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jeudi 2 mars 2023

TODO ES IDEOLOGÍA

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ILUSTRACIÓN INTERFERENCIA

De un tiempo a esta parte –y con particular fuerza desde la llegada de Gabriel Boric a La Moneda– una palabra se ha vuelto repetitiva en las páginas editoriales de la prensa chilena: ideología. El término se utiliza prácticamente a diario cuando el objetivo es criticar alguna decisión oficialista de la que el comité editorial del diario en cuestión discrepa.

Los ejemplos sobran.

¿Boric se refiere al rol de las forestales durante los incendios? Se está dando “gustitos ideológicos”. ¿Académicos buscan generar propuestas para el sistema mediático chileno? “Tienen un claro sesgo ideológico en contra de los medios tradicionales”. ¿Prohibir la selección en liceos? El discurso se sostiene en “ideologismos”. ¿Por qué se aprobó la gratuidad universitaria? “La ideología pudo más”. ¿Cambios al sector minero? “Las convicciones ideológicas del oficialismo no conversan con las realidades” del país. ¿Se acercan los 50 años del Golpe? “Se privilegia la ideología por sobre una adecuada resolución de los problemas”.

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Este puñado de ejemplos –acotado aquí a apenas seis casos para no agotar al lector– nos da una idea de lo que estamos hablando. Se utiliza finalmente el concepto de ideología para criticar a un oponente e insinuar que su pensamiento está nublado por ideas que no se ajustan necesariamente a la realidad.

El miércoles 1 de marzo, por ejemplo, cuando Publimetro llevaba en su titular de portada los planes para controlar las protestas colegiales, El Mercurio decidía llevar como título principal una encuesta realizada por la Universidad del Desarrollo a un grupo de padres y apoderados.

Pero, ¿no son los medios de comunicación justamente empresas ideológicas? ¿Cómo se decide una pauta, las fuentes a las que se consultará y el espacio que la nota ocupará dentro de un diario o noticiario si no es a partir de una serie de motivos profundamente ideológicos?

PORTADA DE « EL MERCURIO »
 DEL 1 DE MARZO DE 2023

El miércoles 1 de marzo, por ejemplo, cuando Publimetro llevaba en su titular de portada los planes para controlar las protestas colegiales, El Mercurio decidía llevar como título principal una encuesta realizada por la Universidad del Desarrollo a un grupo de padres y apoderados. Los resultados del sondeo, obviamente, coincidían con la política editorial del diario de los Edwards: se debe reducir la violencia escolar y la educación sexual está entre las últimas prioridades.

¿Era esa encuesta la noticia más importante de la jornada? ¿Por qué se elige a la UDD y no a otra universidad? ¿Por qué se encuesta a padres y apoderados y no a los estudiantes? La serie de decisiones tomadas y que culminaron con ese titular de portada dan cuenta de una mirada profundamente ideológica. Y no hay nada de extraño en eso. El problema surge cuando los medios de comunicación pretenden presentarse ante su público como instrumentos objetivos que no hacen más que poner en palabras una realidad impoluta y carente de cualquier valor subjetivo.

Hace exactas cuatro décadas, por ejemplo, Guillermo Sunkel explicaba lo que hoy parece una perogrullada. En su libro El Mercurio: 10 años de educación político-ideológica 1969-1979 el académico señalaba que el diario de la familia Edwards era “un medio de divulgación (propagación y difusión) de doctrinas (teorías e ideales) que tienen como modelo económico la propuesta liberal”. Su visión del Decano era ratificada en 2003 por Ángel Soto Gamboa en El Mercurio y la difusión del pensamiento político económico liberal 1955-1970.

El carácter ideológico de un medio de comunicación aflora en cada una de sus páginas y no se circunscribe únicamente a su sección editorial. El académico británico John Downey se ha dedicado al estudio de la ideología en el sector mediático y teoriza sobre cómo una serie de decisiones profundamente ideológicas se disfrazan de sentido común.

Cuestionarle todos los días a un gobierno que base parte de sus políticas y medidas sobre razones ideológicas resulta absurdo. Se trata finalmente de política, y no de decisiones meramente técnicas.

En las secciones de economía, explica el británico, “una vez que los líderes empresariales han sido entrevistados, se les pide a los representantes de los diferentes partidos políticos que comenten”. Es tan habitual que esto ocurra que prácticamente olvidamos que es posible de otra manera. “La imparcialidad significa entonces una especie de equilibrio en el espacio asignado a cada partido político, mientras que no se aplica a las opiniones expresadas por los líderes empresariales. En cierto sentido, los puntos de vista de las empresas proporcionan el terreno o ‘la realidad’ sobre la que luego discuten los políticos”, agrega el autor. ¿Suena conocido?

Cuestionarle todos los días a un gobierno que base parte de sus políticas y medidas sobre razones ideológicas resulta absurdo. Se trata finalmente de política, y no de decisiones meramente técnicas. Las críticas parecen más irracionales aun cuando se dirigen hacia un gobierno que ha debido justamente dejar de lado una serie de convicciones para poder navegar momentos complejos. Sin ir más lejos, las Fuerzas Armadas están desplegadas en el norte y en el sur, entró en vigor el TPP11, a diario se rescata el legado de la Concertación y la ministra del Interior le insistió hasta la saciedad a la oposición para que se sentara a la mesa para discutir una agenda de seguridad.

Dicho de otro modo –y por más que la prensa insista en ello todos los días– lo que estamos viendo desde hace un año más que ideología tiene cara de pragmatismo. Pero esa ya es otra discusión.

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