regiones, particularmente aquellas de la costa planificadas para acoger los capitales internacionales respecto a las menos desarrolladas del interior.

Una elite económica se ha enriquecido al calor del crecimiento económico y de la expansión de la clase media. En China, 895 ciudadanos acumulan una fortuna superior a los mil millones de dólares (Instituto Hurun, 2023), representando 30% más del que alberga EEUU (691). Aunque los adinerados norteamericanos siguen amasando fortunas más abultadas.

El 1% de los más acaudalados poseen el 30% de la riqueza nacional en China, en EEUU el 1% posee el 31,7% y en Chile el 1% más rico posee el 50% de la riqueza.

En China, la posesión de una fortuna, en cualquier caso, no libra de tener que rendir cuentas, y no es infrecuente la apertura de investigaciones periódicas y, en su caso, el ingreso en prisión de más de un acaudalado. El gobierno mantiene un fuerte control sobre las grandes fortunas. Este año, los tribunales chinos condenaron a cadena perpetua, multas y pérdida de bienes por estafas, al mayor especulador inmobiliario chino Xu Jiayin. Asimismo, 7800 individuos de alto patrimonio, abandonarán China este año 2026.

Habitualmente, el discurso del PCCH en el Denguismo, admitiendo que la brecha entre pobres y ricos tendría que ensancharse en un principio para ir cerrándose más adelante, insistía en que la economía no pública debía implicarse en el desarrollo de funciones sociales que garantizaran la armonía. El reclamo de una dimensión social de la propiedad privada, no obstante, ha gozado de poco predicamento práctico en una clase empresarial que prioriza una desmedida ambición frente a cualquier estándar de mínima justicia social.

Se comprende por ello que, más recientemente, en China se hayan implementado regulaciones más estrictas bajo la política “de prosperidad común”, que busca reducir la desigualdad y controlar la influencia de los grandes empresarios. Esto, como se ha ya descrito, ha resultado en investigaciones, multas y restricciones para los más ricos del país.

Este período también vio una transformación en el ámbito familiar y los valores tradicionales. Con la urbanización y la integración femenina en la fuerza laboral, los modelos familiares cambiaron constituyendo núcleos más pequeños, a lo cual contribuyeron el decrecimiento demográfico como efecto de la política del hijo único, nuevas dinámicas familiares, el envejecimiento de la población e igualmente rupturas de hogares más frecuentes en el tráfago de una nueva sociedad industrializada, con la multiplicación de moradas reducidas a una sola persona.

La apertura internacional introdujo nuevas ideas, bienes de consumo y prácticas culturales, transformando las aspiraciones y el estilo de vida de los ciudadanos chinos.

Sin embargo, estos cambios rápidos también generaron tensiones, incluyendo problemas de acceso a la vivienda, servicios sociales limitados y una creciente conciencia sobre la necesidad de reformas políticas.

Es el inicio de su camino hacia una potencia moderna, pero afrontando complejos desafíos sociales.

EL CARTEL SE EXPUSO POR TODO EL TÍBET PARA CELEBRAR
EL 50.º ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA REGIÓN AUTÓNOMA DEL TÍBET EN 1965
CARTEL DE 2015.

Hoy en el partido, hay sectores de diferente extracción social; no obstante, el temor de la social democratización dice el PCCH, se disipó por tres razones:

1. En el socialismo chino se reconoce el liderazgo del PCCH, cuestión de capital importancia práctica.

2. Persiste una gran diferencia con la social democracia, ya que el PCCH, aun con los cambios en la radiografía de su militancia, persevera en la misión de transformar la sociedad hacia el socialismo -una tarea que la social democracia niega al conformarse con la gestión del capitalismo-, y el Partido Comunista de China, lo hace sin perder de vista aquellos cuatro principios fundamentales que Deng situó como fronteras ideológicas inalterables (camino hacia el socialismo, dictadura democrático-popular, conducción por el PCCH, bajo la orientación del marxismo-leninismo y el Pensamiento de Mao).

3. El PCCH, atendiendo a la naturaleza de su compromiso marxista, considera siempre el interés de toda la sociedad como su meta de lucha, mientras que la social democracia representaría a grupos selectivos, no a todo el pueblo.

En un mitin conmemorativo del 40 aniversario de la RPCH , Jiang destacaba como como tarea fundamental el desarrollo enérgico de las fuerzas productivas, recordando que la reforma socialista se basa en el reajuste de aquellas partes de las relaciones de producción que no se adecúen a las fuerzas productivas (“la lucha de clases no es la contradicción principal, sino esta es más bien se sitúa entre el avance de la construcción económica y la satisfacción de la demanda social”) y de aquellas de la superestructura que no cuadren con la base económica, conforme al nivel real de las fuerzas productivas sociales y a las exigencias objetivas de desarrollarlas en mayor grado (“Pensamiento de las Tres Representatividades, que entre otras modificaciones, extiende la organización del partido a todos los grupos sociales de la sociedad china”).

Si el PCCH no acompañaba, tanto en su estructura como en su teoría, los nuevos tiempos, perdería la condición de vanguardia y de poco valdría su inmovilismo.

La triple representatividad no supone una alteración cualitativa de la naturaleza del PCCH, sino su reafirmación como instrumento aglutinador de la transformación china en un contexto marcado por profundos cambios sociales.


Hu Jintao (2002). La concepción científica del desarrollo

胡 锦 涛 Hu Jintao
Hu Jintao, líder sucesor de Jiang Zemin, desarrolló dos mandatos al frente del PCCH, entre 2002 y 2012. Hu mantuvo el impulso del Denguismo, de la política de reforma y apertura, introduciendo ajustes importantes en el modelo.

La concepción científica del desarrollo fue liderada por Hu Jintao como una guía para lograr un desarrollo económico armonioso y equitativo, en contraste con el modelo de crecimiento puramente cuantitativo que había caracterizado las reformas previas.

Se centra en principios claves como la sostenibilidad ambiental, la reducción de las desigualdades sociales y la promoción del bienestar colectivo. Bajo este marco, se reconocía que el desarrollo económico no debía lograrse a costa del medio ambiente ni de la cohesión social. El núcleo de esta doctrina radica en la idea de “poner a las personas primero”.

En el trazo grueso, la concepción científica del desarrollo incluye la sostenibilidad, la justicia social, el humanismo, el aumento de la democracia y la creación…en suma una sociedad armoniosa.

Esta concepción del desarrollo supuso la respuesta a los problemas relacionados con el excesivo consumo de recursos, la grave contaminación ambiental y la creciente brecha entre los ricos y los pobres.

De manera sucinta, esta fase, “de la concepción científica del desarrollo”, que cabría seguir referenciando en la etapa primaria del socialismo, tiene las características siguientes:

Se ha potenciado la fuerza económica, pero el nivel general de las fuerzas productivas y la innovación es poco elevado. El régimen de economía de mercado se ha establecido en lo preliminar, pero subsisten los obstáculos que afectan el desarrollo. 

La sociedad ha alcanzado, por lo general, un nivel de vida modestamente acomodado, al tiempo que la tendencia de incremento de la disparidad en la distribución de ingresos continúa sin revertirse de manera radical. Es todavía considerable el número de habitantes pobres o con baja renta en las zonas urbanas y rurales. 

El desarrollo coordinado ha registrado algunos éxitos, mientras que aún no ha cambiado la situación de debilidad en la base agrícola y de retraso en las zonas rurales. 

La política democrática de signo socialista ha venido desarrollándose, pero todavía no se ha adaptado por completo a las exigencias de ampliación de la democracia popular.

 La cultura socialista ha ganado terreno y florecido, al tiempo que la demanda espiritual y cultural de la sociedad tiende a ser cada día más fuerte.

El vigor de la sociedad ha aumentado, a la par que se han operado cambios profundos en su estructura, forma organizativa y configuración de intereses, de manera que su construcción y administración encaran muchos problemas nuevos.

La apertura al exterior ha venido ampliándose cada vez más, mientras la competencia que China afronta en el plano internacional se torna cada día más enconada, perdura la presión que supone la superioridad económica, científica y tecnológica de los países desarrollados y se han acrecentado los riesgos previsibles e imprevisibles, por lo que se exige una mayor coordinación del desarrollo interno con dicha apertura.

Todo ello muestra el hecho de que no ha cambiado la condición básica de nuestro país de permanecer y seguir permaneciendo por largo tiempo en la etapa primaria del socialismo, destacaba Hu.

Si Jiang con su teoría de la triple representatividad había normalizado la presencia en el PCCH de los nuevos ricos y empresarios, eso no significaba en modo alguno el olvido de su base social primera. Además, Hu nos recuerda que este compromiso no es coyuntural, reviste un carácter sagrado y permanente.

Si Jiang Zemin temía que pudiera surgir inestabilidad al tratar indebidamente con la nueva clase empresarial emergente, y por ello dio su apoyo a quienes bien pudieran tener la tentación de construir plataformas rivales del PCCH, el planteamiento de Hu deriva el foco hacia otra posible fuente de tensión: la masa de descontentos que anhela beneficiarse del crecimiento y recibe a cuentagotas los resultados de dicha transformación. Es decir, la fuente principal de una hipotética inestabilidad no vendría tanto de aquel nuevo segmento social de signo burgués, muy dependiente de los resortes gubernamentales para llevar a cabo sus actividades y poco interesado en rupturas de signo liberal, sino del malestar originado por una injusta distribución de los beneficios de la reforma que agrietaba la cohesión social.

En su esencia, la teoría de Hu contiene un enfoque más equilibrado y sostenible del crecimiento y hace hincapié en mejorar la vida de la gente, en lugar de concentrarse solamente en objetivos de crecimiento económico. También está orientada a abordar la brecha creciente entre ricos y pobres, la contaminación ambiental y el colapso de los servicios sociales.

Durante el mandato de Hu Jintao la noción de urgencia de la reforma política, aunque gradual y cautelosa, recuperó su vigencia como mecanismo llamado a facilitar una mejor implementación de aquella concepción.

Se analizan los avatares de los proyectos de reforma política desde 1978, señalando que, tras los sucesos de Tiananmen y hasta finales del siglo XX, este estancamiento primó sobre cualquier otra consideración.

El enfoque principal sugerido es que la estabilidad a largo plazo del país pasa por la reforma política, cuyo límite sería el preservar el liderazgo del partido (con énfasis en el ejército, la burocracia y los medios de comunicación).

En el ámbito sensible de los medios de comunicación, se propone una mayor autonomía para los medios y una ley que regule el sector incidiendo en su papel supervisor y un contenido más abierto y plural con fronteras definidas.

Democracia, de hecho, fue la idea fuerza en el XVII Congreso del PCCH (2007) y cabe reconocer que Hu Jintao abrió un gran debate sobre el tema. También estableció el contorno central de la discusión: se trata de instrumentar una democracia que refuerce el sistema, no que lo cambie. De las experiencias llevadas a cabo en el medio rural o en diversos escalones del propio partido a través de elecciones directas y con mayor pluralidad no se derivaron consecuencias de ruptura.

Así, el proceso inspirado por Hu Jintao se reivindica desde una doble perspectiva: como modelo para lograr una mejor calidad de la gestión pública y como esfuerzo para definir un camino singular que lo distancie de los “peligros” del modelo occidental ya sea sustentándolo en el relativismo cultural o en la tradición histórica (no así en la doctrina marxista-leninista ni en el pensamiento de Mao Zedong que siguen inspirando formalmente su cuerpo ideológico). Hablamos pues de una especie de “antiviral” político orientado a mejorar la calidad de la burocracia; un proceso que tendría efectos positivos en el conjunto de una sociedad que mayoritariamente recrimina la corrupción, el abuso de poder o la incompetencia como los principales males gubernamentales. Si cierto nivel de democratización permite solucionar estos problemas, estaremos en el camino correcto.

Pesa la idea de que la democracia liberal conlleva una intensificación extrema del debate político, la activación y exacerbación de las diferencias como forma de cultivar el espacio electoral genuino, habitualmente incluso prescindiendo de escrúpulos, y que esa división, a veces polarizada, se traslada a los ciudadanos, afectando la viabilidad de proyectos que exigen un considerable nivel de unidad social para ser eficientes.

De acuerdo con esta lectura, en el actual tiempo histórico, más allá de la cuestión de principios en función de su naturaleza ideológica, al PCCH le preocupa preservar a toda costa esa capacidad de convocatoria unánime a toda la colectividad para poder culminar el proceso de revitalización del país.

ILLUSTRATION  REBECCA ZISSER  

Xi Jinping (2012 en adelante). El Socialismo con características chinas para una Nueva Era.

El pensamiento de Xi Jinping es presentado por el PCCH como el marxismo chino contemporáneo, el marxismo del siglo XXI, la esencia de la cultura china y el espíritu chino de la época, estableciendo un nuevo salto en la sinización del marxismo.

Su síntesis radica en pensar y emitir juicios científicos sobre qué tipo de socialismo con características propias defender y desarrollar en la nueva era, cómo defender y desarrollar este socialismo, qué tipo de modernización a largo plazo se desea.

En el punto III del Informe presentado por Xi Jinping al XIX Congreso del PCCH (2017), que lleva la rúbrica alusiva al pensamiento guía del Xiísmo, enumera las “14 perseverancias” que lo definen:

La dirección absoluta del partido.

La consideración del pueblo como sujeto central del proceso.

La profundización integral de la reforma.

La nueva concepción del desarrollo.

La condición del pueblo como dueño del país.

La gobernación según la ley.

Los valores socialistas centrales.

La garantía y mejora de las condiciones de vida del pueblo.

La civilización ecológica.

La seguridad nacional.

El imperio del partido sobre el ejército.

La reunificación de Taiwán en el principio “un país, dos sistemas”.

La construcción de una comunidad de destino compartido de la humanidad.

La exigencia de una mayor severidad disciplinaria del partido.

Estos son requisitos que deben ser especialmente tenidos en cuenta para lograr que el PCCH, que encara una fase crucial en su gestión del proceso chino, no se desvíe, no olvide sus raíces y objetivos, de dónde viene y a dónde va, a quien sirve, y ciertamente, es resultado de la experiencia histórica de un partido centenario (2021).

Así, lo que realmente definiría el Xiísmo como pensamiento es la propuesta estratégica de alcanzar el objetivo de culminar la modernización en dos largas zancadas (2020-2035 y 2035-2050), que confluirían en el centenario de la fundación de la Nueva China. Todo ello a partir de una nueva diagnosis que enfatiza el cambio de sello en la identificación de la contradicción principal que caracteriza el momento que vive China: la existente entre la creciente demanda social y un desarrollo desequilibrado e ineficiente.

Xi inicia una nueva era en la que plantea, ante todo, poner a punto al PCCH para culminar la tarea de la recuperación de la grandeza perdida. 

El pensamiento de Xi Jinping sobre el socialismo

Xi Jinping insiste en que no existe un modelo único e inmutable de socialismo y que sus principios básicos deben integrarse con la realidad, historia y cultura de cada país.

El Xiísmo se plantea responder a cuatro preguntas claves:

¿A dónde va el PCCH?: Aquí suscita tareas urgentes en el rearme ético: lucha contra la corrupción, línea de masas propiciando una mayor cercanía a la base social, gobernación más estricta del partido, mejora de las teorías que lo inspiran y fomento de un proceso de auto revolución en la militancia; en definitiva, qué tipo de partido marxista debería construirse para que esté en el poder por mucho tiempo.

¿A dónde va China?: En este sentido, partiendo de la intensificación de las contradicciones en China y en el mundo, formula cómo desarrollar la “gran lucha”, la cual divide en dos partes: por un lado, resolver las contradicciones en China entre la demanda social y un desarrollo desequilibrado, y por otro, defender la soberanía en el mundo.

¿A dónde va el socialismo?: El Xiísmo argumenta la nueva eficiencia del socialismo, capaz de superar y hacer desaparecer el capitalismo, enfatizando que la fuerza de este no es superior. Para ello, se plantea promover el desarrollo del progresismo en el mundo, consciente de que no se trata de la liberación de un país, sino de la liberación de todos los países.

¿A dónde va la sociedad humana?: La constatación de que los seres humanos disponen hoy de más recursos que nunca, pero también de la aparición de nuevos desafíos: el cambio climático, las pandemias, el terrorismo, las guerras.

En conjunto, el Xiísmo sugiere dos tareas principales: Persistir en el socialismo enriqueciendo su acervo teórico y sus propuestas para promover el desarrollo y la estabilidad. Fortalecer la presencia de China en el mundo, participando en él con sus iniciativas propias. La dirección del partido se afianza como como la característica más esencial del socialismo chino.

La expresión “espíritu de lucha” (dou zheng jing shen) bien podría ser la clave e inspiradora principal del informe presentado por Xi Jinping al XX Congres del PCCH de 2022 y que da el tono general del llamamiento a los más de 100 millones de militantes del partido para encarar la nueva y compleja etapa que se avecina.

PORTRAITS PEINTS DE XI JINPING ET DE MAO ZEDONG
 SUR UN MARCHÉ DE PÉKIN 
FOTO GREG BAKER

La reactivación del ideario marxista

Una de las características más destacadas del Xiísmo, es la relevancia otorgada al papel del marxismo en la actual y decisiva fase del proceso de modernización. Con motivo del bicentenario del nacimiento de Karl Marx, el propio Xi lo calificó como el más grande pensador de los tiempos modernos.

Xi ha definido al marxismo como “el alma de los ideales y las convicciones de los comunistas chinos” y atribuye el éxito histórico del PCCH a la especial atención prestada a la formación ideológica y teórica de sus militantes y cuadros. Al señalar que los principios generales del marxismo “siguen siendo totalmente válidos”, Xi reclama su estudio incesante, pero igualmente su innovación constante, su continuo desarrollo, y apela a la apertura de una nueva frontera para adaptar el marxismo al contexto chino y las necesidades de los tiempos.

Xi, en suma, reafirma la utilidad del marxismo para China y, en paralelo, refuerza el eclecticismo ideológico del PCCH incluyendo la cultura y la civilización chinas en un mosaico de influencias con sus respectivas sinergias a modo de blindaje frente a la penetración del ideario liberal.

Aun así, no falta quien piensa que el PCCH dejó de ser comunista prácticamente desde el abandono del maoísmo; pero la realidad es más compleja y quizás esta sea una conclusión precipitada. No es un partido revolucionario, es un partido de gobierno, pero el marxismo y su reafirmación constituyen aún una seña de identidad a la que nunca renunció y que hoy, con su revitalización, es un trazo singular del Xiísmo.

PANTALLAZO DE LA SERIE LE LEADER /
S01E01 "UNE JEUNESSE DIFFÉRENTE"

¿En qué sentido puede decirse que la modernización china sigue siendo socialista y no capitalista?

En el sentido de que el PCCH, entendido como partido que lucha por la superación del capitalismo, sigue dictando el camino que China debe transitar, sigue siendo quien lleva el timón del proyecto modernizador. Las nuevas clases emergentes, integradas de manera subordinada al partido mediante la teoría de la triple representatividad de Jiang Zemin, no sólo no tienen su propio partido, sino que han sido absorbidas y han aceptado (de facto) el liderazgo del PCCH.

El PCCH, al definir su modelo como “socialismo con características chinas”, sugiere que el crecimiento económico y la apertura al mercado están subordinados al control del Estado y a los objetivos políticos del socialismo.

Esto se manifiesta no sólo en el dominio del Estado de los sectores estratégicos de la economía nacional, con las empresas estatales controlando ámbitos claves -energía, telecomunicaciones, banca o transporte- o con multitud de empresas privadas dependiendo de contratos gubernamentales, sino también a través del control político. Este último es palpable en la supervisión que el PCCH realiza tanto del sector público como del privado, sin que pueda hablarse de una separación efectiva entre economía y política.

Por otra parte, la planificación estatal sigue desempeñando un papel sustancial en la economía, afectando especialmente a sectores relevantes, más allá de la lógica de las ganancias privadas.

Hoy día, la intervención gubernamental es significativa. Ministros, funcionarios fiscales y agentes de préstamos bancarios, desde ministerios y comisiones centrales hasta autoridades municipales y entidades comerciales, pueden tener efectos directos y cruciales sobre las empresas. Los empresarios privados recelan de este tipo de riesgo regulatorio, y el entorno operativo de las empresas se modifica rápidamente, especialmente cuando estas intervenciones se ven agravadas por cambios en las circunstancias políticas y los requisitos de seguridad nacional (una variable que se debe tener especialmente en cuenta).

Se contempla el reforzamiento del control estatal sobre sectores claves (energía, finanzas, tecnología) y el mantenimiento de la planificación económica en áreas que se consideran cruciales para la seguridad nacional y la prosperidad de la sociedad. También se enfatiza que el sector privado debe alinearse con los objetivos nacionales y que el Estado seguirá interviniendo cuando sea necesario para evitar excesos o desequilibrios.

Por último, el enfoque en el bienestar colectivo se materializa en propósitos como la eliminación de la extrema pobreza (más de 800 millones de personas han salido de ella con políticas estatales), las grandes inversiones en infraestructura y salud pública financiadas por el Estado o las campañas para reducir las desigualdades y redistribuir la riqueza implicando a las grandes corporaciones.

En el programa específico de alivio de la pobreza, el PCCH envió a tres millones de cuadros a vivir y trabajar en el campo, y movilizó a miles de empresas estatales y privadas, estudiantes y profesores, profesionales médicos y otros sectores de la sociedad para garantizar que los casi 100 millones de personas restantes salieran de la extrema pobreza.

No es de menor importancia tampoco el rechazo reiterado y explícito del modelo liberal de Occidente, de modo que la modernización descarta un abandono de su modelo de gobernanza bajo el liderazgo absoluto del PCCH.

Como se ha señalado, la modernización china ha normalizado el uso de mecanismos de mercado para crecer, pero sin perder el control estatal sobre la economía y la sociedad. Su modernización sigue siendo socialista, porque el Estado es el actor central en la economía, el mercado está subordinado al partido y el desarrollo prioriza la consecución de los objetivos colectivos sobre los intereses privados.

En términos básicos, el “estilo chino” de la modernización está al mismo tiempo concebido sobre el fundamento del socialismo con peculiaridades propias y reflejado en la exigencia fundamental de la dirección del partido.

Conclusión

China tiene aún muchos retos por delante. A la gestión calculada de sus desafíos internos, que no son pocos ni menores -entre ellos, los cambios demográficos, el empleo, la superación de las desigualdades en aras de una mayor justicia social, el saneamiento financiero de los Gobiernos locales, la estabilización de sectores importantes de su economía como el inmobiliario, la transformación industrial a través de la innovación, un desarrollo de nueva calidad, etc., problemas generosamente presentes en nuestros medios-, debe sumar el agravamiento de las tensiones internacionales.

Las tensiones comerciales internacionales, guerras tecnológicas, diferendos estratégicos, coerciones múltiples parten del reconocimiento de que China representa el mayor reto imaginado para la hegemonía liberal occidental.

Lo que por el momento puede afirmarse es que ni EEUU ni sus aliados han logrado frenar el avance de China, ni con embargos ni con represión; en cambio han estimulado la generación de una capacidad sostenible de innovación basada en su propio talento y recursos, con avances en la robótica o la inteligencia artificial, como también en la tecnología de chips y otros campos.

China ha dado forma a una red de acrónimos en los últimos años -como los BRICS o la OCS- que concretan sus apuestas políticas principales, estableciendo así los fundamentos para influir cada vez más en la evolución de las relaciones internacionales.

Si China ha llegado a ser lo que es, no es en virtud de la adopción de reformas liberales, sino porque el PCCH no ha prescindido de su bagaje ideológico fundacional, en el cual el marxismo sigue desempeñando un papel sustancial, a la par que se incorporan otras variables como las domésticas y se adapta todo sin subordinación de ningún tipo a otros intereses que no sean los propios. Esa vocación impregna su apego a la planificación, la gobernanza del mercado, la combinación de propiedad pública y privada en un equilibrio fluido o también a las innovaciones políticas. Son esas claves las que explican la transformación productiva, ambiental, tecnológica o social que China ha protagonizado en una escala y velocidad que no admiten comparaciones.

Por otro lado, cabe reconocer la existencia de una base ideológica en China que ha aportado al marxismo una doble vida. El marxismo académico sobrevive en buena parte de los países occidentales, mayormente recluido y circunscrito a foros de alcance menor, en parámetros nada comparables a los vigentes en China. En contraste, en Oriente opera modelando e influyendo socialmente de forma sustancial.

Además, el proceso chino nutre un marxismo político centrado en la generación de iniciativas para dar respuestas concretas a los desafíos del presente, estableciendo soluciones que a menudo representan alternativas internas, así como también se afianzan como bienes públicos de alcance global.

El pueblo chino tiene en el acervo ideológico un sólido asidero para perseverar en una hoja de ruta que no sólo quiere hacer de China un país desarrollado y poderoso, sino hacer cuajar una alternativa al modelo liberal occidental y sus modos operativos globales. Para ello, es vital conocer y comprender. Estudiar, en suma, como ellos dicen.

ANEXO

Esbozo rápido del debate que origina la definición formal del sistema económico chino, según el analista y especialista español, Xulio Ríos. 

Oficialmente, el modelo chino se define como una economía socialista de mercado, pero pocas etiquetas han suscitado tanta controversia como la de “capitalismo de Estado”. Esta expresión provoca en China un rechazo frontal, no solo por sus implicaciones ideológicas, sino porque se considera incapaz de explicar la singularidad de un proyecto que sus dirigentes insisten en presentar como una forma inédita de desarrollo socialista.

La discusión no es menor. Si China fuera simplemente un capitalismo de Estado, cabría interpretarla como una variante autoritaria del capitalismo contemporáneo. Si por el contrario estuviera construyendo una modalidad original de socialismo, nos encontraríamos ante una experiencia histórica distinta, todavía inacabada y cuyo desenlace permanece abierto.

Para el PCCH, no se trata de una economía de mercado en sentido liberal, sino de una economía con mercado, donde este constituye un instrumento de asignación de recursos subordinado a objetivos políticos definidos mediante la planificación. El mercado no determina el rumbo del desarrollo: lo hace el Partido. El objetivo declarado es la construcción de una sociedad socialista moderna hacia 2049.

Precisamente ahí reside una de las primeras diferencias conceptuales. En las economías capitalistas el mercado constituye el principio organizador del sistema. En China, al menos en el plano doctrinal e institucional, el mercado se presenta como una herramienta al servicio de un proyecto político de alcance superior.

Para una interpretación liberal y conservadora, China es un capitalismo dirigido. La economía china funciona en prioridad mediante el mercado, los pecios los fijan la oferta y la demanda, existe competencia entre empresas, proliferan las compañías privadas, el trabajo asalariado es dominante y el sistema se integra en el capitalismo global. La diferencia con occidente es que el Estado conserva un papel mucho más activo.

Para una crítica de izquierda, en China existe una restauración capitalista. Curiosamente es una conclusión semejante a la precedente. El argumento no se centra en la existencia de mercados, que parcialmente existieron en otras experiencias socialistas, sino en el tipo de relaciones de producción existentes. Sus elementos principales serían: el crecimiento de la propiedad privada; existencia de una clase empresarial poderosa; ampliación de las desigualdades sociales; mercantilización creciente del trabajo; aparición de grandes fortunas; integración plena en el capitalismo mundial. Desde esta óptica, el Estado continúa siendo fuerte, pero actúa esencialmente para garantizar la acumulación de capital, aunque bajo dirección del Partido.

No obstante, esta interpretación suele enfrentarse a una objeción relevante. Si el capitalismo se hubiera restaurado plenamente, ¿cómo explicar que el Estado siga controlando los principales bancos, los sectores estratégicos, la política monetaria, la tierra urbana y una parte sustancial de la inversión nacional?

Una tercera interpretación: un modelo híbrido. La dicotomía entre socialismo y capitalismo sería insuficiente. China no estaría reproduciendo el desarrollo capitalista occidental, sino construyendo una vía distinta basada en una fuerte tradición estatal, un elevado grado de planificación y una utilización pragmática del mercado. Igualmente podría existir una influencia cultural secular china, de las tradiciones administrativas imperiales, que concebían el mercado como un mecanismo útil siempre que permaneciera bajo supervisión pública.

Desde esta perspectiva, el mercado no sería incompatible con el socialismo siempre que no determinase por sí mismo la orientación estratégica del desarrollo.

Punto de vista del Partido Comunista de China: Su posición oficial expresa que el criterio fundamental no consiste en determinar si existe propiedad privada o mercado. La verdadera cuestión consiste en responder quién ejerce el poder político y qué finalidad persigue la economía.

Para el PCCH, el mercado constituye únicamente un instrumento. El sujeto dirigente continúa siendo el Partido. Esta referencia no es meramente teórica. Como se ha señalado, en China la tierra sigue sin privatizarse plenamente; los bancos fundamentales permanecen bajo control estatal; las grandes empresas estratégicas siguen siendo públicas; las compañías privadas incorporan estructuras permanentes del Partido; el Estado determina las grandes prioridades industriales, tecnológicas y territoriales mediante planes quinquenales; el capital privado carece de autonomía para convertirse en una fuerza política independiente.

Desde la lógica oficial, precisamente estos elementos impedirían definir el sistema como capitalista.

En las experiencias definidas habitualmente como capitalismo de Estado -Japón de la posguerra, Corea del Sur, Singapur, Taiwán gobernado por el Kuomintang- el Estado intervino intensamente para acelerar la industrialización. Pero esa intervención perseguía consolidar economías plenamente capitalistas. El éxito empresarial acababa traduciéndose, tarde o temprano, en influencia política de las élites económicas.

China presenta, hasta ahora, una lógica diferente. Los grandes empresarios pueden acumular riqueza, pero no pueden constituirse como un poder autónomo frente al Partido.

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PORTRAITS DES PRÉSIDENTS MAO ZEDONG, DENG XIAOPING, JIANG ZEMIN,
HU JINTAO ET XI JINPING AU MUSÉE DE LA RÉVOLUTION CHINOISE.
FOTO JOHANNES NEUDECKER


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