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| ELÍAS JAUA, SOCIÓLOGO, POLÍTICO Y EX VICEPRESIDENTE DE VENEZUELA, ENTRE 2010 Y 2012. |
Venezuela necesita una nueva «lucha de liberación» / Entrevista con Elías Jaua por Federico Fuentes / Entrevista al ex vicepresidente venezolano Elías Jaua, sobre la situación actual del país bajo lo que define como un «tutelaje bajo coacción» y a una «administración neocolonial» por parte de los EE.UU. La izquierda latinoamericana debe sumarse a la denuncia de esta situación y multiplicar la solidaridad.
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Jacobin
Entrevista con Elías Jaua por Federico Fuentes
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a indicar esta semana que estaba «considerando seriamente la posibilidad de convertir a Venezuela en el estado número 51». La declaración se produce apenas unos meses después del ataque militar estadounidense contra el país sudamericano y del secuestro de su presidente, Nicolás Maduro. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, respondió afirmando que su país «no es una colonia» y que el presidente Trump «sabe que hemos estado trabajando en una agenda diplomática de cooperación».
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Pero para Elías Jaua, ex vicepresidente de Hugo Chávez, Venezuela hoy es un país que se encuentra «ocupado militarmente», además de «sometido a un tutelaje bajo coacción» y a una «administración neocolonial» por parte de los EE.UU. En esta entrevista, originalmente publicada en inglés en LINKS International Journal of Socialist Renewal, afirmó que el Estado venezolano debería estar denunciando este «grave acto de agresión».
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Hablando con Federico Fuentes, Jaua analizó el plan de Trump para Venezuela, los factores políticos internos que facilitaron el asalto del 3 de enero, por qué los EE.UU. dejó al gobierno en el poder y cómo han respondido las fuerzas políticas rivales y la población.
Chavista, socialista, revolucionario y director del Centro de Estudios sobre la Democracia Socialista (CEDES), Jaua también expuso sus opiniones sobre el gobierno de Maduro y el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), el nivel de participación popular hoy en el país, y la solidaridad que Venezuela necesita.
FF Tras el ataque imperialista del 3 de enero, te has referido a la situación en Venezuela como una «ocupación militar». ¿Podrías explicar por qué?
EJ La afirmación la hago en función de lo que han declarado oficialmente tanto el gobierno en Venezuela, así como Donald Trump y Marco Rubio. El gobierno de los Estados Unidos dijo que, bajo la amenaza de una destrucción masiva de infraestructura y del liderazgo en Venezuela, se había aceptado el esquema que Trump había planteado.
Entonces, sin duda alguna, hay una amenaza pública de un ataque militar de mayor escala y esto implica una coacción militar. Esto también explica lo que ha venido ocurriendo posteriormente.
FF ¿Cuál es el esquema de Trump para Venezuela?
EJ Lo más visible, declarado por Trump y sus funcionarios, es que la comercialización de la producción petrolera venezolana está en manos de ellos y que los ingresos provenientes de la venta de ese producto van a un fondo administrado por el Departamento del Tesoro, liberando algunos recursos para el funcionamiento del Estado venezolano.
Esto no amerita mayor explicación para comprender la gravedad que implica una situación en donde un país, una nación, un Estado, tiene que aceptar que su principal recurso de generación de ingresos sea administrado por otro país. Esto no tiene otro nombre que un tutelaje bajo coacción y una administración neocolonial de un gobierno por otro, que es el esquema que se ha implantado en Venezuela.
Luego, sus intenciones han escalado hacia el tema del oro y otros minerales estratégicos. Y se ha condicionado la política exterior de Venezuela, en temas como la solidaridad con Cuba, Irán y Palestina. Lo que el gobierno de los EE.UU. está haciendo con Venezuela es una agresión muy grave y está al margen de cualquier marco del derecho internacional. Debería generar una seria preocupación en la comunidad internacional que un país sea sometido a las condiciones a las que está siendo sometida Venezuela.
FF Escribiste recientemente que la «incapacidad o falta de voluntad para gestionar de manera nacional y democrática el conflicto político» abrió las puertas a esta intromisión extranjera. ¿Qué factores internos ayudan a explicar el 3 de enero?
EJ Bueno, es larga la trayectoria para llegar al 3 de enero de 2026, pero lo podemos resumir de la siguiente manera. Desde el inicio de la Revolución Bolivariana, un sector de la oposición optó por apelar a la injerencia extranjera para intentar frenar el proceso democrático revolucionario que se había iniciado en 1998 con la victoria electoral del Comandante Hugo Chávez. A partir del 2001-2002 [cuando la oposición lanzó un intento de golpe de estado en abril 2002 y luego organizó un paro patronal petrolero en diciembre 2002 y enero 2003] se introdujo la presencia de un agente externo en el conflicto político nacional, lo que ha marcado la historia por más de 20 años. Y el conflicto se agravó con la muerte del Comandante Chávez, dada la falsa creencia, en ese momento, de que su muerte había debilitado las bases de la Revolución Bolivariana y que ellos podían rápidamente resolver el asunto derrocando al presidente Nicolás Maduro, electo en el año 2013.
Por eso, en el 2014, vimos la llamada «Salida» [una oleada de protestas violentas entre enero y febrero de ese año], que fue una estrategia insurreccional para derrocar al gobierno. Luego, ante el fracaso de esta estrategia, pasamos a la participación abierta del gobierno de los EE.UU. como un actor en la política interna. Esto ocurre cuando el gobierno del Presidente Barack Obama declara a Venezuela como una amenaza «inusual y extraordinaria».
FF ¿Qué cambia específicamente?
EJ Aquí creo que es donde se pierde el control de lo que yo llamo la gestión nacional del conflicto porque, con toda la injerencia extranjera que desde 2002 se había ejecutado, por lo menos hasta el 2013, el conflicto pudo ser gestionado democráticamente y entre actores domésticos. En 2004 se resolvió mediante un acuerdo político entre el chavismo y todos los sectores de la oposición. Esto permitió un largo periodo de estabilidad política y, por supuesto, de crecimiento económico, de superación de la pobreza, de reducción de la brecha de desigualdad. Todo esto ocurre después del año 2004, después del referéndum revocatorio, una salida constitucional venezolana que terminó reafirmando a Chávez.
Pero a partir de 2014-15, el conflicto se sale de la gestión política nacional y EE.UU. comienza a participar directamente de los intentos de resolución política dentro del país, a condicionar esos acuerdos, a boicotearlos. Fui parte de la mesa de negociación en República Dominicana, donde estuvimos a punto de firmar un acuerdo con la oposición para las elecciones del 2018, pero que fue echado para atrás por instrucciones de los Estados Unidos. Luego vino la administración Trump y el establecimiento y reconocimientos del gobierno paralelo de Juan Guaidó.
FF ¿Cuál fue la respuesta del gobierno de Maduro?
EJ Es precisamente en este punto que el gobierno nacional intenta asumir una interlocución directa —que la va construir y lograr— con el gobierno de los EE.UU. Entonces, la negociación ya deja de ser nacional, y tanto la oposición (que pidió, estimuló y abrió las puertas para la intervención extranjera) como el gobierno (que solo quiere reconocer como interlocutor a los EE.UU.) hacen que se pierda la gestión nacional del conflicto.
A partir de allí se deriva hacia la situación del 3 de enero, con la grave consecuencia de haberse producido un ataque militar alevoso y la posterior ocupación y tutelaje del gobierno de los EE.UU. sobre Venezuela. Además del tutelaje económico, de la administración ilegal y arbitraria de nuestros recursos, hoy en día podemos decir que las decisiones fundamentales sobre el escenario político en Venezuela no se resuelven o no se dilucidan en Venezuela. Todos los actores políticos, o por lo menos la mayoría, miran hoy hacia la Casa Blanca a ver qué deciden, a ver cuándo van a convocar elecciones, a ver a quién le levantan la mano como candidato.
La responsabilidad principal por la situación política actual fue haber permitido que la dirección, la regulación, la contención del conflicto se escapara de las manos de los venezolanos, especialmente en los últimos 10 años. Esto facilitó la entrada del gobierno de los EE.UU. para lograr sus objetivos, reservarse para sí los recursos energéticos y mineros y dar un golpe a la rebeldía de los pueblos, en su afán de reposicionarse como potencia hegemónica.
FF ¿Cuál es el estado de ánimo de la población luego del 3 de enero?
EJ Son varios los sentimientos. Hay sentimientos respecto al tema del secuestro del presidente Nicolás Maduro: una parte de la población lo condena y se siente afectado sentimentalmente por lo ocurrido; pero hay otra parte que la celebra, que se identifica con esos acontecimientos. Esto es un nivel.
Pero luego viene el nivel sobre la percepción sobre la agresión militar, del tutelaje que apenas comienza, y que genera angustia, dolor, un sentir que estamos perdiendo la República. La gente no termina de comprender cuál es nuestro estatus con los Estados Unidos, pero cada día la realidad va demostrando que ese estatus no es otro que el de un Estado tutelado. Esto genera un sentimiento de vergüenza, que cada día crece más.
Pero también hay otro nivel, un sentimiento de expectativa, de que la situación económica y social del país va a mejorar. En esos primeros días, entre la confusión, el dolor, los que celebraban, los que repudiaban, al fondo era: «Mira, todo va a mejorar». Ya nos imaginábamos en la prosperidad económica. Fue así porque es un pueblo que ha sido sometido, especialmente tras la muerte de Chávez, a una agresión sistemática que vulneró todo el sistema de derechos sociales, de participación política, de esperanza en la construcción de algo distinto.
En el fondo de todos los sentimientos que se están expresando de un lado o de otro respecto al país y al gobierno, todo el mundo quiere que mejore la situación. Pero la realidad es que no ha habido un cambio significativo. Ya han pasado cuatro meses y podemos decir que el día a día económico de la familia venezolana es peor que antes del 3 de enero de 2026.
FF A pesar de que se habló mucho de un posible cambio de régimen, Trump dejó al gobierno en el poder. ¿Por qué cree que fue así?
EJ Creo que responde, primero, a un asunto de política interna de los Estados Unidos. Trump juega mucho con vincular la política doméstica a la política internacional y viceversa, la llamada interméstica. Parte importante de su programa era que los EE.UU. no debería seguir promoviendo cambios de regímenes en otros países. Entonces, el lograr lo que ha logrado con el gobierno en Caracas, le cayó de anillo a su discurso y a su promesa electoral. Por eso intentó repetir el esquema en Irán: asesinar al Ayatolá y dejar a la dirigencia iraní, entenderse con esta y decir que no hubo cambio de régimen. Creo que esa fue la intención.
Segundo, la necesidad de estabilidad política que requería, y el reconocimiento que la oposición venezolana no tenía ni el liderazgo, ni la fuerza, ni la autoridad para garantizar esa estabilidad política en el corto plazo. Sobre todo, porque el ataque a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores hay que entenderlo como el paso previo al ataque a Irán. Trump valoró que, al controlar las reservas petroleras de Venezuela, podrían aventurarse a entrar en una guerra con Irán sin que, por lo menos a los EE. UU, les afectará el cierre del Estrecho de Ormuz, para su seguridad energética.
Sin embargo, dejó de lado en su valoración el daño que habían causado las sanciones por ellos aplicadas, en la capacidad de producción de la industria petrolera nacional, cuya recuperación plena llevará al menos cuatro años, según expertos, si se levantan todas las sanciones y hay inversiones mil millonarias, que por ahora no aparecen.
Creo que ahí está un poco la explicación de porqué se reconoce la sucesión constitucional que se produce de manera temporal, como está prevista en la Constitución, y por qué, bajo la coacción y la amenaza, se establece una relación de tutelaje con el gobierno actual de Venezuela.
FF ¿Cómo quedó parada la oposición tradicional luego del 3 de enero?
EJ La oposición quedó bastante desconcertada, porque desde el 2002 soñaban con una ocupación militar, incluso de mayores proporciones, una ocupación con tropas y el aniquilamiento de todas las fuerzas populares. Que vendrían en un helicóptero del ocupante y serían colocados en la silla de gobierno en el Palacio de Miraflores. De manera que esto los ha dejado un poco descolgados. Sin embargo, han activado todos sus mecanismos de lobby en los EE.UU. para intentar forzar un proceso electoral en Venezuela, desde su perspectiva creyéndose ganadores de ese eventual proceso electoral.
FF Claramente hay opiniones diversas sobre el nuevo gobierno de la Presidenta Encargada Delcy Rodríguez. En tu opinión, ¿cómo podemos caracterizar al gobierno actual y sus acciones?
EJ El gobierno actual hay que caracterizarlo y comprender sus actuaciones en base al hecho que es un gobierno sometido a una coacción militar y cuyos recursos nacionales son administrados por un gobierno extranjero. Esa es la realidad.
Ahora, el conjunto de políticas, sobre todo en materia petrolera y minera, sin duda alguna significan un retroceso respecto a las conquistas y los alcances que en materia de soberanía había logrado Venezuela a lo largo de casi 100 años, y que especialmente se habían consolidado y ampliado durante el gobierno del Comandante Chávez. La Ley de Hidrocarburos, por ejemplo, luego de su reforma a pocos días del ataque militar, es una ley que establece que se puede entregar el control operacional de todo el proceso de producción petrolera, desde la extracción hasta la comercialización. Eso es un retroceso que nos coloca en una situación similar a la que tuvimos en los años 30 del siglo XX.
Hay hechos muy graves, como el establecimiento de las regalías petroleras hasta cero; ahora puede haber una concesión petrolera donde la concesionaria no entregue ni un centavo por regalías al propietario del recurso, que es la nación venezolana. Estos son uno de los elementos que implican graves retrocesos en la soberanía petrolera venezolana, entre otros.
FF Pero dada la situación, ¿podría el gobierno estar haciendo algo diferente? Y si es así, ¿qué se podría hacer?
EJ En verdad, yo me cuido mucho de dar consejos al gobierno o especular qué debería hacer o no. Yo estuve en el gobierno y sé que cuando uno está en el gobierno tiene información que no es pública, tiene datos más precisos, que te obligan a tomar tales o cuales decisiones.
Sólo te puedo decir que la decisión del 3 de enero, de no responder al ataque militar, me parece una decisión adecuada en ese momento para evitar la destrucción total de nuestra Fuerza Armada y un daño masivo a la población civil, como sin duda alguna hubiera ocurrido. Pero cuatro meses después, el Estado venezolano debería denunciar internacionalmente la coacción de la cual está siendo objeto.
FF En tu «Manifiesto por la República Democrática», propones un «acuerdo nacional» para «manifestar al mundo que la inmensa mayoría de los venezolanos y venezolanas no aceptamos ser un Estado tutelado, ni una colonia». ¿Podrías explicar tu propuesta?
EJ Me preguntaste, ¿qué se podría hacer? Bueno, la respuesta está en ese documento al que te refieres.
La realidad es que el gobierno sólo no puede. Tiene que ser la nación en su conjunto —todos los factores políticos y sociales, y una amplia mayoría de la población— que se cohesione en tanto a un reclamo político y diplomático. Incluso en las instancias internacionales, independientemente de que sabemos que estas instancias y el derecho internacional hoy no tiene aplicación, pero sí están vigente. La República debería crear los precedentes para que en el futuro pueda hacer las reclamaciones respectivas sobre los graves hechos que se han cometido contra Venezuela.
Primero: un ataque militar no justificado, no provocado, desproporcionado, poniendo en riesgo a amplias capas de la población civil en la ciudad de Caracas y otras poblaciones.
Segundo: la ocupación, absolutamente prohibida por resoluciones de Naciones Unidas respecto a que ningún país le pueden expoliar sus recursos. Ningún gobierno se puede atribuir el derecho a administrar los recursos económicos de otro país. Ningún país puede ser coaccionado a tomar decisiones políticas, económicas, legislativas, bajo amenaza militar.
La Nación en su conjunto, todas las fuerzas políticas, deberían plantear eso de inmediato ante las instancias internacionales y ante los pueblos libres del mundo. Se debe demandar el retorno del control sobre el ingreso nacional al Estado venezolano para que el Estado pueda afrontar los graves problemas que toda esta confrontación política, el bloqueo, las sanciones, las perturbaciones sociales, la violencia, etcétera, han producido, generando un daño estructural a la economía. Es la única manera que pueda atender a los temas más importantes de la población: el salario, la educación, la salud, los servicios públicos. No habrá prosperidad sin República.
Ese acuerdo nacional implica una resolución, o al menos una regulación, del conflicto político en Venezuela y el establecimiento de un camino democrático, electoral, político, pacífico. Debe ser una decisión de la nación venezolana de resolver internamente y de manera democrática el conflicto, y no impuesta por la potencia ocupante.
Lo último que planteo es que Venezuela pueda tener la autonomía de generar una política exterior independiente, que es un elemento fundamental para que un Estado sea soberano.
FF Sin duda el gobierno de Maduro tuvo que lidiar con una situación extremadamente difícil: sanciones, violencia opositora, una profunda crisis económica, etcétera. No obstante, ha sido criticado por sectores de izquierda, quienes acusan al gobierno de buscar gobernar para sectores capitalistas e implementar medidas anti obreras. ¿Cuál es tu balance del gobierno de Maduro?
EJ Desde el 2018, muchos fijamos posición crítica sobre la política económica, especialmente en cuanto a la política salarial que adoptó el gobierno desde ese año. También se expresaron diferencias acerca de los métodos políticos que se estaban empleando, los cuales no contribuyen a la cohesión nacional necesaria para un conflicto de la magnitud que venía. Y sobre otros aspectos también, expresados en documentos internos y también en publicaciones abiertas. Lamentablemente no hubo espacios para una discusión fraterna sobre estos y otros temas.
FF ¿Qué papel está desempeñando el PSUV en todo esto? Desde afuera parece que no hay mucho debate ni discusión y hasta poca vida política dentro del partido. ¿Es así?
EJ Hace mucho tiempo que en el partido se perdieron los espacios auténticos de discusión y debate. Se justificó ese cierre de los espacios políticos de debate, en el marco de un agravamiento de la agresión extranjera, que conllevó a una lógica de guerra de enemigos. Sin embargo, muchos seguimos considerando que en una situación de agresión es cuanto más se tiene que escuchar a la gente, cuanto más se tiene que abrir el debate, para escuchar la pluralidad de opiniones de cómo abordar esa situación.
Luego de esos espacios de deliberación, de pluralismo de las opiniones, efectivamente se hubiese fortalecido la cohesión: primero del chavismo como fuerza revolucionaria, y luego del chavismo como motor de la cohesión social necesaria para afrontar una agresión como la que ha vivido Venezuela y la que sigue viviendo Venezuela.
FF Venezuela se ha caracterizado por su alto nivel de politización y organización popular, en particular en cuanto a las comunas. ¿En qué estado se encuentra el nivel de politización y organización hoy en día?
EJ Tanto en las comunas como en el partido, se conserva una importante estructura organizativa. Es más, el PSUV es la única estructura organizativa realmente existente hoy en día, porque tiene una presencia territorial, una presencia sectorial.
Parte de la situación que vive el país es que los partidos de la oposición no son tal cosa. No son partidos que tengan una presencia en territorio, en sectores obreros, etcétera. La mayoría de los dirigentes de la oposición, son simplemente opinadores de las redes sociales con un alto financiamiento desde el extranjero, de los EE.UU. y de países europeos. Y, particularmente en los últimos seis años, la principal acción política de buena parte de la dirigencia opositora en Venezuela no fue construir partidos, ni movimientos, sino promover la agresión militar que finalmente lograron que se produjera el pasado 3 de enero.
Sin embargo, el deterioro de las condiciones materiales y sociales ha disminuido, no los niveles de politización porque la sociedad venezolana no está despolitizada, sino más bien los niveles de participación política. Es tanto que el propio nivel de politización que tiene buena parte de la población, tanto la base opositora como la base chavista, le permitió comprender que estaba pasado después del año 2018. Que lo que había sido un conflicto de carácter de lucha social por transformar las condiciones materiales de existencia de la población, y en donde la las victorias sucesivas del chavismo se traducían en mejoras y en ampliación de derechos, se convirtió nuevamente en un clásico conflicto entre factores de poder, donde la inmensa mayoría no ganaba nada, sino por el contrario, cada día perdía más.
Eso disminuyó la participación política. A partir de allí, una democracia que había logrado niveles de participación electoral de más del 80%, la movilización permanente masiva de sectores de la población a favor de una propuesta o de la otra, el entusiasmo por participar en lo territorial, en lo sectorial, etcétera, empezó a retroceder.
Este retroceso se ha expresado en los altos niveles de abstención en todos los procesos electorales que ocurrieron posteriormente al 2015. También se ha expresado en la disminución del activismo político, social, territorial. Entre otras cosas, porque la gente ha estado muy ocupada en la sobrevivencia: «tengo que tener tres o cuatro trabajos, ya no me da tiempo de ir a una asamblea, de ir a una marcha, de participar en el autogobierno». La situación económica también ha tenido una consecuencia política en la participación.
Por eso, sin duda alguna, el ataque militar del 3 de enero se produce contra una sociedad agotada por el conflicto, de lado y lado. Porque independientemente de lo que los EE.UU. se había planteado, sí aquí la oposición hubiese tenido la fuerza política organizada que decían tener, ese día era el día preciso para tomar el poder por la vía insurreccional, y no pasó. Pero también hay que reconocer que hubo una suerte de inhibición de los sectores que históricamente habían acompañado el proceso revolucionario aquel aciago día.
FF La cuestión de la solidaridad con Venezuela ha sido un punto de debate entre la izquierda internacional. ¿Qué tipo de solidaridad necesita el pueblo venezolano hoy en día?
EJ En este momento, solidaridad con Venezuela, con el país, con un pueblo agredido y expoliado. Fundamentalmente, la izquierda internacional debe comprender que —más allá del gobierno y la lectura que se tenga sobre el gobierno— Venezuela es hoy un país que fue invadido militarmente, que fue ocupado militarmente, que está siendo sometido a una política de tutelaje bajo coacción, y que, por lo tanto, el deber de la izquierda internacional es denunciar esto, cualquiera sea el gobierno.
Siempre recuerdo que nosotros éramos jóvenes militantes de izquierda cuando la invasión a Panamá y no había nada más lejos de nuestra simpatía que Manuel Noriega. Pero no era Noriega, era un pueblo hermano al que estaban invadiendo, masacrando, y nosotros, la juventud latinoamericana de izquierda, nos levantamos durante meses, marchando, protestando, etcétera, contra esa intervención militar. Entonces, la izquierda internacional no debe descartar de su agenda la lucha por la liberación de Venezuela. Porque al pueblo de Venezuela le va a tocar librar una lucha de liberación nacional en los próximos meses, en los próximos años. Y esa lucha por la liberación nacional de nuestro país, de la tutela del gobierno de los EE.UU., debe contar con la solidaridad de toda la izquierda internacional, y mucho más allá de la izquierda, de los sectores que consideran que el mundo no puede ser el mundo de Trump.
Es hoy el momento de enarbolar, con mucha más fuerza que nunca, las banderas antiimperialistas y denunciar que están aplastando al derecho internacional, que están aplastando a los estados nacionales, que están cometiendo crímenes de lesa humanidad, genocidios, como los que vimos en Gaza y que sigue ocurriendo ante los ojos del mundo, o como vemos con el ataque contra Irán. Independientemente de lo que uno pueda pensar del régimen que gobierna Irán, es inaceptable lo que está pasando. Esto obliga a la izquierda internacional a elevar la capacidad de organización, comunicación y movilización, porque la lucha contra el imperialismo y la agresión militar de los imperios contra los pueblos, ha sido bandera histórica de la izquierda. Hoy la causa humana nos demanda luchar.
Elías Jaua
Elías José Jaua Milano es un político, profesor universitario y sociólogo venezolano, quien ha desempeñado varios cargos durante las presidencias de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, incluyendo el de vicepresidente (desde enero de 2010 hasta octubre de 2012).
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