mercredi 20 septembre 2023

CADENA PERPETUA PARA EXFISCAL MILITAR Y OTROS 19 FUNCIONARIOS DE LA DICTADURA

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ALFONSO PODLECH
FOTO DAVID CORTES SEREY /AGENCIA UNO

Cadena perpetua para exfiscal militar y otros 19 funcionarios de la dictadura/  Se les declaró culpables de torturas y posterior homicidio de siete dirigentes del Partido Comunista de Chile (PCCH) en 1973./ Entre los condenados está Alfonso Podlech, quien está recluido en Punta Peuco por otros delitos contra los DDHH.

Periodista Digital  Cooperativa.cl

El exfiscal militar Alfonso Podlech, junto a otros 19 funcionarios de la dictadura, fueron condenados este viernes a cadena perpetua por su participación en las torturas y posterior homicidio de siete militantes del Partido Comunista en 1973, hecho conocido como el "Asalto al Polvorín" y que ocurrió en el Regimiento Tucapel de Temuco.

En un primer momento, las víctimas fueron acusadas de haber intentado asaltar este regimiento una vez ocurrido el golpe de Estado, sin embargo, la investigación pudo acreditar que esto no se produjo como informó el Ejército: los afectados fueron detenidos, torturados y luego fusilados al interior de la unidad castrense.

"Se condenó a presidio perpetuo a gran parte del aparato represivo que funcionó y que operó dentro del Regimiento Tucapel. Cabe recordar además que en este caso fue difundida por los medios de comunicación, regional y nacional, la información de que estas personas habían sido ultimadas producto de un supuesto asalto al polvorín del Regimiento", afirmó Sebastián Saavedra, abogado querellante en la causa.

El jurista se manifestó conforme con esta determinación y respecto del trabajo desarrollado por el ministro de Corte Álvaro Mesa, a cargo de estas indagatorias.

Diferentes organizaciones vinculadas a familiares de detenidos desaparecidos, así como el propio Partido Comunista, se manifestaron conformes con la condena luego de 50 años de investigación.

Cabe recordar también que Alfonso Podlech, condenado por otros delitos ocurridos en dictadura, permanece recluido en Punta Peuco.

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mardi 19 septembre 2023

MANUEL ANTONIO GARRETÓN: «LA SOLIDARIDAD PUEDE SER UN PRINCIPIO ESTRUCTURANTE DE LA IZQUIERDA»

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MANUEL ANTONIO GARRETON, SOCIOLOGO.
FOTO ANDRES PEREZ

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 Iinterferencia
Entrevista/ Manuel Antonio Garretón: "la Solidaridad puede ser un principio estructurante de la izquierda"/ El sociólogo conversó con Interferencia acerca de la crisis política y social que atraviesa el país, y que afecta la discusión sobre la izquierda. También Garretón se refirió al 'Allende' de Daniel Mansuy: "no puedes interpretar la muerte de Allende, si no tienes en cuenta que había bombarderos arriba de La Moneda", comenta. 

por Andrés Almeida 

Manuel Antonio Garretón es sociólogo, ensayista y Premio Nacional de Humanidades, galardón que obtuvo en 2007 dado un intenso y prolífico trabajo de reflexión acerca del socialismo y su renovación, proceso intelectual y político que caracterizó la discusión en los 80 y 90, y que determinó entonces la identidad del sector en Chile, principalmente a través del Partido Socialista (PS).

Hoy, además, Garretón es profesor de Sociología de la Universidad de Chile, realiza comentarios y análisis en la Radio Universidad de Chile, y fue nombrado profusamente por Daniel Mansuy en su libro Allende: la izquierda chilena y la Unidad Popular, dada la dura autocrítica que los socialistas, como Garretón, hicieron del proceso histórico que derivó en el golpe que ahora cumple 50 años.

Pese a que Mansuy tiene elogiosas palabras para Garretón, este sociólogo -socialista hasta 2019, ahora militante de Convergencia Social- considera que su libro es "muy bueno, pero profundamente equivocado", fundamentalmente porque -a juicio de Garretón-, Mansuy olvida que el golpe fue un crimen que pudo no haberse realizado, y por lo tanto, Allende pudo no haber terminado con su vida, cuestiones que nada tienen que ver con los errores de la UP.


Interferencia contactó a Garretón por Zoom para abordar no solo ese punto, sino que en general la crisis que vive el país, su impacto en la izquierda, venida a menos, ante la posibilidad de un triunfo de la extrema derecha, y otras claves de futuro, cuya conversación derivó en esta larga entrevista.

- ¿Cómo leer esta crisis?

- Lo primero es identificar de qué crisis hablamos.

Tenemos por un lado la crisis de un proceso transformador que se ha frustrado, que comienza con el estallido social, que se institucionalizó a través del primer proceso constituyente, el que fracasó, y que tiene un segundo momento, pero que se aleja de ese proceso transformador. Ese era uno de sus cauces. 

El segundo cauce, era el gobierno de Gabriel Boric, el que se ve como gobierno de minoría, por lo que -como cauce del proceso transformador- se ve dificultado para realizar su programa, pese a que está recién iniciando.

Entonces uno podría decir que hay una crisis por empantanamiento de ese proceso transformador, el que se ve estancado o suprimido, no sabemos cuál va a ser el resultado final. Pero, implica que enfrentamos la posibilidad de una regresión autoritaria.


Por otro lado, hay una crisis de convivencia social, que se manifiesta en una polarización, dadas las distintas visiones en torno a lo que fue el crimen principal de nuestra historia, el crimen fundante de nuestra época, que es el bombardeo a La Moneda, la muerte del presidente legítimo, el quebrantamiento de la institucionalidad democrática y la presencia permanente de las violaciones a los derechos humanos.

«El principal clivaje de la sociedad chilena sigue siendo el marcado por el golpe y la dictadura ».

Las conmemoraciones de los 50 años, lo que hacen es mostrar una crisis estructural-cultural muy profunda de nuestra sociedad, que no se ha resuelto con la restauración democrática ni con la democratización política ni, tampoco, debido a sus insuficiencias, con los significativos logros de la Concertación en múltiples campos, como el desarrollo o la reducción de la pobreza por nombrar sólo dos. Esto, porque, reconociendo los grandes avances realizados por esos gobiernos incluyendo el de la Nueva Mayoría, existe un gran sector de la sociedad que se siente insatisfecho y reclama una nueva Constitución y un nuevo orden socioeconómico, que reemplace el instalado por la dictadura, el que fue corregido por la Concertación, pero no superado.

Entonces, la crisis más profunda de la sociedad chilena se da en este clivaje, que no es solo político, que es de la sociedad, respecto de lo que ésta ve sobre sí misma; una sociedad herida y dañada muy profundamente por lo que fue la dictadura y el golpe militar.

- ¿Es el único clivaje determinante?

- Es cierto que han aparecido muchos nuevos clivajes en la sociedad chilena, como el de género, el de los pueblos originarios, el territorial, el del medioambiente, el generacional, por mencionar algunos, que se suman al clásico de la desigualdad. Pero, los nuevos clivajes tienen distintos actores que son más sociales que políticos, que aparecen frente al Estado con distintas demandas, y siguen atravesados por el clivaje central que divide la sociedad chilena, es decir, lo que fue el golpe militar y la dictadura. 

Eso se prueba en momentos cruciales, como fue la elección del presidente [Gabriel] Boric, quien reproduce los porcentajes de población que votó contra [Augusto] Pinochet en el Plebiscito del 88. 

Además, cuando uno examina los distintos conflictos, que tienen expresiones y actores particulares, y los ve en su conjunto, estos tienden a ordenarse entre quienes están de un lado y de otro respecto del clivaje central. 

- ¿No hubo un cambio de clivaje después del plebiscito del 4 de septiembre de 2022?

- A mi juicio, eso no resolvió el clivaje central, porque estamos hoy día de nuevo -en el actual proceso constituyente- con un enfrentamiento entre las mismas fuerzas que estuvieron en contra y a favor de la dictadura, esta vez con pesos diferentes. 

« ¿Cuál fue la solución más extrema cuando se planteó un nuevo orden político que consagra la posibilidad de un Estado social de derecho y una gran transformación del país planteada dentro del marco constitucional? Ahí la derecha opta por el rechazo de plano, y al igual que la estrategia de derrocamiento, que era muy minoritaria en su inicio, termina siendo hegemónica ».

Otra cosa es el aspecto electoral. Ahí, por supuesto, de elección a elección, por distintas circunstancias, aparecen otros resultados, porque en ese momento están primando otros temas, y tienes una reorganización del electorado. Fíjate que en uno de los plebiscitos, el del 89, el resultado fue 80/20 y  en el más reciente plebiscito se invirtió este resultado. Eso no resuelve esa crisis. Sigue presente el actual clivaje.

Esa continuidad se expresó en las conmemoraciones de los 50 años, donde hay un sector que dice que no va a condenar nunca el golpe y que comunica que le parece que era la única salida posible, otro que lo condena radicalmente, con justa razón, y otro al cual esto le es indiferente.

- ¿No es ese un debate exclusivamente entre políticos, dado que la gente común y corriente ya tiene resuelta su opinión al respecto hace rato? 

- Entonces ¿cómo se explica que cuando la gente común y corriente fue a votar por Boric o por [José Antonio] Kast, lo hizo exactamente como votó en el plebiscito de 1988? 

Es decir, los distintos conflictos, que son autónomos y nuevos, de alguna manera, en los momentos de tomas de decisiones -independientemente de que la gente diga que no le importa tanto el golpe militar y que hay que olvidarse eso,- este clivaje está metido en el ADN de los distintos sectores, porque la sociedad quedó dividida. 

Por un lado, está la derecha, que termina votando por todo lo que tenga que ver con la mantención del orden de Pinochet, y, por otro, los sectores de centro izquierda, aunque hay que incluir un sector fluctuante, como siempre lo ha habido.

- ¿Y cómo se explica entonces que, después del plebiscito de 2022,  Republicanos arrasara en el Consejo en la siguiente elección?

- Porque ahí se votaba, no por un presidente. No era una opción que tuviese que ver con la definición política respecto de Gobierno y Parlamento, sino respecto a lo que había sido un texto, en primera instancia. Fueron elecciones muy precisas, que no se repiten, y que siguieron la pauta que tenían que ver con el rechazo al primer proyecto. 

Y ese rechazo se debió, por un lado, a una estrategia -a mi juicio- muy clara de la derecha, que siempre ha adoptado, cuando Chile vive procesos de transformación, por la opción más extrema.

Tomemos lo que pasó hace 50 años ¿cuál fue la solución más extrema? Con el apoyo de los Estados Unidos, lo primero fue impedir que [Salvador] Allende llegue al poder -con el asesinato del general René Schneider mediante, una maniobra institucional para impedir la elección de Allende en el Congreso-, y, si llega, derrocarlo después, buscando diversas fórmulas, como generar una crisis económica, movilizaciones como el paro de octubre de 1972, o el intento de derrocamiento constitucional de marzo de 1973, y finalmente a través del golpe militar, instigado por la derecha. De lo que se trató siempre fue de terminar con el gobierno constitucional, por cualquier medio. 

« Se formó una nueva élite en la Convención, y como detrás hay un gran sector de la población que rechaza a las élites -eso estaba muy claro en el estallido social y en múltiples otras manifestaciones de pérdida de legitimidad representativa-, se produjo que muchos sintieron que estas nuevas personas, que hablaban a su nombre, en realidad no los entendían ni les interesaba quiénes eran, pues no resolvían sus problemas principales y cotidianos ».

Eso fue lo más extremo en esa época de Guerra Fría, pero ¿cuál fue la solución más extrema cuando se planteó un nuevo orden político que consagra la posibilidad de un Estado social de derecho y una gran transformación del país planteada dentro del marco constitucional? Ahí la derecha opta por el rechazo de plano, y al igual que la estrategia de derrocamiento, que era muy minoritaria en su inicio, termina siendo hegemónica.

Eso, aunque, es cierto también que el proyecto constitucional transformador fracasa además por los errores cometidos por los sectores que estaban por una nueva Constitución, que no entendieron la diferencia entre lo que es la suma de las demandas individuales o grupales, perfectamente legítimas, con un proyecto constitucional.

Y es que una nueva Constitución no puede ser un programa de gobierno, ni la suma de las propuestas grupales identitarias, por legítimas que sean, sino que debe ser un marco que fija; a) algunos valores de contenido, sin meterse en los detalles, porque, si no, significa constitucionalizarlo todo y no dejar espacio a la política, el debate o la negociación; y b) un método o sistema político que asegure la legitimidad ciudadana de quienes gobiernan.

Eso no fue entendido por los actores que asumían la representación de esas demandas ni los políticos supieron encauzar esas demandas ni elaborar un escenario que permitiera un acuerdo de todo el país respecto de su Constitución. 

En esto, hubo algo muy propio de la sociedad actual, que es la inmediatez, que todo sea 'altiro' y sin mediación pues 'nadie me representa, sino yo mismo o alguien idéntico a mí'.

Así, se formó una nueva élite en la Convención, y como detrás hay un gran sector de la población que rechaza a las élites -eso estaba muy claro en el estallido social y en múltiples otras manifestaciones de pérdida de legitimidad representativa-, se produjo que muchos sintieron que estas nuevas personas, que hablaban a su nombre, en realidad no los entendían ni les interesaba quiénes eran, pues no resolvían sus problemas principales y cotidianos. Entonces, los rechazaron a ellos, en tanto nueva élite, y ya no solo a los partidos políticos o a las elites clásicas.

 «La dictadura produce circunstancias en las cuales se crea una ruptura entre los partidos y el mundo social, entre lo que se encuentra la privatización de la educación, que es la que transmitía valores y orientaciones -dentro de la diversidad que hay en el pensamiento- para ciertas cuestiones básicas, como el Estado-Nación, como expresión de la sociedad que conforma una comunidad política ». 

- ¿No hay un clivaje a partir de la decepción que se produjo por el fracaso del estallido social, en el que el eje es entre la gente común y las élites, donde la desafección es muy fuerte?

- Un clivaje, básicamente, es un punto de decisión que genera un conflicto, en el cual los distintos actores se definen e interaccionan, por lo que no lo veo así.

Lo que sí hay es un distanciamiento y una ruptura. 

Yo soy de los que empezó a escribir, hace tiempo, respecto de este punto; que la sociedad chilena se había estructurado, durante el siglo 20 y hasta la primera década del siglo 21, fundamentalmente en torno a la relación partido-sociedad, pero que esto obviamente se acabó, lo que trajo grandes repercusiones.

Chile fue un Estado, con régimen democrático, donde las clases sociales -o los distintos actores sociales- generalmente eran representados por partidos políticos, pese a que siempre hubo un porcentaje de independientes. Entonces, los partidos eran la expresión de la sociedad y sus dinámicas y diferencias en su interior; eran subculturas más que partidos, pues determinaban muchos elementos claves de la sociedad civil, pues tenían medios de comunicación, escuelas de formación política, presencia nacional extendida en el territorio y movimientos sociales, y, en en el caso de la derecha empresas, etcétera.

Pero, por asuntos que son muy complejos de analizar ahora, la dictadura produce circunstancias en las cuales se crea una ruptura entre los partidos y el mundo social, entre lo que se encuentra la privatización de la educación, que es la que transmitía valores y orientaciones -dentro de la diversidad que hay en el pensamiento- para ciertas cuestiones básicas, como el Estado-Nación, como expresión de la sociedad que conforma una comunidad política. 


Por supuesto, cada uno de los partidos mantiene hoy una cierta presencia en la sociedad, pero como nichos. 


Recientemente entrevisté al historiador Rafael Sagredo, y me dijo que uno de los dramas de nuestra sociedad es que nuestro único hito referencial como comunidad política tiende a ser la Independencia. Es decir, entonces la idea de comunidad nacional e histórica, en el pasado, el presente y el futuro, se vive fundamentalmente a través de la política, y, por supuesto, también a través de la educación pública que enseña esta idea.

« Se trata también de una sociedad que ha vivido mucho en el individualismo, dadas las transformaciones económicas y sociales que se habían realizado, que enfrentaba además un cambio civilizatorio, como es internet, las redes sociales, y la sociedad digital, y que no cuenta con una teoría de la democracia para enfrentar estas novedades ».

Pero esto se rompió sobre todo en la medida que hay gente que nunca votó. Antes, en los 70, los 80, los 90 y parte de los 2000, en las encuestas las personas se identificaban con la derecha, el centro o la izquierda, y muchos lo hacían con algún partido, aunque fuera de un modo distante y no se movilizasen por eso, lo que implica que, llegado el momento de la acción política, digamos una elección, votaban por los partidos. Para un sector no eran su núcleo central, pero había una relación.

Ahora, los partidos quedaron reducidos a sus militantes y a los núcleos más cercanos a ese mundo.

- Los partidos no parecen detentar el poder real, el que parece estar más bien en el mundo social, en el empresariado, ¿la desafección no se explicará por esa incapacidad de generar transformaciones? Lo pregunto pensando en el segundo gobierno de Michelle Bachelet. 

- Siempre, siempre, el poder económico ha sido parte del poder político, a través de su influencia y ciertos mecanismos de control.

Tomemos el ejemplo que señalas ¿de dónde sale el programa del segundo gobierno de Bachelet? Sale estrictamente de la movilización de 2011 y 2012. De ahí salen sus tres ejes centrales; educación pública y de calidad, reforma tributaria, no solo para solventar esos gastos, sino que también para generar igualdad, y una nueva Constitución; no una reforma constitucional. Habría que agregar una reforma laboral, dada la incorporación a la coalición del Partido Comunista. 

Esos son los elementos centrales de un proyecto transformador, el que, por primera vez en la historia, a mi juicio, surge de la demanda social, en este caso, de las organizaciones estudiantiles. Claro, es una demanda social de un sector, que contó con mucho apoyo ciudadano, pero que esta vez no contó con la presencia fundamental de los partidos políticos, como habían sido todas las movilizaciones en la historia de Chile. 

Entonces, Bachelet plantea un programa que retoma lo que ya había planteado la ciudadanía más organizada, el movimiento estudiantil, el que -hay que acordarse- contaba con amplios apoyos, y lo devuelve a la ciudadanía convertido en un programa para una elección presidencial… y por primera vez en la historia vota menos del 50 %.

¿Qué es lo que hay ahí? ¿Eso fue solo falla de los partidos o las élites políticas o hay un problema en la sociedad y los movimientos sociales?

« Y aquí cabe la pregunta por el socialismo en este nuevo tipo de sociedad. Hay que partir de la idea de que no hay proyectos aceptables para la humanidad hoy que no sean democráticos, aunque la sola democracia política, irrenunciable e indispensable, no basta ». 

Las dificultades no fueron solo por los errores de los partidos o porque se habían visto enredados en problemas de corrupción, todos ellos, los de derecha y los que estaban más vinculados al Estado, pues en paralelo aparece una sensación de distanciamiento y de crítica a la élite, la que va acompañada de transformaciones estructurales que permiten hacer, de esa sensación, una voz colectiva, a partir de múltiples voces individuales. No aparece como grupo, pero si con el efecto que las redes sociales tienen en la opinión pública, como el que antes tenía la prensa. 

Entonces, se trata también de una sociedad que ha vivido mucho en el individualismo, dadas las transformaciones económicas y sociales que se habían realizado, que enfrentaba además un cambio civilizatorio, como es internet, las redes sociales y la sociedad digital, y que no cuenta con una teoría de la democracia para enfrentar estas novedades. Hay, por supuesto, prácticas democráticas e ideas para una teoría sobre la democracia en la época no industrial, en la era digital, pero no hay una teoría actual de la democracia.

- La sociedad líquida…

- Es más complejo que eso. Hay cierto facilismo con esa metáfora. No es esta una sociedad 'líquida', sino una 'viscosa', descuajeringada, fragmentada, segmentada, desarticulada. 

Pero, ¿por qué es así?

De nuevo llegamos al trabajo, su carácter precario, y que hoy, industrialmente, requiere de poca gente, lo que implica que incluso ni siquiera, en muchos casos, hay un lugar de trabajo más organizado, a diferencia de lo que pasaba con el trabajo industrial.

Entonces, cada uno está en su propio nicho, y las dificultades de organización son enormes. Hay toda una estructura de la sociedad que hace todo mucho más difícil, desde la perspectiva de la política, en especial respecto de la desigualdad, porque además la sociedad está fragmentada.

Esto lo viven también sociedades más avanzadas, como las de los países OCDE, pero en Chile está la dificultad adicional de que la estructura social y organizativa, forjada por años de historia, la dictadura la destruyó, sin haber podido recomponerla.


Eso hace muy difícil la posibilidad de pensar cuál es el proyecto de sociedad que la izquierda debe desarrollar.


Antes tenía el socialismo o el capitalismo. Había una teoría del capitalismo, de donde podía surgir el socialismo. Pero hoy día ¿de dónde saca la izquierda su proyecto? 

« El nuevo proyecto de la derecha no es solo restaurador, es también conservador y reaccionario, y -hay que reconocerlo- surge en democracia, cuando antes solo era imaginable en dictadura ». 

Tenemos una sociedad heredada de la dictadura y corregida -en parte- por los gobiernos de la Concertación, con un orden neoliberal. Superar esto y generar un nuevo sistema político era parte del proyecto de izquierda que hoy se ve dificultado. Pero, además, es necesario pensar más allá de la superación de lo existente; sobre cuál es el tipo de sociedad a que se aspira con los valores clásicos de la izquierda. Pero, entendiendo que ya no estamos en la sociedad industrial.  

Y aquí cabe la pregunta por el socialismo en este nuevo tipo de sociedad. Hay que partir de la idea de que no hay proyectos aceptables para la humanidad hoy que no sean democráticos, aunque la sola democracia política, irrenunciable e indispensable, no basta. 

- ¿La democracia o la igualdad son realmente proyectos, en el sentido de que comprometen metas y acciones, o son más bien horizontes?

- La democracia fue un proyecto en lo referente a la dictadura. Se trataba de cómo volver a tener una sociedad aceptable en que se puedan plantear proyectos y conflictos sin que maten a la gente. Esa fue nuestra tarea, y creo que en ese momento no se podía plantear hacer socialismo ni proponerse solucionar la crisis medioambiental.

Todavía no estaba lo básico, que era restaurar la democracia, lo que supuso un tiempo y una serie de tareas, entre las que se incluye también superar déficits de la sociedad de dictadura y del modelo económico y social heredado. En ese punto se estaba a partir de las movilizaciones de 2008-2012, pues tenían la idea de superar el orden neoliberal y hacer una nueva Constitución, para la creación de una nueva comunidad política.

¿Es posible continuar con eso o enfrentamos una regresión autoritaria? Así partió nuestra conversación, y es lo que sigue en suspenso.


En cuanto a la derecha, ésta también ha cambiado. Desde la instauración del neoliberalismo, es decir, desde que surgió como proyecto de la dictadura, la derecha, a mi juicio, básicamente no ha hecho otra cosa que tratar de impedir cambios o ganar tiempo para preservar todo lo posible el orden heredado. Pero, ahora no solo hay una derecha nostálgica -o normal, si quieres- que contiene los cambios, sino que hay un proyecto activo de cambio conservador o reaccionario de volver en democracia al orden social instaurado por la dictadura.


No sabemos si se va a lograr imponer en el conjunto de la derecha, pero es lo que vemos ahora, con las propuestas de las enmiendas constitucionales. 

- Es un proyecto restaurador.

- El nuevo proyecto de la derecha no es solo restaurador, es también conservador y reaccionario, y -hay que reconocerlo- surge en democracia, cuando antes solo era imaginable en dictadura. 

« Lo interesante es que el tema central de la seguridad va más allá del orden público, pues eso conceptualmente involucra otras inseguridades e incertidumbres, que también están en la base de la demanda política, donde la izquierda puede generar propuestas. Hablo de la seguridad en el trabajo ».

A mi juicio, el problema principal de todo esto es que es una apuesta que no solo busca ganar la derecha más clásica o tradicional, sino que también quiere ganar el mundo social, que antes se había expresado en el centro o en la izquierda, o que no se había expresado nunca, me refiero a los cinco millones que no habían votado antes.

Es decir, se trata de convertir ese electorado en una base social relativamente estable. Algo así como hizo el pinochetismo, que logró construir una base de 44%. 

El tema, de todos modos, es que ese mundo social es anti-elite y anti-política, y está preocupado fundamentalmente de los problemas de la vida cotidiana. 


Pero, visto desde otro ángulo, en gran parte de esos problemas la derecha es fuerte, porque tienen que ver con el orden social. Aquí vuelvo a mi conversación con Sagredo, pues él me hizo ver cómo el tema del orden en la sociedad chilena es algo que cruza su historia desde el primer momento, incluso a partir de la convocatoria al Cabildo del 18 de septiembre de 1810, donde lo que se busca es evitar que haya confusiones e incertidumbres, para lo que se autoconvocan solamente mientras no esté el monarca de España.


Pero, lo interesante es que el tema central de la seguridad va más allá del orden público, pues eso conceptualmente involucra otras inseguridades e incertidumbres, que también están en la base de la demanda política, donde la izquierda puede generar propuestas. Hablo de la seguridad en el trabajo, pues las relaciones de trabajo están llenas de inseguridades para la gente, lo que hace que las personas quieran es una respuesta que los libere de un miedo que es mayor que el de un golpe o una dictadura. 


Esto hay que ponerlo junto a la falta de inserción en lo político, donde lo que vale es uno mismo y su familia, lo que está cerca. Ahí está la incertidumbre en el orden social, y si te fijas son temas que la izquierda, históricamente, ha puesto en su reflexión, porque, más allá de los aspectos prácticos, tienen que ver con la igualdad.

En cuanto a la solidaridad, es un principio que nunca se ha materializado bien, y me parece que hay que mirar más detenidamente, porque apunta a estas incertidumbres. De partida, apela a la necesidad de orden, porque en el momento en que empiezo a ver al otro como enemigo, se produce exactamente una falta de solidaridad que perturba la cohesión social.

El capitalismo produce desigualdad, entonces, para la izquierda, en su búsqueda de superar el capitalismo, la tarea debe ser, al menos, eliminar esas desigualdades, como lo ha hecho históricamente, incorporando nuevos sectores sociales, los cuales, a su vez, fueron participando en la conformación del Estado. 

Eso la izquierda lo tiene claro, no lo ha perdido, y es de esperar que nunca lo pierda. Después de todo, está en el centro de la triada Libertad, Igualdad y Fraternidad, aunque yo respecto de este último principio hablaría mejor de Solidaridad. Y, la verdad, no hay Libertad sin Igualdad, porque, sino, es una libertad solo para algunos. 

En cuanto a la solidaridad, es un principio que nunca se ha materializado bien, y me parece que hay que mirar más detenidamente, porque apunta a estas incertidumbres. De partida, apela a la necesidad de orden, porque en el momento en que empiezo a ver al otro como enemigo, se produce exactamente una falta de solidaridad que perturba la cohesión social.

Cómo incorpora eso la izquierda a su acervo teórico, no sólo como política pública, es un desafío que puede dar luces, pues apunta a la necesidad de ser reconocido.

- Empatía es un concepto que se usa bastante, en especial entre los más jóvenes.

- Confieso que ese término aquí no me hace tanto sentido, porque creo que una cosa son las relaciones interpersonales y otra es la solidaridad que se refiere al conjunto de la sociedad. Claro, la solidaridad podría reducirse al tipo asistencial y ahí se acerca a la empatía, pero es un sentido restrictivo.

La Solidaridad es -como la Igualdad o la Libertad- un concepto estructural de la sociedad organizada en torno a principios, aunque, como dije, es todavía un elemento que no está incorporado totalmente, tal vez porque temas tales como la Justicia Social se relacionaban casi automáticamente a la Igualdad, más que a la Solidaridad, aunque fue tan clara la idea de solidaridad de clase. 

Ahora, es interesante que la solidaridad se asocie con tanta fuerza con el movimiento feminista, a través del concepto de la sororidad. Ahí está como elemento estructural.

« Entonces, ahí -en las pensiones- tenemos un principio estructurante de Solidaridad. Y lo separo de empatía, porque ésta supone finalmente algo subjetivo y no obligatorio, por importante que pueda ser en otros campos ».

De todos modos, no está todavía expresado cuál es el tipo de sociedad en el cual se asegura la Solidaridad. Tenemos más claro eso para la Igualdad o la Libertad. Uno diría que los sindicatos aseguraban seguridad, mediante la solidaridad entre sus miembros, pero no solo trata de afianzar la solidaridad entre los iguales. Tiene que ser a nivel de la sociedad.

Y en esto fíjate el sentido que tiene la insistencia del Gobierno en mantener el principio solidario de la reforma de pensiones. Este proceso debiese estar centrado en eso, porque así nació, así fue pensado, y lo que hace es incorporar a la teoría de la sociedad el principio solidario, por eso era algo tan firme y central que diferencia los proyectos que se están planteando. 

Y hay camino andado, pues a la derecha le costó mucho asumir que el Estado debe asegurar un piso mínimo para una vida humana digna, y para eso debe tener los recursos, y distribuirlos solidariamente. No a partir de consideraciones respecto de quién tiene más o al que le va mejor. No, debe hacerlo solidariamente con los sectores más precarios. 


Entonces, ahí -en las pensiones- tenemos un principio estructurante de Solidaridad. Y lo separo de empatía, porque ésta supone finalmente algo subjetivo y no obligatorio, por importante que pueda ser en otros campos.


Este Gobierno ha estado avanzando bastante en eso. Una vez lograda una cierta estabilidad económica, en términos de inflación y otros aspectos, lo que importa ahora es avanzar hacia un nuevo modelo de desarrollo, pero que no sea solo crecimiento económico, sino que lo haga teniendo en cuenta, por ejemplo, estos principios de Igualdad y Solidaridad, como podría ser integrar en el modelo la superación de la crisis climática, de manera solidaria, pues de eso depende la vida humana y la naturaleza, lo que implica dejar de pensar que simplemente hay un sector que debe crecer, para que después eso se distribuya. 


Para este modelo de desarrollo solidario, lo mismo aplica con la organización social, lo que se asocia a los sistemas de trabajo, los que, en el caso de emprendimientos, debieran tender a estar mucho más llenos de emprendedores relacionados entre sí, para que no sean un conjunto de átomos, y exista un tejido social en torno al trabajo.

- Daniel Mansuy publicó 'Allende', tal vez el libro más influyente de la conmemoración de los 50 años. Ahí lo menciona a usted como ejemplo positivo de la renovación socialista, ¿qué opinión le merece el libro?

« No sé si es el libro más influyente [el de Mansuy]. Lo que sí, es el más difundido y discutido, esto último, merecidamente, pues me parece que es un muy buen libro, bien escrito, con buen estilo literario, con mucha documentación y celebro su bibliografía. Pero es un libro profundamente equivocado, porque se pueden escribir grandes libros muy equivocados».

DANIEL MANSUY
- No sé si es el libro más influyente. Influir significa cambiar, modificar o alterar las opiniones previas, aunque sea mínimamente, y no sé a quiénes ha influido. Lo que sí, es el más difundido y discutido, esto último, merecidamente, pues me parece que es un muy buen libro, bien escrito, con buen estilo literario, con mucha documentación, y celebro su bibliografía. Pero, es un libro profundamente equivocado, porque se pueden escribir grandes libros muy equivocados. 

- ¿Por qué?

- Porque cuando se está en el medio de un campo de batalla, aunque no sea el concepto exacto, y se toma sólo a uno de los actores en conflicto, y se olvida del otro, es un error, pues se olvida que este otro lo que hace es ir cambiando permanente y necesariamente, debido a lo que dice o hace su adversario. 

Tú no puedes interpretar o analizar -para poner un ejemplo muy dramático-, la muerte de Allende, si no tienes en cuenta que había bombarderos arriba de La Moneda. Decir que Allende tenía su final siempre previsto, no es así. Lo que tenía previsto es que él no iba a rescindir ni prescindir de la democracia y el orden institucional, y que eso lo iba a defender hasta el fin. Pero eso se explica porque había una amenaza permanente de quienes querían destruir ese orden.

No se puede analizar el periodo de la Unidad Popular solo revisando los antecedentes de lo que fue -por ejemplo- la Revolución Cubana o de quienes adherían a ella. Eso cierto, es muy importante, pero ese era es solo un camino. La opción de la Unidad Popular, en cambio, fue que se haría socialismo, sí socialismo, pero en democracia, por primera vez en la historia. 

Y esa opción se enfrentó a la otra, que, como dijimos, era la del derrocamiento, tomada desde el primer minuto, desde antes que asumiera Allende por los sectores dominantes de la economía y de la sociedad, que ya se habían visto muy afectados por la reforma agraria, por lo que estaban predispuestos contra cualquiera profundización de ese y otros cambios. Y está Estados Unidos, que tenía muy claro- y lo dice desde el desde el primer momento-, que Allende no debía llegar al poder, y si llega, entonces, hay que terminar con él.

El escenario es bipolar; unos quieren construir socialismo en democracia y otros quieren eliminar esa posibilidad. La opción de derecha trataba de derrocar un gobierno con todas las consecuencias que eso tuviera, por lo tanto, lo que implicaba eliminarlo físicamente.

Si no se entiende eso entonces no se entiende nada, y no puedo hacer una buena historia de Allende ni de la izquierda ni de la Unidad Popular, aunque se haga mucha investigación, se acumule una buena bibliografía al respecto y se tenga una propia interpretación.

Eso no quiere decir que no hubiera tensiones al interior de la Unidad Popular, o que no hubiera distintas visiones distintas al liderazgo de Allende, y que él no siempre haya podido imponerse sobre su coalición. ¿Es materia de análisis? Por supuesto que sí, pero es otra cosa que explicar lo que ocurre en el período y como ello termina, en lo cual lo determinante es la búsqueda de eliminación del gobierno por parte de la derecha y la sumisión del sector de centro a esa estrategia.

« Tú no puedes interpretar o analizar -para poner un ejemplo muy dramático-, la muerte de Allende, si no tienes en cuenta que había bombarderos arriba de La Moneda. Decir que Allende tenía su final siempre previsto, no es así. Lo que tenía previsto es que él no iba a rescindir ni prescindir de la democracia y el orden institucional, y que eso lo iba a defender hasta el fin. Pero eso se explica porque había una amenaza permanente de quienes querían destruir ese orden ».

Además ¿quiénes han hecho autocrítica de ese periodo?

Sólo la izquierda, y un sector de la Democracia Cristiana que rechazó y condenó el golpe, y que nunca estuvo acuerdo con su directiva. Un grupo al que recién hoy la directiva del partido, muy disminuido, reivindica y reconoce a partir del profundo error que cometió el partido como tal, aunque todavía es una autocrítica débil.

Ningún sector de derecha ha hecho jamás una autocrítica de su comportamiento durante ese período.

Entonces, en la izquierda ha habido el ejercicio de mostrar profundamente dónde estuvieron los problemas y los errores que dificultaron su proyecto, de lo que se ha hablado y escrito abundantemente, pero ello nada tiene que ver con el golpe militar cuya responsabilidad recae exclusivamente en quienes lo instigaron, lo ejecutaron y sus cómplices silenciosos.

Y la derecha no ha hecho ni una autocrítica, ni quiso hacerla ahora. La derecha dice que todos somos culpables, pero ésta tiene la responsabilidad exclusiva del golpe militar, junto con las Fuerzas Armadas, responsables principales, y los Estados Unidos. Recién ahora empiezan a aparecer algunas autocríticas de los que apoyaron el golpe militar y, sobre todo, en los ejecutores, por ejemplo, el ex comandante en jefe del Ejército [Ricardo Martínez].

Y también son responsables de la dictadura y los violaciones a los derechos humanos, pues estas tres cosas están indisolublemente ligadas. Eso es clave, porque esa tríada, es lo mismo, pues el primer acto es un crimen de lesa humanidad, como lo es el bombardeo a La Moneda. Por eso es tan grave que el golpe haya sido impune y que, a diferencia de otros países, nunca la Justicia lo haya condenado. 

Claro, había una crisis, pero se podía solucionar sin que hubiera algunos iluminados, asesinos al final, que dijeran que la crisis se resuelve de esta manera. ¿Y en nombre de quién? ¿Ante quién responden? Solo ante sí mismos, en un llamado abusivo a la patria. 

Así, lo que vino después, precisamente en la dictadura, fue la demostración de que los sectores responsables del golpe sólo respondían a sus propios intereses y visiones de las cosas, sin que hayan tomado en cuenta la sociedad. Sabían, cuando dan el golpe, que esto se trataba de matar, torturar, y de hacer con el país lo que querían. Eso lo sabían.


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ILUSTRACIÓN RAMIRO ALONSO

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lundi 18 septembre 2023

BORIC : SALUDO DE FIESTAS PATRIAS A CHILENOS EN EL EXTRANJERO

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PANTALLAZO


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Através de un video publicado en redes sociales, el Presidente Gabriel Boric envió un saludo de Fiestas Patrias a los chilenos que pasan esta fecha en el extranjero. El Jefe de Estado remarcó que "estamos orgullosos de celebrar nuestra independencia y reflexionar qué es lo que ello significa", destacando que en ello participan "los que están en nuestra patria, pero también los que tienen nuestra patria en el corazón". A ellos, el Mandatario pidió que "a sus familias, a sus descendientes, también a todos los que inviten a celebrar estas fiestas: cuéntenles de lo lindo que es Chile".

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«JOYEUSES FÊTES AU PEUPLE DU CHILI ! »
FLYER PCCH


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jeudi 14 septembre 2023

FIESTAS PATRIAS 2023: PRESIDENTE GABRIEL BORIC INAUGURA FONDAS DEL PARQUE O'HIGGINS

PHOTO PRESIDENCIA DE CHILE

PHOTO PRESIDENCIA DE CHILE

PHOTO PRESIDENCIA DE CHILE

En estas #FiestasPatrias celebramos nuestra libertad! El Presidente @GabrielBoric y la alcaldesa de Santiago @IraciHassler inauguraron las fondas del Parque O'Higgins con lo que se da inicio a las celebraciones en todo Chile 🇨🇱

lundi 11 septembre 2023

LA MEMORIA ARDIENTE DE CHILE

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La memoria ardiente de Chile/ Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto./ Eran las 13:50 horas el 11 de septiembre de 1973 en Santiago de Chile cuando el General Javier Palacios transmitió aquel mensaje escueto a los jefes de las Fuerzas Armadas que esa mañana habían dado un golpe de estado contra el gobierno democráticamente electo de Salvador Allende. Seis palabras con que el militar a cargo del asalto del Palacio Presidencial de La Moneda señalaba el fin de uno de los experimentos sociales y políticos más fascinantes y alentadores del siglo XX, el intento de Allende y la Unidad Popular, su coalición de partidos de izquierda, de alcanzar el socialismo sin utilizar la violencia.

dimanche 10 septembre 2023

AUGUSTO PINOCHET EN BRONCE: LA HISTORIA OCULTA DE LA ESTATUA DEL DICTADOR

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LA ESTATUA DE AUGUSTO PINOCHET

50 AÑOS DEL GOLPE DE ESTADO EN CHILE/ 
Augusto Pinochet en bronce: la historia oculta de la estatua del dictador/ Antes de dejar La Moneda en marzo de 1990, el general proyectó un monumento con su figura en un espacio público de Santiago. Obra del escultor Galvarino Ponce, la escultura de tres metros se fundió en París y viajó a Chile, pero no llegó a instalarse: está escondida

par Rocío Montes

FOTOGRAFÍAS DE UN BUSTO Y
LA ESTATUA DE AUGUSTO PINOCHET
DISEÑADAS POR EL ESCULTOR
GALVARINO PONCE.
FOTO ROCÍO MONTES

Augusto Pinochet, poco antes de dejar La Moneda en marzo de 1990, tras 17 años de dictadura militar, tuvo un proyecto monumental: una gran estatua con su figura que legaría a la posteridad.

La historia comenzó a finales de los ochenta, cuando el Ejército contactó al escultor Galvarino Ponce, uno de los grandes genios chilenos del retrato escultórico.

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El escultor: realista, pero no monárquico

Nacido en 1921 –era seis años menor que Pinochet–, Ponce fue un artista con una biografía curiosa y con un talento excepcional. Con solo mirar fotografías u observar directamente a un hombre o una mujer por instantes, en apenas algunas horas hacía lo que otros artistas se tardaban días o semanas: cabezas con un parecido impresionante a los retratados. Se dice que utilizaba la técnica de los rusos para modelar: con pelotitas de greda. Que primero trabajaba el perfil, el frente y luego el volumen. Era talentoso y, a la vez, rápido y prolífico. Sus obras están por todo Chile, en espacios públicos y privados, como pocos de sus compañeros artistas.

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Teté –así lo conocían los familiares y amigos– comenzó a esculpir antes de cumplir los 20. Pero antes de dedicarse de lleno a la escultura llevó uniforme. Con tíos y parientes ligados al Ejército, tenía unos 14 o 15 años cuando ingresó a la Escuela Militar en Santiago.

Allí fue un alumno lúcido, brillante, destacado, artista: bastante peculiar. Siendo cadete en la escuela fundó la revista satírica El tiburón, donde explotó su lado de periodista. Escribía crónicas y dibujaba caricaturas de compañeros y profesores. Ponce se las ingeniaba hasta para imprimir la publicación que, por orden de las autoridades, era supervisada y dirigida por un teniente artillero: Carlos Prats, un militar intelectual, levemente mayor, que vigilaba el trabajo del equipo de El tiburón. Fue el origen de la profunda amistad entre Ponce y Prats, comandante en jefe del Ejército durante el Gobierno de Salvador Allende (1970-1973). Cuando la dictadura de Pinochet lo asesinó en Buenos Aires en 1974 junto a su esposa, Ponce se sintió apenado por su muerte. Lo consideraba un brillante oficial, muy distinguido, un buen amigo.

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Era de la generación de oficiales de 1940 y al egresar comenzó a trabajar en la Escuela de Infantería de San Bernardo, en la zona sur de Santiago, donde había pasado buena parte de su infancia y adolescencia. Sin dejar la carrera militar, Ponce comenzó a ejercer de escultor y gracias al boca a boca empezó a recibir sus primeros encargos. No fue sino hasta los años cincuenta, sin embargo, cuando tomó la decisión de dedicarse al arte y se le puso entre ceja y ceja viajar a Italia a estudiar. Lo logró a través del mismo Ejército, que lo envió becado a la Escuela de Infantería de Torino. Cuando regresó a Chile con 32 años, el arte se había metido en sus venas y él no se veía retomando las armas. Pese a la oposición de su esposa Chita, decidió entonces darle un giro a su vida y abandonó el Ejército. Pensaba que había sido bueno y distinguido como oficial y quería llegar a ser un buen civil. “Los militares tenemos la cabezota muy distinta a los civiles y para ser buen civil hay que aprender. Y para aprender a ser buen civil es necesario relacionarse con los civiles”, diría mucho después.

Tejió redes entre los radicales y los masones. Llegó a ser candidato a diputado por el Partido Radical en San Bernardo y a participar de la logia de connotados políticos de la época. De las entrañas del poder militar –fue compañero de muchos de los que mandaron en el Ejército alguna vez–, Ponce pasó a circular entre el poder político y en la década del cincuenta realizó decenas de esculturas en distintos tamaños y materiales: de figuras universales como Homero a intelectuales y próceres chilenos de todas las épocas. El Ejército –que seguía siendo su mundo de origen– le hizo muchísimos encargos.

Pero probablemente una de las obras de mayor importancia, por sus dimensiones y trascendencia, fue el monumento al Abrazo de Maipú instalado ahora en la plaza del templo votivo en ese municipio, en el poniente de la capital chilena, que ganó por concurso público (mandó cuatro proyectos con distintos seudónimos). Es un monumento ecuestre que representa a los generales San Martín y O’Higgins montados en caballos que alzan su parte anterior como iniciando un salto al infinito. La terminó de modelar en 1961 y le permitió ganar notoriedad como artista. Fue lo que posibilitó que el Gobierno de Jorge Alessandri (1958-1964), gracias a las gestiones de sus amigos radicales, lo designara agregado cultural de Chile en Roma.

EL ESCULTOR GALVARINO PONCE
TRABAJA EN UN BUSTO.
FOTO ROCÍO MONTES

Durante 20 años, Ponce hizo carrera diplomática: toda la década de los sesenta y setenta. Comenzó en la capital italiana, donde lo benefició un decreto del presidente Alessandri que le permitió ingresar como funcionario a la Cancillería. Luego trabajó en Río de Janeiro, Asunción, Neuquén, Amman de Jordania, Mendoza y Belgrado, la capital de la extinta Yugoslavia. Se jubiló como diplomático en 1981 para dedicarse nuevamente a esculpir. Se trató de décadas prolíficas: presidentes, generales, próceres, intelectuales y sacerdotes fueron carne de estatua en manos de Ponce, un tipo que llamaba la atención por su simpatía y ocurrencias.

Alguna vez redactó en una máquina de escribir una breve autobiografía, aquí resumida:

“Está muy orgulloso de haber trabajado tanto: sus adversarios piensan por el contrario que es como mucho…

Ha pasado su vida leyendo, estudiando y trabajando, siempre temas absolutamente inútiles.

Los artistas creen que fue un buen diplomático; los diplomáticos que fue un buen artista…

Ha pretendido, en los últimos años, ganarse el sustento con las manos. Muchos estiman que es una paradoja… por llamarse Galvarino [héroe mapuche al que le cortaron la manos].

Es absolutamente realista, aunque no monárquico.

Es sibarita, por construcción, pero diversas dolencias, entre otras la edad, lo limitan alarmante y gradualmente.

Su monomanía es hacer monos. Piensa que puede llegar a ser un viejo feliz. Es de temperamento muy alegre y no toma nada en serio, a excepción del whisky…”.

Un “secreto de Estado”

El encargo que el Ejército de Pinochet le hizo a fines de los años ochenta –y que Ponce aceptó– consistía en una gran estatua y decenas de bustos del general para instalar en todos los regimientos y guarniciones militares del país.

Ponce comenzó a modelarlo. “Fue por fotos, puras fotos. Los militares mandaron fotografías de los zapatos, los uniformes, las condecoraciones. Usted sabe cómo son los militares”, contó a la autora de este reportaje en marzo de 2012, en una entrevista en su casa de San Bernardo, en la zona sur de Santiago que conserva cierta cultura rural.


Para Ponce, Pinochet era un viejo conocido: el escultor fue quien presentó a Pinochet a la que fuera su esposa, Lucía Hiriart.


“Éramos tenientes aquí en la Escuela de Infantería y yo le presenté a la mujer. A la Lucía [Hiriart] se la presenté yo a Augusto, porque mi hermana estudiaba en el Liceo de Niñas de aquí de San Bernardo y era compañera de la Lucía. En una ocasión, Lucía le habló a mi hermana y le dijo: ‘Mira, el Teté andaba por aquí por el frente con un teniente con ojos muy bonitos, muy alto. Quiero conocerlo’. Entonces yo le digo a Pinochet: ‘Oiga mi teniente, hay una niña del liceo que lo quiere conocer. Venga a tomar el té conmigo en mi casa, el miércoles’. Le digo a mi hermana que el miércoles iba a estar el teniente y que convidara a la Lucía, que llegó a mi casa, que en ese momento era la Gobernación, porque mi papá era el gobernador. Fue de esa forma en que se conocieron. Se pusieron a pololear y se casaron en 1943″.

Pregunta. ¿Fueron amigos usted y Pinochet?

Respuesta. Fuimos muy amigos. Yo era la única persona que lo trataba de tú a éste, siendo presidente de la República. Yo lo tuteaba y él me decía Teté.

ESCULTURA MODELADA EN YESO DE LA CABEZA
Y LOS BRAZOS DE AUGUSTO PINOCHET.
FOTO ROCÍO MONTES



Con las esculturas encargadas por el Ejército ya modeladas, Ponce buscó que fueran fundidas en Chile, pero no lo logró. En parte porque nadie quería embarcarse en glorificar la figura del dictador y porque, además, a fines de los ochenta no había talleres que pudieran asegurar lo que el Ejército pedía: que el trabajo fuese “un secreto de Estado”, realizado en absoluto sigilo y en un plazo breve, en menos de un año. La total discreción tenía razones de fondo: en 1986, apenas unos años antes, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez –una organización de lucha armada de izquierda– había atentado frustradamente en contra de Pinochet, en la llamada Operación Siglo XX.

Ponce buscó alternativas en Europa. Específicamente, en París.

Pinochet mira a Fidel

A diferencia de otros dictadores, Pinochet no llenó los espacios públicos de Chile con figuras suyas. En las calles chilenas no se encuentra ninguna escultura de Pinochet y no porque se hayan retirado con la llegada de la democracia en 1990, sino porque realmente la dictadura no las instaló. Tampoco monumentos de grandes dimensiones, como el de Sadam Hussein, uno de los grandes símbolos de un régimen obsesionado con los símbolos, que fue derribado en 2003 en medio de la ocupación de Bagdad. La caída de la estatua de 12 metros –lo que medía la escultura y su base– fue una de las imágenes icónicas de esa guerra.

Resulta extraño dada la admiración que Pinochet sentía por Francisco Franco, que tempranamente utilizó su propia imagen como instrumento de propaganda en todo el territorio español.

La historiadora chilena María José Henríquez en su libro ¡Viva la verdadera amistad! se refiere a la relación de ambos regímenes: “El dictador español no solo constituía un referente y modelo político ideológico para los militares chilenos, sino que además el devenir histórico en ambos países se asimilaba y permitía creer en una cierta comunidad de aspiraciones e intereses”.

El artista visual español Fernando Sánchez Castillo se ha servido de imágenes de Franco o de objetos relacionados con él para reflexionar sobre el peso del pasado, la censura y la libertad. No es partidario ni de ocultar ni de romper los vestigios relacionados al dictador o a las dictaduras, todo lo contrario: uno de sus temas centrales es la memoria y muchas de sus obras sugieren revisar la historia con la piqueta de un arqueólogo. La embarcación de recreo de Franco, el Azor, es protagonista de una de las piezas de mayor popularidad de Sánchez Castillo. La compró como chatarra y, fragmentada y comprimida, la transformó en una obra minimalista.

Relata que en la primera etapa de la dictadura en España se hicieron muchos bustos de Franco, que era considerado un héroe popular. Desde los años cincuenta en adelante comenzó el desarrollo de la estatuaria ecuestre, con el que en las plazas y en las calles se le rinde tributo al caudillo como gran padre y héroe. “Franco tiene varias fases. Desde el dictador cruel, pasando por el padre de todos los españoles hasta el Franco-abuelo, según la imagen que quiso proyectar el régimen”. ¿Y ahora? “Ahora representa al fantasma siempre presente”.

P. Y en el caso de Chile, ¿por qué cree usted que no existen representaciones de Pinochet?

R. Eso es algo que Pinochet aprendió de Fidel Castro.

P. ¿Cómo es eso?

R. Aunque Pinochet tenía como héroe a Franco y a Napoleón, posiblemente no quería que hubiese una personalización del régimen. El poder de Pinochet era más efectivo que simbólico. Como en Cuba, donde tampoco hay estatuas de Castro. El héroe de la Revolución Cubana es José Martí, un personaje del siglo XIX. Para Pinochet, el héroe era Bernardo O’Higgins, otro personaje del siglo XIX. El espíritu del pasado hecho carne. Un asunto religioso, como cuando la Iglesia habla a nombre de Cristo. Es el mismo sistema: hablar por la boca del héroe. Pinochet era una reencarnación del espíritu de O’Higgins. Estando O’Higgins no era necesario Pinochet.

Estando O’Higgins y Diego Portales, una de las figuras fundamentales de la consolidación del Estado de Chile, que sirvió de fundamento ideológico de la primera parte del régimen por encarnar la idea del orden. ¿Por qué Pinochet –a diferencia de Franco, por ejemplo, su líder– no dejó monumentos con su figura en espacios públicos? Lo responde el coautor de Golpe estético. Dictadura militar en Chile 1973-1989, Gonzalo Leiva Quijada: “Se enmarca en el concepto del legado, por recomendaciones de su asesor cultural Enrique Campos Menéndez y el director de Cultura del Ministerio de Educación, Germán Domínguez, que eran de una derecha tradicional y austera”, explica. En vez de un monumento de grandes dimensiones –”sabía por la experiencia de todos los gobiernos militares que estos monumentos eran finalmente olvidados o vilipendiados o destruidos”–, Pinochet instaló frente a La Moneda y al lado del Ministerio de Defensa un espacio central y simbólico para honrar la memoria heroica. Lo bautizó Altar de la Patria y, según explica Leiva Quijada, se replicó a lo largo de todo el país, en cada plaza.


En torno a estas especies de pequeños altares los chilenos realizaban los desfiles y celebraciones en dictadura.


En 2004, el presidente socialista Ricardo Lagos ordenó el desmantelamiento del Altar de la Patria. En su lugar, frente a La Moneda, ahora está la Plaza de la Ciudadanía.


En el siguiente Gobierno, el de Michelle Bachelet, socialista también, se llamó a una propuesta pública para decidir el destino del edificio Diego Portales. Levantado en el Gobierno de Salvador Allende (1970-1973), el edificio de la Unctad era símbolo de la democratización de la cultura y de la juventud antes del golpe, donde en los primeros años de la dictadura funcionó la Junta Militar, tras el bombardeo a La Moneda.


Allí, en diciembre de 2010, fue inaugurado el nuevo Centro Cultural Gabriela Mistral, el GAM.

La siguiente estación: París

El monumento de Pinochet fue fundido en un taller de París. Específicamente, en la fundición Blanchet, en Bagnolet, una zona de la capital francesa no lejos del centro. Lo comprueba una fotografía dedicada por el dueño de la fundición a Ponce: “Pour Monsieur Ponce sculpteur avec toutes admiration de D. Landowski fonderie”.

Es la imagen de la estatua de Pinochet terminada. Un hombre da la espalda a la cámara y queda en evidencia la gran magnitud de la obra: tres metros. La fotografía fue tomada en 57, avenue Gambetta, la dirección del taller de fundición Blanchet, según comprobó la periodista en una visita al lugar en febrero de 2013. Ubicada en la periferia del barrio Dhyus, a finales del siglo XIX y comienzos del XX era una zona rural que casi no tenía construcciones, por lo que la fundición debe haber sido de las primeras edificaciones. Los vecinos suelen juntarse en torno al centro la Guinguette de la Dhuys, un jardín comunal donde comparten diferentes generaciones, hacen pic-nic y conversan en medio de las plantas.


D. Landowski –quien firma la foto– era monsieur Didier Landowski, dueño de la fundición Blanchet, antiquísima. Había abierto sus puertas en 1870 –exactamente en este mismo lugar– para dedicarse a la fundición de campanas. El taller pasó de generación en generación en la misma familia. “No tengo los archivos de la fundición, ¡solo mi viejo recuerdo está disponible!”, respondió Landowski, muy amable, en 2018. El 19 de junio de ese mismo año, sin embargo, envió por correo electrónico una fotografía del monumento a Pinochet, similar a la imagen que alguna vez dedicó al escultor Ponce.

ESTATUA DE PINOCHET/ VERSIÓN A
ESCALA DE LA ESTATUA DE PINOCHET.
FOTO ROCÍO MONTES

Un artista especialista en espacio público, el chileno Luis Montes Rojas, analiza la escultura en bronce que muestra la foto. “El monumento a Pinochet es un símbolo de autoridad unívoco. Todos los signos que la componen colaboran para constituir un total macizo, sin fisuras”. La estatua, dice el vicedecano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, estaba hecha para perdurar: “El material, el bronce, se comporta extraordinariamente bien frente a la intemperie. Su oxidación se estabiliza, lo que impide la corrosión activa y perjudicial. Es un material, por lo tanto, que soporta extraordinariamente el paso del tiempo y que está pensado para la colaborar con la eternidad simbólica que requiere la inmortalidad de un personaje histórico”.


¿Qué opina de la fundición realizada por la fundición Blanchet?Técnicamente es extraordinaria. Tiene una definición impecable y una pátina homogénea, muy acorde a la técnica de los franceses. No me esperaría una fundición de menor calidad”.

P. ¿Qué revela el tamaño?

R. Es una escultura que supera la escala 1:1, alcanzando al menos los tres metros de altura. Estas dimensiones, sumadas al pedestal, determina una relación de subordinación del espectador que debe dirigir su mirada de forma ascendente al observar la estatua.

P. ¿Qué nos dice la postura en que fue retratado Pinochet?

R. Aparece con las piernas levemente abiertas y apoyado sobre la espada, lo que otorga una percepción de gallardía, hieratismo y estabilidad. Lo mismo con la mirada: no es hacia el frente sino hacia el horizonte, de proyección al futuro. En esta escultura todo construye un símbolo de autoridad: el uniforme de gala, la capa, las medallas, la misma espada. Son todos signos de poder.

“Está escondida”

Patricio Aylwin fue el primer presidente de la transición democrática que arrancó en 1990. Con Ponce se conocían de niños en San Bernardo. En una visita a su oficina de Providencia en 2012, a propósito de una entrevista con EL PAÍS, se le consultó por la estatua. “Nunca escuché nada acerca de esta historia, pero no me extraña: Pinochet tenía un alto concepto de sí mismo y se consideraba el salvador, un hombre de la República. Su ego era alimentado por todos sus seguidores”, contestó Aylwin, fallecido en 2016.

No existe una verdad acabada sobre el destino de la estatua, pero sí pistas. Las dio el propio Ponce en septiembre de 2012, en una nueva visita a su hogar en San Bernardo.

P. ¿Dónde está la escultura?

R. La tienen escondida.

P. ¿Quiénes?

R. El Ejército.

P. ¿Dónde?

R. En los arsenales de guerra. Escondida en cajones, como si fuera armamento.

P. ¿Por qué la escondieron?

R. Los militares están arrepentidos de haber hecho el monumento, porque Pinochet se portó mal, usted lo sabe. Se habían hecho ilusiones de destacarlo en la Alameda. Nunca me dijeron el lugar, pero iban a instalarlo en un lugar destacado. La Alameda o la plaza de Armas. En el cerro San Cristóbal bien abrazado a la Virgen del Carmen.

Ponce no perdía el sentido del humor, pero tras algunos segundos, nuevamente puso un rostro serio para referirse a lo que sentía respecto de esa escultura suya. “El monumento a Pinochet es como un hijo malo”, dijo.

P. ¿Por qué?

R. Porque estoy arrepentido de haber sido amigo de ese baboso.

Ponce dijo que la estatua fue una decisión del Ejército –”en ese tiempo el Ejército era Pinochet”–, que se gestionó a través de un militar que ya en 2012 tenía un algo rango y que no quería que esta historia se supiera –”es un secreto”–, y que Pinochet quería que su escultura mostrara una imagen aguerrida.

P. ¿Por qué alguien vivo se mandaría a hacer una estatua? ¿No se supone que las estatuas se le hacen a los muertos?

EL ESCULTOR GALVARINO PONCE.
 FOTO ROCÍO MONTES

R. Porque todos tenemos un instinto de permanencia. No queremos desaparecer sin dejar huella. Por ejemplo, yo voy a dejar huella por mi oficio. Está lleno de obras mías en todo el país. En 100 años alguien va a ver una de mis esculturas y seguramente dirá: esto lo hizo Galvarino Ponce. Pero como no todos tienen mi suerte de dejar una obra material, quieren dejarse a sí mismos. En lo más profundo del instinto, uno no quiere desaparecer. Yo sé que me quedará un año o dos de vida, a todo reventar. Pero yo quiero morirme, no desaparecer.

Era una historia trágica y cómica: Pinochet quería perpetuarse en el tiempo a través de una monumental escultura donde se le viese con una imagen aguerrida, por inconveniencias diversas tuvo que mandarla a hacer a París, todo en el más absoluto secreto, para que luego se abortara la misión y, según Ponce, el Ejército camuflara por años la estatua en unos cajones, como si fuera armamento. El dictador defraudado, la escultura como símbolo de la vergüenza.

Ponce dio su autorización para la publicación de esta historia, pero con una condición: que se contara luego de su muerte.

El escultor falleció dos meses después, a comienzos de noviembre de ese 2012, a los 91 años.

Pocos días antes de la publicación de este reportaje, Monsieur Landowski informó por correo electrónico: “En mi memoria tengo el recuerdo de un transporte de la estatua en avión militar. Y creo que el yerno del general Pinochet fue el que se encargó de todo este asunto y él se aseguró del seguimiento”.

El Ejército de Chile fue contactado por EL PAÍS para esta crónica. No hubo una respuesta.

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BENDER, RECLUTADO POR
RICHARD NIXON Y
HENRY KISSINGER


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