mercredi 5 avril 2023

GUARDIANES DEL PODER | OJO DEL MEDIO

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MARCOS ORTIZ F., DIRECTOR DE OJO DEL MEDIO.



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[Chile / Análisis crítico de los medios de comunicación]

 
 #Canalred #chile #medios
Si el periodismo no es para cambiar el mundo, entonces, ¿es válido que se convierta en el espacio para impedir este cambio y mantener el statu quo? Desde hoy comenzamos a hablar de medios chilenos, para que no nos sigan diciendo que solo “observan la realidad”, cuando en realidad son los verdaderos guardianes del poder.

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BORIC Y FERNÁNDEZ REVIVEN « ABRAZO DE MAIPÚ »

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FOTO JUAN CARLOS BOZO

Histórico momento en Templo Votivo / 
- SANTIAGO DE CHILE 5 ABRIL 2023 - Los presidentes de Chile y Argentina, Gabriel Boric y Alberto Fernández, respectivamente, se abrazaron hoy en las inmediaciones del Templo Votivo de Maipú, en la zona oeste de Santiago, emulando a José de San Martín y a Bernardo O'Higgins, los héroes patrios de ambas naciones.

ANSA

FOTO JUAN CARLOS BOZO
E

el 5 de abril de 1818 se recuerda la Batalla de Maipú, decisiva para consolidar la independencia de Chile, cuando San Martín dirigió las fuerzas patriotas hasta la victoria.

Se sumó entonces un convaleciente Bernardo O'Higgins.

Fernández llegó este miércoles en visita oficial a Chile y se reunió con Boric en el municipio de Maipú, con quien asistió a un Tedeum religioso luego de colocar una ofrenda floral.

El mandatario argentino irá posteriormente al palacio de La Moneda, sede del gobierno chileno, para sostener una reunión con su par chileno, con quien entregarán una declaración conjunta.

Ambos mandatarios, junto a sus pares de México, Cuba, Brasil, México, Bolivia, Colombia y Honduras, participarán en una cita vía internet para abordar la crisis económica e inflacionaria que vive América Latina.

El presidente mexicano, Andrés López Obrador, organizador del encuentro, explicó que se apunta a acordar mecanismos para enfrentar el alza de precios experimentado por los alimentos en los últimos meses. (ANSA).

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« LA BATAILLE  DE MAIPÚ »
LITHOGRAPHIE DE THÉODORE GÉRICAULT 1819

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dimanche 2 avril 2023

PIÑERA EN LA MIRA POR DELITOS DE LESA HUMANIDAD EN CHILE

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FLYER 

Santiago de Chile, 2 abril 2023. (Prensa Latina) El expresidente chileno Sebastián Piñera está hoy en la mira de la opinión pública luego de ser citado a declarar en calidad de imputado por delitos de lesa humanidad cometidos durante el estallido social de 2019.

 (Prensa Latina)

Además de Piñera, la fiscal de alta complejidad Centro Norte, Ximena Chong, llamó a su ministro del Interior, Andrés Chadwick; al sucesor en el cargo, Gonzalo Blumel; y a dos subsecretarios de esa cartera, Rodrigo Ubilla y Juan Francisco Galli.

Chadwick ya fue interrogado el viernes; Blumel deberá presentarse el 5 de abril; Galli y Ubilla el 6; en tanto Piñera aún no tiene fecha.

El 18 de octubre de 2019 comenzó en esta capital un movimiento impulsado por estudiantes contra el alza de la tarifa del metro, que posteriormente se extendió por todo el país y demostró el descontento de la población con el modelo neoliberal.

Las revueltas fueron violentamente reprimidas por los Carabineros y fuerzas militares, con saldo de cerca de 30 muertos, miles de heridos y 460 personas con daños oculares producto del disparo de perdigones o bombas lacrimógenas.

Organismos de Derechos Humanos y el exsenador Alejandro Navarro presentaron unas 20 querellas por los delitos de lesa humanidad cometidos entre octubre de 2019 y marzo de 2020.

Consultado sobre el tema el abogado del exmandatario, Samuel Donoso, dijo que el actuar de Piñera “obedeció al correcto cumplimiento de sus funciones públicas”.

Según Donoso, el expresidente “siempre buscó compatibilizar el resguardo del orden público y seguridad ciudadana con el respeto a los derechos humanos”.

Al referirse al tema, el diputado del Partido Comunista Luis Cuello consideró que nadie está por encima de la ley y los crímenes de lesa humanidad deben ser perseguidos.

Mientras, el parlamentario socialista Marcos Ilabaca declaró que Piñera debe hacerse cargo de los graves delitos contra los derechos humanos cometidos bajo su administración y dijo esperar que esta investigación termine con sanciones penales contra el expresidente.

Un informe emitido hace tres años por la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos denunció que Carabineros de Chile y las Fuerzas Armadas incumplieron las normas y estándares internacionales.

El documento condenó el uso excesivo e innecesario de la fuerza que ocasionó muertes y heridas, tortura, malos tratos, violencia sexual y detenciones arbitrarias.

Sobre el número elevado de personas con heridas oculares o faciales, la ONU consideró que hay razones para creer que se usaron armas menos letales de manera inadecuada e indiscriminada, en contravención de los principios internacionales.

El informe señaló que las autoridades tenían información sobre el alcance de las lesiones desde el 22 de octubre, sin embargo, no se tomaron medidas eficaces y oportunas para poner fin al uso de armas menos letales, especialmente de las escopetas antidisturbios.  oda/car

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samedi 1 avril 2023

EL HASTÍO CONSTITUYENTE ES UN PANTANO

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DESCONFIANZA, INSTITUCIONES Y NUEVOS PROCESOS / EL HASTÍO CONSTITUYENTE ES UN PANTANO / El verdadero fracaso del proceso constituyente que culminó en 2022 fue haber sido incapaz de responder a las expectativas de hacer de la política formal un espacio en el que nuevamente se pudiera confiar. Por eso, no basta con que el actual no acreciente la desconfianza. En momentos en que las encuestas muestran un desinterés en todo lo relacionado a la Convención, dice el autor de este texto, urge que los nuevos encargados de proponer una Carta Magna se preocupen activamente de construir una nueva confianza.

Por Rodrigo Mayorga

RODRIGO MAYORGA

En poco más de un mes, la ciudadanía acudirá nuevamente a las urnas. Ya es la ¿cuarta, quinta vez en los últimos tres años? Es difícil decirlo sin ponerse a contar, pero da la impresión que nos la hemos pasado votando en el último tiempo y siempre por asuntos muy importantes, además. Por eso ahora se siente tan distinto. 

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Esa sensación de que nos jugamos algo trascendental marcando una raya, parece haberse ido: no hay programas de televisión, discusiones en prime time ni debate iracundo en la mesa del domingo (ni del lunes ni el martes tampoco). Según la última encuesta Plaza Pública, solo el 36% de los consultados sabe siquiera qué se votará el próximo 7 de mayo y un 88% indica no conocer a ninguno de los candidatos al Consejo Constitucional en su respectivo distrito. Entre marzo del 2020 y el plebiscito de salida, quienes declaraban estar muy o bastante interesados en la próxima elección llegaron a alcanzar un máximo de 85% y un mínimo del 40%, manteniéndose casi siempre sobre el 50 e incluso el 60% de los encuestados. Hoy, son solo el 11%, con un brutal 70% declarando estar poco o nada interesados en la elección de los consejeros y consejeras que entregarán al país su próxima propuesta de nueva Constitución.

¿Qué fue lo que nos pasó? ¿Cómo explicar este hastío constituyente? ¿Es un fenómeno reciente o algo que ya veníamos arrastrando? Como de costumbre – alerta de spoiler – este texto trae más preguntas que certezas. Pero de todos modos suma porque, me temo, hay menos gente de la que debería haciéndose estas preguntas. Y porque si no empezamos a buscarles una respuesta pronto, si no nos hacemos cargo de ellas y seguimos avanzando así sin más hacia el final de este proceso constituyente, sencillamente estaremos repitiendo el mismo error que muchos cometimos durante el proceso anterior. Y no necesito recordarle a nadie cómo fue que eso terminó.

Los orígenes del desencanto

Me cuesta creer que el origen del actual desencanto esté únicamente radicado en el resultado del plebiscito del 4 de septiembre pasado. Lo sé, es una interpretación que circula entre algunos círculos progresistas – esa de que la victoria del “Rechazo” reflejó principalmente a una ciudadanía individualista y/o engañada y que, ante eso, no mucho queda por hacer –, pero personalmente, además de no compartirla, la encuentro poco plausible. Es que, si fuera cierta, podría explicar el desencanto de hasta un 32% de la población, no las cifras que estamos viendo hoy. No, el triunfo del Rechazo puede haber lanzado a varios al “desencanto constituyente”, pero este fenómeno parece ser anterior al plebiscito (y, si mi hipótesis es correcta, probablemente también explica su resultado).


Mi hipótesis es que el desencanto tiene que ver con la desconfianza. Esa desconfianza que hemos visto crecer en las últimas décadas, especialmente en relación a las instituciones políticas formales. No entraré aquí en los factores que han producido este fenómeno – sí corruptos, a ustedes les habló. Sí, quienes han seguido despolitizando las escuelas y resistiéndose a que se hable de temas tan elementales como la ciudadanía democrática o los derechos humanos, a ustedes también–. Lo que me importa aquí son las consecuencias de esa desconfianza y, particularmente, sus consecuencias sobre las instituciones representativas de la política democrática. 

¿Qué fue lo que nos pasó? ¿Cómo explicar este hastío constituyente? ¿Es un fenómeno reciente o algo que ya veníamos arrastrando?

Cuando se cree, con fundamentos o no, que las instituciones democráticas no son capaces de resolver los problemas de la vida en sociedad – porque no pueden o porque no quieren– no hay orden posible que se sostenga, da lo mismo si hablamos de la Ciudad Gótica del final de Joker o del Santiago del estallido social. Pero los ordenes se derrumban mucho más rápido de lo que se levantan, y si la desconfianza es la causa de sus caídas, es necesario construir nuevas confianzas antes de –o durante– el proceso de erigir uno nuevo.


Lo que le permitió al anterior proceso constituyente ser una salida política viable a la crisis de 2019 fue, justamente, el ofrecer la posibilidad de una nueva confianza. De ahí el demoledor rechazo a una Convención Mixta o el triunfo sin precedentes de independientes en las elecciones de constituyentes: las personas dijeron con claridad que no iban a ser aquellas instituciones, partidos y representantes en quienes no se confiaba quienes resolverían el problema de fondo. El argumento, por supuesto, no puede extremarse: la esperanza de una nueva confianza no caló en toda la población, y aunque los resultados del plebiscito de 2020 y las elecciones de convencionales de 2021 llevaron a muchos a idealizar la situación, no podemos olvidar que los rotundos y sorprendentes resultados de ambos casos ocurrieron en elecciones donde apenas participó la mitad de quienes podían hacerlo (o ni siquiera).


El verdadero fracaso del proceso constituyente de 2019 a 2022 no fue entregar un texto que no logró ser aprobado; fue el haber sido incapaz de responder a las expectativas de hacer de la política formal un espacio en el que nuevamente se pudiera confiar. Y en esto, las responsabilidades fueron ciertamente compartidas: tanto de un sector de la izquierda que aisló a los representantes de la derecha (por desconfianza), como de un sector de la derecha que concentró su tiempo y esfuerzos en difundir mentiras y miedos contra el texto y el proceso mismo (por desconfianza). También, de todos quienes, de izquierda y derecha, caímos en estos discursos y/o no hicimos lo suficiente para luchar contra ellos. O quizás, lo justo sea ser menos duro y decir que en un contexto de desconfianza generalizada, era difícil actuar de otra manera, y que nuestra única culpa fue no habernos hecho conscientes de ello, al menos para haber concentrado nuestros esfuerzos en esa batalla tan difícil como trascendental.

Cuando despertó, la desconfianza todavía estaba allí

Si la desconfianza estaba allí antes que el proceso constituyente y el proceso constituyente no fue capaz de acabar –incluso quizás intensificó– la desconfianza, entonces esta sigue allí. No hay que ser físico cuántico para saberlo, pero son muchos quienes parecen esforzarse por ignorarlo, explicando el Rechazo del 4 de septiembre solo por el texto plebiscitado y sosteniendo que bastará con un texto distinto para que logremos cerrar la discusión constituyente.

Es cierto, el proceso constituyente de 2023 está diseñado pensando en no intensificar la desconfianza. Ello explica, por ejemplo, que cada una de sus etapas deje menos espacio a la discusión, dejando temas cerrados y dando a los “bandos” razones para no intentar hundir el proceso más adelante con tal de no perder los puntos ganados. El ejemplo más claro es que algunas discusiones quedaron incluso zanjadas en el acuerdo que dio vida al proceso (las doce “bases institucionales”), a diferencia de la experiencia previa, donde todo quedó abierto por completo y dependió de quienes fueran elegidos como miembros de la Convención. 


Buscar no intensificar la desconfianza también explica que discusiones como la vivida hace algunas semanas respecto a si las Fuerzas Armadas debían o no tener su propio capítulo en el índice, se presenten a la ciudadanía de manera sensata (“Las Fuerzas Armadas no tendrán un capítulo propio, pero eso no significa que no se incluirán en la Constitución”) y no con las hipérboles a que nos acostumbró el anterior proceso (“El reglamento no prohíbe discutir el derecho a la libertad de educación, pero tampoco lo señala explícitamente, lo que claramente significa que la Convención va a eliminar la libertad de educación, la bandera, el escudo y el manjar Colún”).

El verdadero fracaso del proceso constituyente de 2019 a 2022 no fue entregar un texto que no logró ser aprobado; fue el haber sido incapaz de responder a las expectativas de hacer de la política formal un espacio en el que nuevamente se pudiera confiar.

El problema es que el daño ya está hecho y no basta con que el proceso constituyente no acreciente la desconfianza: requerimos que se preocupe de manera activa de construir una nueva confianza. Y ello, al menos hasta el momento, no parece ser una preocupación central de nadie: no hay estrategia comunicacional para provocar mayor adhesión ciudadana o espacios participativos amplios que puedan contribuir a esto –particularmente, porque el diseño del proceso no dejó espacio para esto. Y las cifras, nuevamente, son desalentadoras: la última encuesta Pulso Ciudadano señala que un 56,4% de la población tiene poca o nada de confianza en este nuevo proceso constituyente, y solo un 14,3% declara confiar en el mismo. La última encuesta Plaza Pública es aún menos auspiciosa, constatando que más de la mitad de la ciudadanía desconfía de los miembros de la Comisión Experta ya en funciones y no cree que el Consejo Constitucional logrará proponerle al país una Constitución que sea aprobada. No solo eso: un 44% de los encuestados declara que si el plebiscito fuera hoy votaría en contra de cualquier texto propuesto, contra solo un 34% que votaría a favor. 


No hay aún artículos que rechazar, pero el Rechazo ya va ganando. Quien no quiera ver que allí hay un problema solo actúa como aquellos partidarios del Apruebo que, ante el derrumbe de su opción en las encuestas, preferían ignorar los datos usando para ello desde “modelos de inteligencia artificial” hasta concierto de Rosalía. Y, una vez más y bien fuerte, para que escuchen los de al fondo: no necesito recordarle a nadie cómo fue que eso terminó.

Es cierto, el proceso constituyente de 2023 está diseñado pensando en no intensificar la desconfianza. Ello explica, por ejemplo, que cada una de sus etapas deje menos espacio a la discusión, dejando temas cerrados y dando a los “bandos” razones para no intentar hundir el proceso más adelante con tal de no perder los puntos ganados.

Se lo he dicho a quien me quiera escuchar: aún habiendo sido partidario del texto rechazado el 4 de septiembre de 2022, considero que el diseño del nuevo proceso constituyente está pensado para producir una Constitución adecuada y que, a menos que un solo grupo político obtenga 3/5 del Consejo Constitucional en las elecciones del 7 de mayo, creo que eso es lo que ocurrirá. Pero sostener que con ello basta es tapar el sol con un dedo. 

Un momento constituyente es aquel en que, como ciudadanía decidimos que ya no nos satisface la respuesta que tenemos a “¿cómo queremos vivir juntos?”, por lo que decidimos formular una nueva. Si no nos tomamos el desencanto y la desconfianza ciudadana como un problema serio y que hay que dedicarse a resolver ya, arriesgamos a entrar a un momento en que la respuesta que tenemos a “¿cómo queremos vivir juntos?” no nos satisfaga, pero tampoco creamos posible – o siquiera queramos – darle una nueva respuesta. El hastío constituyente es un pantano y quedarnos atrapados allí es el peligro político más grande que enfrentamos hoy como país.

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MINISTRA VALLEJO Y LEY NAIN-RETAMAL: «NO QUEREMOS GATILLO FÁCIL, PORQUE DESPUÉS LO VAMOS A LAMENTAR»

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 MINISTRA CAMILA VALLEJO
PHOTO  ANDREA ROBLES

En entrevista con T13.cl, la vocera analiza la semana marcada por la seguridad ciudadana. Envía un mensaje a su sector: deben dejar de ver como contradictorio el orden público con la agenda democrática y, por lo mismo, pide un debate serio, “sin pisar el palito”. Dice que espera que el oficialismo -e incluso otras fuerzas- respalden los cambios que ingresará el Ejecutivo a la ley Nain-Retamal, porque esa iniciativa, sostiene, es “sensata, sin populismo penal”. Sobre las reflexiones del pasado, admite que la desconfianza de la izquierda con Carabineros no se borrará de la noche a la mañana, pero es enfática: “Somos de los gobiernos que más respaldo le ha entregado a la institución”.

por Paula Valenzuela

 LEY « GATILLO FÁCIL »

Fue una semana con una compleja coincidencia para el gobierno de Gabriel Boric: la sargento Rita Olivares fue asesinada por delincuentes -en un procedimiento policial- a solo tres días del día del Joven Combatiente, fecha en la que se conmemora el asesinato de los hermanos Vergara Toledo y el degollamiento de los profesores José Manuel Parada y Manuel Guerrero y el publicista Santiago Nattino, todos militantes comunistas, durante la dictadura militar. 

El homicidio ocurrido en la madrugada del domingo conmocionó transversalmente y aceleró la agenda de seguridad, que había sido dilatada por falta de acuerdo entre el oficialismo y la oposición. Así, en momentos de conmemoración -incluso cruzado por el acto de homenaje del caso Degollados-, el Presidente envió una señal potente a Carabineros: “Ustedes tienen el uso legítimo de la fuerza”, dijo a 300 uniformados que debían salir el 29 de marzo a contener la violencia que usualmente se da esa noche.

El día antes, el mandatario había hecho una reflexión que levantó distintos sentimientos en la izquierda: “Vale la pena reflexionar respecto de nuestras actuaciones en el pasado”, señaló.

Los reparos políticos vinieron de todos lados. La oposición exigió disculpas públicas del gobierno por sus acciones como diputados en medio del estallido social y sus críticas constantes a Carabineros como institución. El socialismo, en tanto, también se sumó a aquello: el senador José Miguel Insulza dijo que es necesario decir ‘me equivoqué’ y recordó incluso figuras como el ‘perro matapacos’. Diputados socialistas acusaron a La Moneda de “ceder a presiones” por el cambio del calendario legislativo en el Senado de la ley Nain-Retamal.


El jueves, en tanto, el secretario general del PC, Lautaro Carmona, en T13, sostuvo que existió una contradicción del Presidente que estuviera en una escuela de Carabineros -o enviando señales de apoyo- en fechas de conmemoración de asesinatos en la dictadura justamente en manos de uniformados de dicha institución.

Desde esa vereda, la vocera Camila Vallejo ahonda, en entrevista con T13.cl, la discusión que se da por estos días en materia de seguridad. Es enfática: “No queremos gatillo fácil, porque después lo vamos a lamentar”, dice respecto al polémico artículo sobre la legítima defensa privilegiada para policías, aprobado este miércoles en la Cámara de Diputadas y Diputados. El Ejecutivo, en ese sentido, sostiene que la atribución es excesiva, aunque comparten, por ejemplo, eliminar actuales medidas como no suspender al carabinero cuando se investigan las razones del uso de su arma.

La ministra Vallejo, en su oficina, un viernes luego de la hora de almuerzo, analiza la semana y, dentro de todo, dice, fue importante para el avance de la agenda de seguridad. Le envía una señal a su sector, afirma que el debate debe madurar, que deben entender que la seguridad ciudadana es un derecho y que no por ejercer el orden público se coartaran libertades o se pasarán a llevar derechos fundamentales de la ciudadanía.

“Fue una semana intensa, un dato de la causa es que estamos en contexto de elecciones, ya se hablan de presidenciables, entonces, eso tiende a polarizar un poco más el debate. Es natural que eso pase en tiempos de elecciones, pero como gobierno hemos tratado de poner en el centro una discusión seria y mesurada en torno al tema de la seguridad, porque el tema suele utilizarse para hacer campaña. Y caemos rápidamente en el populismo penal o en medidas efectivas para generar una sensación de que las cosas se van a hacer bien, pero al final, como las respuestas en esto no son fáciles, se terminan haciendo cosas que no tienen los efectos deseados”, comienza señalando. La vocera añade: “Cuando nosotros abordábamos la seguridad en Chile lo hacíamos pensando en delito común, el hurto, el cartereo, en un momento empezaron a aparecer los portonazos, pero, claro, ahora estamos hablando de delitos violentos con armas de fuego, estamos hablando de homicidios, secuestros. La criminalidad del Chile de hoy es distinta al del Chile de ayer, por lo tanto, las policías que necesitamos tienen que ser más eficaces en el combate de este tipo de criminalidad”.

—¿Qué tan dura fue esta semana para su sector la coincidencia de dar un espaldarazo a Carabineros en una conmemoración tan significativa, como el 29 de marzo, de parte del Presidente?

—El 29 de marzo es un momento de conmemoración por crímenes de lesa humanidad y todos los años hay actividades, actos de las familias, y otro tipo de manifestaciones que involucran mucho dolor y también la sensación de injusticia, de impunidad, por lo tanto, las sensibilidades en este contexto se entienden, hay un plano simbólico donde las interpretaciones pueden ser muy variadas y todas probablemente bastante legítimas, pero como gobierno y particularmente el Presidente -que lo ha sostenido en reiteradas oportunidades- tenemos una plena convicción: hay que dejar de pensar como contradictorios los temas de orden público con los temas de Derechos Humanos. Hemos naturalizado que orden público y DD.HH. son contradictorios, por la historia que tiene nuestro país, por la historia con el estallido social. El orden público democrático implica tanto perseguir y detener a quienes hacen desmanes y cometen ilícitos en contexto de manifestación -utilizando la manifestación- como también el orden público democrático implica resguardar el libre derecho a la manifestación. No es una cosa fácil, pero lo que hemos tenido que asumir como sociedad después de esa experiencia es decir cómo relegitimamos la función policial, cómo actualizamos los protocolos para que logremos decir que estos derechos no son dicotómicos. Creo que, claro, se entiende en el plano de lo simbólico que pueda haber confusiones, que puedan herirse sensibilidades cuando el Presidente de la República va a hablar a carabineros que se iban a desplegar el día 29 de marzo. Ahora, el Presidente marca un punto clave: dice que las policías tienen que actuar, que tienen nuevos protocolos para hacerlo y que eso implica enfrentar los desmanes al mismo tiempo que respeta los derechos humanos de las personas. 

—¿Cómo lee declaraciones como la del secretario general del PC, Lautaro Carmona, quien explicitó la incomodidad que existió esta semana de parte de un sector de la izquierda justamente por esto. ¿Qué le dice a ese sector? ¿Siente que es fuego amigo?

—Yo no lo siento así, ni lo veo así...

—Como fuego amigo, ¿dice?

—No, no lo veo como fuego amigo. Creo que es una reflexión que hace un partido. Si hay confusión o si se ven como señales contradictorias, lo que corresponde es conversar más en torno a cómo la izquierda, el oficialismo, el mundo progresista, y nuestro gobierno entiende el debate sobre la seguridad en este contexto. Pienso que todos los partidos están viendo -las militancias conviven en barrios, poblaciones, villas- que hay un dolor en nuestra sociedad que tiene que ver con el narcotráfico, el crimen, la violencia, de tener miedo de salir a la calle, el fenómeno de la inseguridad y de la violencia está limitando nuestro desarrollo humano integral. Nosotros insistimos que el reforzamiento a las policías, de tener una política nacional de seguridad, de tener una legislación actualizada, del apoyo de las policías en estos momentos tiene que ver con ese objetivo, no es para convertir a Chile en un Estado policial, es para lograr entender que democracia y seguridad van de la mano y que no hay democracia sin seguridad, que sería una pesadilla. Tenemos que lograr sostener esos dos elementos con estándares democráticos, pero con un componente de seguridad que esté en el espacio donde están los derechos fundamentales de las personas. 

RECORTE DE PRENSA 
« LAS ÚLTIMAS NOTICIAS » (LUN) 
DEL 3 DE MARZO 2023

—¿Pero advierte al menos una división en su sector al respecto?

—No hay una división, pienso que hay un debate que madurar. 

—¿Qué significa eso?

—Hay que hacer una síntesis más comprensible para todos y todas, que se deje de creer que estamos en posiciones contradictorias. Es importante siempre que, cuando demos este debate, no pisar el palito, porque cuando se discute en caliente también se pueden cometer errores. Nosotros queremos que la legislación para el apoyo a la función policial en la persecución del delito signifique por ejemplo que, cuando hacen uso de las armas, eso esté en un contexto que está normado y que le permita, luego de hacer uso de las armas, no ser declarado como imputado inmediatamente, que no se le suspenda inmediatamente hasta que se termine una investigación. Ese tipo de cosas que son lo que las mismas policías han demandado; que si tiene que haber sanción, que la haya, pero luego de esclarecidos los hechos, y no haya este tipo de sanciones administrativas, o de suspensión de remuneraciones, cuando en lo procesal no está resuelto el caso. Vuelvo al punto: no creo que haya divisiones profundas sino que es falta de maduración del debate y de hacer síntesis de un debate. En el Congreso hubo 20 votaciones separadas en la Ley Nain-Retamal: la mayoría se votó a favor, dentro de unas pocas hubo abstenciones o rechazo y una de ellas tuvo que ver con el tema de la legítima defensa privilegiada...

—Ese era el corazón del proyecto...

—Sí, yo diría que es como parte del corazón del proyecto. Bueno, y esa diferencia se da porque el Ejecutivo incluso tiene una posición distinta a lo que se votó. Lo que pasa es que el Ejecutivo no pudo -por un tema formal- presentar la indicación en ese trámite y tendrá que hacerlo en el Senado y ahí algunos optaron entre aprobar o esperar la indicación que venga del Senado.

—¿No cree entonces que esos 24 parlamentarios que no apoyaron ese capítulo de la legítima defensa desoyeron a la ministra del Interior?

—No. Hay un consenso en el oficialismo de que en el Senado esto se va a mejorar. Creemos que puede haber un entendimiento con la oposición en la línea de regular bien esto y de manera responsable; y no como la propuesta original que, creemos, tiene serias fallas. 

—El gobierno no puso urgencia tampoco a esa ley, de hecho, la oposición terminó marcando ese pulso legislativo. ¿Tiene alguna autocrítica en cuanto al manejo de la agenda?

—Es muy normal que uno termine apoyando o indicando proyectos de origen parlamentario, eso pasa todo el día. La gracia de eso es que se trabaja sobre la base de mociones parlamentarias, pero para mejorarlas, y se utilizan las facultades que tiene el Ejecutivo para poder justamente perfeccionarlas. Nosotros hemos tenido una agenda muy nítida desde mayo al menos, esto no es nuevo, esto no es una reacción. El listado de iniciativas en Seguridad es muy grande: el plan menos armas, más seguridad; el plan anticerrona, el plan de recuperación de espacios públicos, se presentó una política nacional de seguridad, se aumentó la ley de presupuestos en Seguridad en un 4,4%, tenemos 70 medidas en el compromiso transversal en Seguridad, presentamos hace un par de meses 16 urgencias legislativas en torno a Seguridad, entonces, claro, uno puede opinar en política y estar opinando, opinando y opinando, pero también hay que ir a los hechos. Los hechos hablan por sí solos. Si una hace una revisión de manera seria de los hechos y acciones que ha empujado el Ejecutivo en materia de Seguridad se va a encontrar con un listado muy largo y contundente de iniciativas. 

—¿Y en esas largas iniciativas, puede asegurar que hay consensos en el oficialismo?

—Al Congreso uno va a parlamentar, de eso se trata, de discutir, de encontrar puntos de encuentro. En algunas cosas probablemente puede que no las haya y está bien, es legítimo, pero creemos y tenemos la confianza que la mayor parte de la agenda de seguridad vamos a encontrar amplio acuerdo. La seguridad no es patrimonio de un sector político...

—¿No cree que le ha faltado a la izquierda aquilatar la real magnitud de la seguridad?

—A nuestro país le ha faltado enteramente aquilatar más el problema de seguridad…

—¿No solo a la izquierda, dice?

—De lado y lado. ¿Sabes por qué? Un lado no aquilata el problema sino que lo utiliza electoralmente. Se cae en el populismo penal...

—¿Se refiere a la derecha?

—Claro. Y por otro lado, el otro sector está siempre preocupado creyendo que esto puede ser contrario a una agenda proderechos o a una agenda democrática. Entonces, en los últimos años el abordaje del debate de seguridad no ha sido de la mejor forma. Hay una cultura del Narco, también; que se promueve en nuestro país, que se establece como algo 'cool', como un ejemplo a seguir. Hemos visto en otros países cómo ha crecido y nosotros queremos que no siga creciendo en Chile este tipo de criminalidad que tenemos que es muy violenta y que termina afectando a los sectores más vulnerados, donde las madres no saben qué hacer con los hijos que desde muy pequeños entran a bandas criminales, de delincuencia, consumiendo drogas, no tienen cómo rehabilitarlos y después ya no hay nada que hacer.


—¿Pero no cree que al menos le da alimento a la oposición que el oficialismo vote de manera separada estos temas de seguridad? Finalmente pasa esto: su agenda de seguridad no se ve lo suficiente...

—No se ha frenado (la agenda) por eso.

—¿Las votaciones ordenadas en el Congreso no cree que los ayudarían?

—Aunque algunos critiquen ese tipo de votación, la verdad es que el proyecto avanzó con el compromiso del Ejecutivo de que iba a presentar mejoras al proyecto. De hecho el debate no se ha frenado, el debate sigue, la discusión sigue, y va a tener que votarse. 

—El PS salió a decir que ustedes cedieron a presiones por frenar este debate de la ley Nain-Retamal en el Senado. Dijeron que ellos no son de volteretas, que han apoyado con convicción la agenda de seguridad…

—No sé de dónde sacan eso, porque, desde el primer momento, cuando se revisó la agenda de seguridad de esta semana, se discutieron estos proyectos (Nain y Retamal) y la posición de la agenda del gobierno -una agenda que además ha liderado Interior y Justicia- ha sido que respecto al menos de estos dos proyectos que se fusionaron había que hacerle modificaciones. El problema fue que esas modificaciones no se pudieron presentar como indicación en la Cámara, porque el trámite en el que estaba la ley Nain era un trámite donde solo se podían renovar indicaciones ya presentadas, no presentar nuevas. Esa propuesta se va a poder materializar en el Senado, eso no tiene que ver con ningún cambio de opinión, ningún giro, es parte de lo que públicamente hemos definido desde el día uno y ahí esperamos que el debate sea maduro, responsable, que compatibilicemos la protección y el respaldo a la institución sin abrir espacio a facultades que puedan ser abusivas. 

—¿Espera que en el Senado el PC apruebe la Ley Nain-Retamal?

—Esperamos que aprueben la propuesta del Ejecutivo en el marco de esta discusión. Esperamos que haya el mayor respaldo posible a la indicación que el Ejecutivo presente y que haya un acuerdo amplio, porque además nuestra indicación resuelve elementos que las propias policías están pidiendo y que el proyecto original no resuelve sobre todo en la parte procesal, que es la más complicada para las policías. Nuestra propuesta es sensata, razonable, jurídicamente bien sustentada, no cae en el populismo penal, evita algo que todos queremos evitar, que es el gatillo fácil. No queremos gatillo fácil, porque después lo vamos a lamentar. Ahora, esta iniciativa no solo debiera tener el respaldo del mundo progresista sino también del mundo de centro, centroderecha y derecha. 

Las reflexiones sobre actuaciones del pasado: “Lo que corresponde hoy es ver cómo resolver las críticas (a Carabineros)”

La ministra Vallejo, en esta entrevista con T13.cl, se abre a precisar las reflexiones de las que el Presidente Boric habló durante la semana. Contextualiza y empatiza con su sector, la izquierda, en torno a la relación con Carabineros. Reconoce que hay desconfianzas que no se borran de la noche a la mañana, pero recalca que el debate debe madurar, que el progresismo tiene que entender que seguridad ciudadana no coarta la agenda democrática. Pero es reacia a la idea de pedir disculpas públicas por críticas en el estallido social.

—El Presidente Boric no ha explicitado cuáles son esas reflexiones que hay que ser respecto de “las actuaciones del pasado”. Le pregunto a usted: ¿cuáles son?

—Bueno, muchas. La reflexión es necesaria, pero no puede ser paralizante. El estallido obviamente generó un clima muy denso, de mucha polarización, tuvimos que presenciar lamentablemente graves violaciones a los Derechos Humanos, víctimas fatales, traumas oculares, bueno, la verdad es que vulneraciones de distinto tipo y también tuvimos exabruptos de lado y lado producto de ese contexto. Entonces, creo, hay que mirar al pasado, reflexionar, y decir bueno cómo hoy lo hacemos mejor, cómo tenemos un debate más serio, más mesurado, más responsable, y que también que nos permita hacernos cargo de las críticas que tuvimos en su momento hacia la institución. Yo fui dirigente estudiantil, fui a las marchas varias veces y yo veía con mis propios ojos el problema en cómo a veces en el procedimiento policial no se distinguía entre personas que iban a delinquir, saquear, romper -que era un grupo súper reducido- de lo que era la manifestación de donde nosotros estábamos solo marchando. Ahí había un problema y una crítica justa y legítima de por qué se terminaba vulnerando el derecho a la manifestación por el control del orden público. Por eso fue tan necesario actualizar los protocolos de funcionamiento, hoy las policías tienen protocolos actualizados.

—¿Usted podría decir cuáles fueron esos exabruptos?

—Intervenciones, en el Parlamento, los tuits, había de todo en ese Congreso...

—Le pregunto específicamente por la crítica constante de Apruebo Dignidad a Carabineros en ese contexto.

—Hay críticas de las cuales ahora que somos gobierno nos hacemos cargo, porque nadie puede decir que no hubo casos de robo de dinero en la institución, o que no hubo violaciones a los Derechos Humanos, que no hubo abusos. Sí, ha habido críticas en esos contextos de las cuales yo no me arrepiento de haberlas hecho. Lo que corresponde hoy es ver cómo resolver las críticas, porque nosotros necesitamos policías y buenas policías, eficientes, eficaces, policías a la altura de lo que Chile necesita en materia de seguridad, policías que sepan de lo que significa la diferenciación entre orden público, persecución del crimen versus el respeto a los Derechos Humanos.

GABRIEL BORIC Y CARABINEROS 
FOTO AGENCIA UNO

—¿Van en ese camino, cree usted?

—Vamos en ese camino, hemos tenido un buen entendimiento y eso se lo ha transmitido directamente a las policías, se lo ha transmitido, obviamente, al general director de Carabineros también. Los cambios de protocolos los hicimos junto a las policías y yo creo que ese es el camino. Quedan cambios y reformas por hacer.

—¿Es suficiente ese camino cree usted para trazar la línea de credibilidad de su sector, con las críticas pasadas, y ahora con este respaldo?

—En estas cosas yo creo que la credibilidad se mide en los hechos más que en las palabras. Obras son amores y no buenas razones. Entonces, esto de insistir de que nuestra postura es poco creíble cuando en los hechos somos de los gobiernos que más respaldo le ha entregado a la institución, reconocido por la propia institución...

—Pero pareciera que no lo logran afirmar en el relato. Podría llevarla al tema de las figuras/caricaturas del estallido... ¿no ve necesario reconocer errores específicos para seguir adelante y cerrar el capítulo?

—Me encantaría decretar el cierre de este capítulo, pero creo que es una conversación más profunda. El capítulo no se cierra por decreto, requiere harta reflexión y conversación al mismo tiempo que vamos actuando y seguimos trabajando, no podemos paralizarnos por eso. Quizás puedo entender a algunos que no sean capaces de creerle a la izquierda o al gobierno su respaldo a la institución, porque sí, en la izquierda hay una desconfianza histórica fruto de la vulneración de los Derechos Humanos, de la persecución política, y eso no se borra de la noche a la mañana. Eso fue una realidad del país muy cruda y fue contra un sector político en especial. Las policías de las Fuerzas Armadas no actuaron contra la derecha, actuaron contra ciudadanos y ciudadanas que tenían una forma de pensar distinta. Recientemente tuvimos violaciones a los Derechos Humanos -no comparables obviamente con lo que fue la dictadura, pero sí fueron reales-. Pero eso no nos puede confundir. Vuelvo al punto: para nosotros, como izquierda, como gobierno progresista, tanto la seguridad como los derechos humanos son relevantes y no contradictorios. Eso quizás falta asentar más en el debate interno, pero tenemos que ser capaces de hacerlos confluir y que no se vean como dicotómicos.

—¿Esta misma reflexión que usted hace, no presupone disculpas públicas a Carabineros por esas actuaciones del pasado que ha pedido la oposición?

—Lo que corresponde es seguir por la vía de los hechos seguir demostrando el respaldo que consideramos debe tener la institución, en sus atribuciones, en el despliegue de sus funciones, creo que esa es la mayor demostración de que cuentan con este gobierno para hacer lo que tienen que hacer. En el plano del gallito político, el tratar de golpear, apuntar al de al frente para tratar de responsabilizarlo de la violencia o de la delincuencia, cuestión que, francamente, es bien reduccionista...

—El subsecretario Monsalve dijo que “es necesario reconocer que no hubo la suficiente comprensión de los efectos de determinadas posiciones”... ¿no cree que hubo efectos de esas críticas cuando eran diputados en haber permeado a la degradación de la institución de Carabineros?

—El subsecretario lo dijo en un sentido amplio, y tiene que ver con lo que señalábamos, no quiero hablar por él, pero esa reflexión es en el sentido amplio. Tuvimos una institución desprestigiada por distintas razones... 

—¿Dice que las críticas de su sector no eran, digamos, gratuitas?

—No podemos borrar de un sopetón la historia reciente de nuestro país y lo que corresponde es preguntarnos cómo recuperamos la confianza en la institución, cómo vamos haciendo una mejor policía y en eso estamos trabajando nosotros.

—Las críticas de la falta de disculpas o reflexiones sobre actuaciones del pasado no son solo cosa de la oposición, vemos dichos en el PS, PPD, en fin... ¿cuál es su llamado final: no habrá disculpas, se deben unir en pos de qué, cómo se cierra el capítulo?

—Hay un sector que tiene una tesis equivocada del fenómeno y está erróneamente tratando de instalar que hay un sector político en este país que es culpable de la violencia y eso me parece que es, primero, poco ponderado; segundo, no se justifica. El fenómeno de la violencia viene desde hace muchos años, es multifactorial y por lo tanto reducirlo a una pelea política de adversarios, como que el de al frente tiene que pedir disculpas casi porque los homicidios o el narcotráfico es responsabilidad de un sector político a mí me parece inadecuado. Ahora más que disparar al sector político que está al frente o al lado, es decir cómo cada uno contribuye en la solución a propósito de la experiencia pasada, de los debates pasados, pero cómo contribuimos a la solución.

Las 40 horas, el Royalty y el Litio

—Las 40 horas será un logro del gobierno que remarcar el día del trabajador. ¿Le da un reimpulso a las promesas del gobierno? ¿No cree que justamente se opacan este tipo de temas por la agenda de seguridad que termina imponiendo la derecha?

—Las 40 horas es una de las políticas más importantes que va a dejar como legado este gobierno. Es muy significativa en torno a cómo se ordena nuestra sociedad y cómo entendemos el modelo de desarrollo que queremos construir en Chile. Que esté pensado en un modelo de desarrollo más humanista, y que entienda que la gente no tiene que vivir para trabajar sino que trabaje para poder vivir dignamente, tener más tiempo; tiene que ver con cómo entendemos los procesos productivos, que la productividad tiene mucho que ver con cómo se organiza el tiempo el trabajo más que cuánto tiempo está un trabajador sentado en su puesto sino con cómo se organiza mejor el trabajo, con cómo la salud mental y el descanso de trabajadores y trabajadoras contribuye a una mejor productividad, cómo esto puede impactar en niños y niñas y su relación con los padres, entonces, tiene un sinfín de impactos positivos. Claro, no es la solución a todos los problemas laborales, pero sí es un elemento neurálgico del debate en torno a cómo queremos construir la sociedad.

—¿Usted quedó conforme con el proyecto final? La derecha dice que modificaron aspectos como la flexibilidad...

—Me parece bien que la derecha esté conforme, me contenta (ríe)... no... pero creo que se avanzó bien. Se incorporó la flexibilidad, pero es una flexibilidad que no involucra precarización, eso es lo importante. Hay atribuciones a los sindicatos muy positivas, hay una adecuación o adaptación de la reducción de la jornada de las 40 horas a las realidades de los sectores productivos. Cuando yo era parlamentaria ya estábamos discutiendo por ejemplo con el sector minero, pero en ese momento como no teníamos el poder Ejecutivo no se podía materializar, ahora sí. El proyecto se robustece, hubo cosas que incorporar, pero me parece bien, era parte de lo que tenía que suceder...

—Bueno, este es un buen ejemplo de manejo de agenda, en su momento ustedes impusieron el tema a la derecha y finalmente terminaron cediendo y este proyecto ya casi es una realidad.

—Bueno, sí, de eso se trata la función parlamentaria también, de instalar temas en agenda y está bien, es parte de la democracia. Las 40 horas, claro, las rechazaron, no todos, pero gran parte y hoy la aprobaron, y nosotros no acusamos volteretas porque entendemos que son parte de los procesos de diálogo.

—Rechazada la reforma tributaria, ¿Royalty y Litio aparecen como una luz para financiar el programa?

—Yo no confundiría eso: vamos a necesitar un nuevo pacto fiscal para financiar los compromisos que la ciudadanía ya sabe -la PGU de 250 mil pesos, reducción de lista de espera, mayor dotación policial-... eso lo tenía prevista financiar la reforma tributaria, por lo tanto, el ministro Mario Marcel está abocado hoy día a desarrollar las instancia de consulta y diálogo para insistir con un pacto fiscal que permita la recaudación necesaria para financiar todo esto. Sin esa recaudación no lo vamos a financiar. El Royalty no está pensado para el financiamiento de la PGU ni de los temas de salud o seguridad, no. El Royalty es para las rentas regionales, el Royalty va a apoyar a las regiones para su desarrollo y a los municipios. Y lo del litio es una cuestión de presente y futuro, el litio está generando importantes riquezas y creemos que el Estado tiene que participar de la producción y de las rentas que genera el litio y tenemos que además en paralelo avanzar con una empresa nacional del litio. El litio va a ser básicamente nuestro segundo sueldo... y esto nos va acompañar a 20, 30 años en el desarrollo económico de Chile. Avanzar en Royalty y Litio no significa dejar atrás la reforma tributaria.

 
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COMISIÓN DERECHOS HUMANOS PREOCUPADA POR LEY « GATILLO FÁCIL »

Comisión Derechos Humanos preocupada por ley / Conocidas como 'gatillo fácil' dan garantías excesivas a policía / (ANSA) - SANTIAGO DE CHILE, 31 MAR - La Comisión Chilena de Derechos Humanos expresó su preocupación por la aprobación esta semana por la Cámara de Diputados de la denominada Ley Nain-Retamal que aumenta las facultades de las policías para combatir a la delincuencia.

ANSA

 LEY « GATILLO FÁCIL »

El organismo afirmó que bajo el pretexto de combatir eficazmente la delincuencia y enfrentar debidamente la crisis de seguridad, la iniciativa "altera las reglas sobre uso de la fuerza, estableciendo la 'legítima defensa privilegiada' para la policía".

Añadió que se están entregando "facultades excesivas que atentan contra los derechos humanos y desconocen las recomendaciones de los organismos internacionales".

"Estas legislaciones conocidas como 'gatillo fácil' (en Brasil, como "con licencia para matar"), no se ajustan a los estándares internacionales sobre el uso de la fuerza promovidos por el sistema de protección internacional de derechos humanos porque al otorgar un cheque en blanco a las policías, facilitan la desprotección de los ciudadanos y la comisión de violaciones a los derechos humanos", afirmó la Comisión.

Además, indicó, "entregar estas facultades omnímodas a Carabineros de Chile sin previamente acoger la recomendación del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), de realizar reformas estructurales de la institución, nos parece un despropósito".

Recordó que esta y otras recomendaciones fueron hechas después de la visita a Chile en el marco del estallido social de 2019. En esa oportunidad se pidió ajustar los protocolos sobre uso de la fuerza a los estándares de derechos humanos y hacer verdad y justicia a las víctimas, las que no han sido cumplidas cabalmente por el Estado chileno, acusó la entidad.

El proyecto de ley Naín Retamal debía votarse hoy en el Senado, pero fue postergado para el martes, y el Gobierno anunció indicaciones.

La Cámara Baja aprobó esta semana cinco proyectos legislativos sobre seguridad a raíz del impacto social por el asesinato de una carabinera durante un procedimiento policial.  ANSA



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