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jeudi 8 décembre 2022

DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE LIBERTAD DE PRENSA

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 PANTALLAZO

La libertad de prensa, para las grandes fortunas criollas tras los medios de comunicación, básicamente es la libertad para que todo siga igual. La ausencia de reglas parece ser el escenario idóneo para los actores mas poderosos del sistema de medios, precisamente, en uno de los países símbolos de la concentración mediática.
 

Marcos Ortiz F., director de Ojo del Medio (@ojodelmedio)

FOTO LA TERCERA

El pasado lunes 5 de diciembre, una nota a página completa en anunció: “UDI acude a la Sociedad Interamericana de la Prensa por agenda de medios de Vallejo”. El artículo aludía a una carta enviada por un puñado de políticos gremialistas, quienes advertían la existencia de “indicios de la influencia ideológica del gobierno en el desarrollo de la iniciativa”. La posibilidad de que eventualmente la iniciativa del gobierno derivara en “públicas tendientes a regular o controlar los medios de comunicación”, agregaron, constituiría “una grave amenaza a la libertad de prensa, sobre todo en sociedades democráticas que propenden a garantizar el periodismo plural e independiente”. .

Uno de los primeros actores en reaccionar a la carta fue el Observatorio del Derecho a la Comunicación (ODC), organización que desde hace algunos años viene promoviendo la libertad de expresión y el pluralismo, “con especial atención a la protección de los derechos de periodistas, comunicadores sociales y las audiencias”. En su respuesta, el ODC aludió a un informe emanado en 2017 desde la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión, instancia que precisamente se dedica a “vigilar, proteger y estimular el derecho a la libertad de expresión en América”.

En los sectores más tradicionales de nuestra prensa –y, en paralelo, de nuestro mundo político– la democratización del ecosistema mediático parece ser la última de las preocupaciones. Para qué darles espacio a quienes podrían utilizar este derecho para incrementar el número de voces existentes en nuestra arena pública.

En dicho informe, la Relatoría advierte sobre cómo Chile exhibe “uno de los sistemas mediáticos con mayores índices de concentración” y propone, entre otras cosas que se promueva “la apertura del mercado de medios de prensa escrito y/o digital a través de leyes y políticas públicas que garanticen el pluralismo de medios o informativo también en la prensa”.

SIP: CARTEL DE LA PRENSA «MAINSTREAM»
DE ESTADOS UNIDOS Y AMÉRICA LATINA
 

Este sombrío diagnóstico sobre el escenario mediático chileno junto con la larga lista de sugerencias para solucionar algunos de los puntos más problemáticos explican quizás por qué la UDI optó por dirigirse hacia la SIP, entidad en la que están representados actualmente El Mercurio (a través de Juan Pablo Illanes en calidad de tesorero) y La Tercera (a través de María Catalina Saieh, integrante del directorio).

¿Es posible creer que los representantes de la prensa ya establecida en el país tengan intereses genuinos para bajar las barreras de entrada y de esta manera facilitar el ingreso de más actores al escenario mediático? ¿De qué manera podría la llegada de nuevos medios afectar la libertad de expresión?

En los sectores más tradicionales de nuestra prensa –y, en paralelo, de nuestro mundo político– la democratización del ecosistema mediático parece ser la última de las preocupaciones. Para qué darles espacio a quienes podrían utilizar este derecho para incrementar el número de voces existentes en nuestra arena pública.

Para graficar esta falta de compromiso con la libertad de expresión basta con recordar lo sucedido a comienzos del año 2000 cuando Publimetro (entonces Metro y luego MTG) llegó a Chile y recibió una andanada de críticas y demandas desde la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), quienes acusaban que el reparto de un diario gratuito en las dependencias del Metro de Santiago equivalía a un aporte estatal al diario y que, adicionalmente, los vendedores de diarios del país quebrarían producto de esto.

El Mercurio –como recuerda Ken León Dermota– incluso publicó entrevistas en su portada criticando la distribución el naciente diario. Como ya es sabido, el negocio estuvo lejos de quebrar y el nuevo periódico solo contribuyó a sumar nuevos lectores que no estaban necesariamente dispuestos a pagar todas las mañanas por un ejemplar. Como consigna un estudio realizado desde la Universidad de Chile, la llegada de este nuevo actor “motivó una agria polémica y la interposición de un recurso judicial por parte de la Asociación Nacional de Prensa que fue acogido favorablemente por la justicia de la época motivando, incluso, el cambio de nombre del rotativo”. Pocos meses después, Álvaro Saieh sacaría a la calle La Hora, diario gratuito que competía con Publimetro, único periódico de dueños extranjeros.

Los principales medios del país han estado históricamente y siguen estando en manos de las grandes fortunas criollas. ¿Y de qué hablan esas fortunas cuando hablan de libertad de prensa? Básicamente, de la libertad que gozan para que todo siga igual.

No deberían pasar muchos días para que la Sociedad Interamericana de la Prensa se pronuncie sobre la iniciativa del gobierno chileno. En casos anteriores ya se han manifestado respecto de iniciativas similares en otros países del continente. La ausencia de reglas parece ser el mejor escenario para quienes son los actores más poderosos del sistema, los mismos que se beneficiaron en los años más oscuros de nuestro país con salvatajes que llegaron directamente desde La Moneda.

¿Existe realmente libertad de prensa en el país símbolo de la concentración mediática? ¿Se puede hablar realmente de diversidad de voces cuando la mayoría de los medios independientes lucha mes a mes por mantener el barco a flote con contingentes mínimos de profesionales?

FOTO CIPER

Lo hemos dicho en esta tribuna: no hay que pecar de ingenuos y cualquier medida tomada por el gobierno respecto del sistema de medios debe ser escrutada con lupa. Lo anterior, sin embargo, implica también admitir que el panorama actual es sombrío y que los principales medios del país han estado históricamente y siguen estando en manos de las grandes fortunas criollas. ¿Y de qué hablan esas fortunas cuando hablan de libertad de prensa? Básicamente, de la libertad que gozan para que todo siga igual.

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