jeudi 2 juillet 2026

EL DILEMA DEL KREMLIN Y LA COHESIÓN DE LA UE

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PUTIN DURANTE UNA REUNIÓN CON VON DER LEYEN EN LA CONFERENCIA
INTERNACIONAL SOBRE LIBIA, EN ENERO DE 2020. / KREMLIN

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IMPERIOS COMBATIENTES / El dilema del Kremlin y la cohesión de la UE / Los europeos tratan de provocar una respuesta militar de Putin que confirme la “amenaza rusa”. Hacen lo mismo que Israel con Irán: intentar implicar a Washington en su guerra

por Rafael Poch de Feliu  30/06/2026

RAFAEL POCH-DE-FELIU

En la última reunión del G-7 en Evian, a mediados de junio, los europeos lograron de nuevo atraer a Trump a su causa, concretando más apoyo a Ucrania. Los ataques en la retaguardia rusa con drones y misiles de largo alcance, contra Moscú, San Petersburgo e infraestructuras energéticas no cambian gran cosa la realidad militar operativa, pero no se pueden subestimar. Más que bendecir estos ataques, lo que están haciendo EEUU y la UE es manejarlos desde sus satélites, sus datos de inteligencia, su información y sus armas. El famoso “espíritu de Anchorage”, que surgió de la reunión en Alaska entre Trump y Putin, en agosto de 2025, y que tanto irritó a los europeos, ha pasado a mejor vida. Esos ataques colocan a los dirigentes rusos en una situación complicada.


En abril de este 2026, Rusia registró 100 muertos y 600 heridos civiles en su retaguardia (el mismo mes, y según la ONU, Ucrania sufrió 300 muertos y 1.300 heridos civiles). A estas víctimas rusas, tan inocentes como las ucranianas, se las suele ignorar en los informes occidentales de la guerra, pero abren los telediarios rusos. La vida en las regiones fronterizas con Ucrania y con Crimea empieza a ser complicada para mucha gente. Por eso, la opinión pública rusa, que en general no es belicista, está reclamando a sus autoridades una protección efectiva. No solo ellos, también generales del ejército y comentaristas de televisión presionan a Putin en ese sentido, e incluso se ha llegado a escuchar algún comentario sobre la debilidad del mandatario, naturalmente sin nombrarlo… Así, el Kremlin se ve forzado, por un lado, a dar una respuesta contundente, y por el otro no puede ignorar que esos ataques están diseñados precisamente para eso: para que confirme, con una respuesta contra algún país europeo, la leyenda de la “amenaza rusa” e incentive con ella a Estados Unidos a implicarse directamente invocando el artículo V de la OTAN, que prevé una respuesta conjunta contra el ataque a alguno de sus miembros.

En caso de llegar a esa situación, no está claro que ese artículo llegara a aplicarse realmente, pero serviría para justificar el actual rearme alemán y europeo en general, así como para validar la profecía de una guerra contra Rusia para dentro de dos o tres años. Ese es el dilema.

"En Moscú hay gran irritación hacia el errático Trump, pero Putin es prudente"

En Moscú hay gran irritación hacia el errático Trump, pero Putin es prudente. No creo que, por pequeño que sea el riesgo de una respuesta conjunta de la OTAN, Putin vaya a caer en esa trampa. Seguramente se pregunta si es más arriesgado responder a la OTAN o no hacer nada y que los rusos se sientan desprotegidos en su hasta ahora tranquila retaguardia con escasez de gasolina. Seguramente considerará si esos ataques cambian o no la situación militar operativa de fondo, también que el trío europeo (Macron, Merz, Starmer) carece de perspectiva, porque todos están con un nivel de apoyo extremadamente bajo (Merz ronda el 13 %), a Macron se le acaba el plazo y el líder del laborismo británico acaba de caer, así que merece la pena no precipitarse y ver cuál es el relevo de esos personajes.

Mientras tanto, el ejército ruso mantiene su lento y constante avance –hay una clara voluntad de economizar bajas, porque el precio de la vida humana en Moscú ha subido claramente en las últimas décadas poscomunistas– y los informes que llegan del lado ucraniano son extremadamente alarmantes, sin que se pueda excluir un desmoronamiento del frente. Si todo eso es así y Putin y sus generales creen que están ganando –como lo creen la CIA y el Pentágono–, entonces lo correcto es armarse de paciencia y no perder los ánimos. La “victoria” rusa, independientemente de lo que eso signifique, pasa por la paciencia.

Saliendo al paso de las dificultades de aprovisionamiento de gasolina que los rusos sufren en los últimos días por causa de los ataques ucranianos, Putin se mostró confiado y desafiante el pasado 28 de junio: “Dada su catastrófica escasez de personal, las fuerzas armadas ucranianas parecen creer que esto podría ser su salvación. Pero salvar al régimen de Kiev no forma parte de nuestros planes”. Al mismo tiempo, mientras en las tiendas se agotan los stocks de bidones (eso podría pasar pronto en España por la obturación de Ormuz), el presidente ruso habla sin parar en los medios de comunicación, cuyos informativos abren siempre con diez o quince minutos de Putin aquí, Putin allá, Putin esto y Putin lo otro. No creo que eso transmita confianza a los rusos, más bien les empuja a una reflexión: que hable menos y que haga algo contra todos estos drones que comienzan a fastidiarnos la vida. Así que, de momento, contención y paciencia ante una situación que se está crispando.

Otra cosa sería si en el plazo de aproximadamente un año no hubiera desmoronamiento/capitulación ucraniana y los ataques de la OTAN vía Ucrania escalaran. La lógica del conflicto podría hacer entonces inevitable alguna respuesta rusa contra países de la Unión para “poner a Europa en su sitio”, mientras el potencial militar europeo siga siendo modesto y el apoyo de EEUU, ambiguo. Con esa reserva a medio y largo plazo, la impresión es que la respuesta se centra en Ucrania. Rusia no ha usado, ni de lejos, todo su potencial militar para evitar una confrontación con la OTAN, pero cuanto más aprieten los europeos, más sufrirá Ucrania y su población civil.

Esa respuesta dirigida a Ucrania ya está siendo realidad, especialmente desde la nota del Ministerio de Exteriores ruso del 25 de mayo, que anunciaba “golpes sistémicos” contra Kiev, “incluso a los lugares específicos de diseño, fabricación, programación y preparación para el uso de drones que el régimen utiliza con la asistencia de profesionales de la OTAN, responsables de suministrar los componentes, entregar datos de información y establecer los blancos”, entre ellos “los centros de toma de decisiones y puestos de mando”, lo que determina una advertencia “a los ciudadanos extranjeros, incluso al personal de las misiones diplomáticas y representaciones de las organizaciones internacionales, de que es necesario abandonar la ciudad lo antes posible”. Están anunciando claramente que los ucranianos y las ciudades ucranianas, casi completamente intactas, van a sufrir mucho más ahora...

Se ha apuntado muchas veces lo peligroso que es todo esto, lo fácilmente que se puede ir de las manos, especialmente en el Báltico, en Kaliningrado y en el mar Negro, y la insensatez que supone atacar instalaciones estratégicas rusas vinculadas a la disuasión nuclear, como se ha hecho en repetidas ocasiones bajo patronazgo británico y estadounidense. Es escalofriante. Por mucho menos, en los años ochenta se produjo en Europa Occidental la gran movilización contra el despliegue de los euromisiles. Hoy no hay nada de eso a la vista, aunque es cierto, como ha apuntado Manolo Monereo, que el gasto en rearme que se va a realizar en menoscabo del gasto social plantea un desafío tan descarado y abierto a la mayoría social, que el humor de la hasta ahora adormecida opinión pública europea está abierto a todos los imprevistos. Confiemos en ello. 

A la unidad por la guerra

"El presidente del Consejo, António Costa, quiere establecer un canal diplomático con Moscú, pero el canciller Friedrich Merz se opone"

En la Unión Europea, describir la realidad está considerado “traición”. Decir que la invasión de Ucrania fue una violación del derecho internacional y que, al mismo tiempo, fue una acción preventiva –porque, aunque Ucrania no estaba en la OTAN en 2022, la OTAN sí estaba en Ucrania desde el cambio de régimen de 2014– te convierte en “partidario de Putin”... Esta especie de macartismo se percibe en España, pero en Alemania, el país central de la UE, adquiere cotas demenciales; la gente pierde su trabajo en la universidad o en los medios de comunicación por ello. Uno puede ser “sancionado” por la UE en Bruselas y convertido en un indigente sin acceso a su propia cuenta bancaria, o sin posibilidad de viajar, como le ha pasado al coronel suizo Jacques Baud y a algunos otros. ¿Por qué estamos llegando a estos extremos?

Una explicación tiene que ver con la actitud de la UE, que considera muy peligroso para la unidad y estabilidad de la UE cualquier intento de negociación diplomática con los rusos Y lo es: los intereses de seguridad de bálticos y mediterráneos, por ejemplo, son diversos y muy diferentes. En Bruselas, hay un desbarajuste manifiesto. El presidente del Consejo, António Costa, quiere establecer un canal diplomático con Moscú, pero el canciller Friedrich Merz se opone. Francia también tiene sus reservas. Hace tiempo que Macron envió un emisario al Kremlin sin proponer nada realista y serio. Los países bálticos, por su parte, no quieren mantener ningún tipo de conversaciones con Putin. Polonia rechaza el formato E3 constituido por Merz, Macron y Starmer –aunque éste ya haya dimitido va a ser relevado por otro igual–. Lo importante es comprender esa “E”. No es “Europa 3”, es “3 energúmenos”. El no declarado programa de los 3E puede resumirse en el lema “a la cohesión por la guerra”.

El resultado es que, en lugar de entablar un diálogo con Rusia y China, sin el cual la UE nunca será estratégicamente autónoma, la Europa 3E apuesta por nuevas sanciones y aún más presión. Su gran batalla es implicar a Estados Unidos en la guerra contra Rusia. Su papel hacia Rusia en este momento es el mismo que el de Israel hacia Irán: implicar como sea a Trump en su guerra. La UE e Israel son los dos principales pirómanos del momento, así que el resultado es que el pasado 23 de junio la UE recibió en Bruselas a una delegación de los talibanes: antes negociar con los talibanes que con Rusia. 

Rafael Poch

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.


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